Santa Eulària ha logrado algo que parecía imposible en plena temporada turística: reducir a la mitad las incidencias por excrementos caninos en la calle. ¿La clave? Un sistema de identificación genética que permite localizar a los responsables de dejar las cacas sin recoger, incluso si el hecho ocurrió hace meses.
Desde que en 2023 se puso en marcha el proyecto de ADN canino, el municipio ha pasado de registrar 366 denuncias en la app Línea Verde a solo 96 en lo que va de 2024. Más de 2.200 perros —de un censo estimado de 4.000— ya están inscritos en la base de datos genética del Ayuntamiento.
Cuántas sanciones se han aplicado
El funcionamiento es simple, pero efectivo: los celadores recogen muestras de heces abandonadas en la vía pública y las envían a un laboratorio. Si el análisis resulta positivo, se identifica al animal y se inicia un expediente sancionador contra el propietario.
Desde el inicio del plan se han abierto 96 expedientes. Solo en 2025 ya van 48: 32 por coincidencia genética y 16 por animales no censados. Las multas oscilan entre 200 euros por no tener al perro registrado y 300 por no recoger sus excrementos.
Además, el sistema permite el rematching, es decir, vincular una muestra antigua a un animal que se ha registrado después. De este modo, también se sancionan infracciones pasadas.
Cómo el sistema ayuda a la prevención
El sistema no solo sanciona: también ayuda a prevenir. Cuando una muestra da negativa, se analiza su ubicación y estado para detectar patrones. Así se identifican zonas con alta presencia de perros no censados, como ocurrió en la zona turística de es Canar, donde se analizaron hasta 13 muestras para identificar a un solo animal.
La tecnología incluso permite establecer características físicas del animal, como tamaño, tipo de pelo o forma del hocico, lo que facilita aún más su localización en caso de infracción o abandono.
Cuánto cuesta la prueba genética
El registro es obligatorio para todos los perros del municipio. La prueba cuesta 37 euros, no causa molestias al animal y su ausencia conlleva sanción. Además, el sistema tiene efecto retroactivo: si un perro no estaba registrado cuando dejó un excremento en la vía pública, puede ser sancionado si luego se incorpora al censo genético.
Por que el proyecto va más allá de las heces
Aunque su uso más visible es la limpieza de calles, el ADN canino tiene más aplicaciones. Permite, por ejemplo, identificar a los animales implicados en ataques a ganado en zonas rurales, asociar camadas abandonadas con sus progenitores o incluso facilitar la devolución de perros robados.
El Ayuntamiento insiste: la mayoría de propietarios cumple, pero esta herramienta permite actuar con contundencia contra la minoría incívica que aún no lo hace.