«Lo que impacta es la desolación. Conduce 40 minutos y todo lo que ves es negro «. Así describe Jaime Villanueva , responsable del Cuerpo de Bomberos de Ibiza lo que ha vivido los últimos días en León. Valenciano de origen, con 34 años y residente en la isla desde 2018, fue uno de los cuatro bomberos ibicencos que, junto a miembros de Protección Civil y Emergencias, conformaron un contingente de siete persoas de Ibiza dentro del dispositivo de 46 personas enviado desde Baleares para dar apoyo en los incendios en la península.
Un viaje hacia el infierno
El equipo partió el 19 de agosto desde Ibiza rumbo a Valencia y, tras varias horas de carretera, llegó de madrugada a Ponferrada , su base operativa. Apenas unas horas después ya estaban en acción.
«Nos mandaron a Villarrubín, un municipio en riesgo. El terreno era abrupto, escarpado, con pendientes imposibles y caminos tan estrechos que los camiones cisterna no podían entrar. Tuvimos que trabajar con herramienta manual: zapa, pulaski, batefuegos y motosierras», relata Villanueva.
El único alivio fue encontrar un río cercano: » Pudimos conectar motobombas portátiles que llevamos desde Ibiza . Eso nos dio un respiro, porque en esas condiciones saber que tienes agua a mano marca la diferencia».
Cuatro días de fuego y montaña
Los dos primeros días la misión estuvo centrada en Villarrubín, donde se trabajó sin descanso para proteger al pueblo y frenar los focos que lo amenazaban.
El tercer día fueron destinados al incendio de Añares, con el puesto de mando en Peranzanes. Allí el reto fue contener los puntos calientes a lo largo de la carretera hacia Cadiseda. Con apoyo de autobombas de Menorca, Palma y Castilla y León, levantaron kilómetros de mangueras en una jornada agotadora que incluso los técnicos locales reconocieron como ejemplar.
El cuarto día el contingente se trasladó a Angiarinos del Sil, donde el fuego había vuelto a ganar terreno. Todos los equipos baleares se desplegaron en un mismo flanco y tendieron cerca de un kilómetro de mangueras para frenar un frente de llamas que avanzaba hacia la montaña viva. Fue el cierre de cuatro jornadas intensas en las que, según Villanueva, “todo el mundo se dejó la piel”.
Cuerpos al límite
Durante las cuatro jornadas de trabajo, los bomberos ibicencos afrontaron turnos de 12 a 14 horas en condiciones extremas. Las cifras son devastadoras: más de 420.000 hectáreas arrasadas , lo que equivale a 400.000 campos de fútbol .
Para ponerlo en contexto, se quemó casi el doble de la superficie forestal de Baleares (230.000 hectáreas). “ Nunca había vivido un incendio así. Nunca se ha visto algo parecido en España ”, reconoce Villanueva.
Su relación transmite la dureza del trabajo: subir escaleras cargadas de herramientas, rodeadas de humo, atentos a que no se reavivaran focos por detrás . «Era un esfuerzo titánico. Incluso técnicos de Castilla y León nos felicitaron por el trabajo que hicimos», recuerda.
El impacto humano
Si el fuego impresiona, la gente duele. » Lo que más impacta es el desamparo de la población . Cuando llegamos, llevaban cinco o seis días peleando solos, con medios locales o incluso con las propias manos. Ver un uniforme ya les reconfortaba», cuenta Villanueva.
En Villarrubín vivieron una escena que no olvidan: «Un lugareño nos guió durante casi cinco horas por senderos de montaña para perimetrar la ladera. Al terminar nos dijo: Pensaba que no iba a llegar nadie. Si no hubiera sido por vosotros, esto no se hubiera hecho «.
Un desastre que habla de cambio climático
El agente medioambiental Miguel Vericad , exconseller de Medio Ambiente en Ibiza y hoy en el área forestal de Mallorca, también viajó con el contingente balear. Su mirada aporta la dimensión del desastre:
«Se han quemado más hectáreas que toda la superficie forestal de Baleares. Aquí tenemos unas 230.000; allí fueron casi 400.000. Estamos hablando de incendios simultáneos provocados por tormentas secas en una zona que debería ser húmeda. A eso se suma un uso cultural del fuego por ganaderos o cazadores. Con calor extremo y sequía, lo que antes se controlaba ahora se convierte en tragedia».
Una experiencia que marca
Villanueva admite que la experiencia lo transformó: “ Lo que más impresiona es la desolación y el desamparo de la gente ”, insiste. Para él, el aprendizaje ha sido doble: profesional y humano. » Vas a un sitio en el que realmente necesito tu ayuda. Cada trabajo que haces, por pequeño que sea, sabes que estás ayudando «, subraya.
El bombero ibicenco también recuerda la emoción de los vecinos: “ Todos se han ido con lágrimas de agradecimiento y mucha emoción ”. Una experiencia dura, pero también profundamente gratificante: “En estas grandes catástrofes siempre se te queda algo más grabado”.
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