Durante años, la ciencia creyó conocer a fondo el motor del cerebro. Se asumía que las neuronas solo funcionaban con azúcar, como si la glucosa fuera su único combustible posible. Pero un equipo internacional de investigadores acaba de desmontar esa vieja certeza: el cerebro, en realidad, también se alimenta de grasa.
El descubrimiento, publicado en la revista Nature Metabolism, demuestra que las neuronas “queman” lípidos a diario para obtener energía, un hallazgo que transforma la visión clásica del metabolismo cerebral y podría cambiar la forma en que se entienden —y se tratan— muchas enfermedades neurológicas.
Las gotas de grasa que alimentan la mente
El estudio, liderado por científicos de las universidades de Yale y Cornell, revela que las sinapsis, los diminutos puntos de conexión entre neuronas, almacenan pequeñas gotas de grasa que sirven como fuente directa de energía.
El funcionamiento de este proceso depende de una enzima clave, la DDHD2, cuya misión es romper los triglicéridos presentes en esas gotas para liberar los ácidos grasos que las mitocondrias transforman en ATP, la molécula que impulsa toda la actividad celular.
Cuando los investigadores bloquearon la acción de DDHD2 en ratones, las neuronas perdieron su capacidad de generar energía y el cerebro entró en un estado de letargo similar al de la hibernación, con una marcada reducción de la temperatura corporal y de la actividad eléctrica. La conclusión fue clara: sin grasa, el cerebro se apaga.
Cada impulso neuronal, una chispa de energía
El equipo también descubrió que la actividad eléctrica de las neuronas regula directamente el consumo de lípidos. Cuando las neuronas se desactivan, la grasa se acumula; cuando se comunican, la “queman” para sostener su trabajo.
Cada señal nerviosa implica así un pequeño estallido metabólico, una combustión sincronizada que mantiene en marcha el flujo de información del cerebro. Esta flexibilidad energética explica cómo las neuronas pueden seguir funcionando incluso cuando falta glucosa, del mismo modo que los músculos recurren a la grasa durante un esfuerzo prolongado.
Consecuencias médicas y nuevas terapias
El hallazgo tiene implicaciones que van mucho más allá de la biología. Los científicos han descubierto que las mutaciones en el gen DDHD2 causan una enfermedad neurodegenerativa llamada paraplejia espástica compleja tipo 54, que provoca debilidad motora y deterioro cognitivo.
Ahora se sabe por qué: sin esta enzima, las neuronas no pueden liberar los ácidos grasos necesarios para obtener energía, y sus sinapsis colapsan.
Además, los investigadores apuntan a que trastornos más comunes como el alzhéimer, el párkinson o la ELA también podrían estar relacionados con desequilibrios en el metabolismo lipídico. Mantener el uso saludable de grasas en el cerebro —o incluso suministrarlas de forma terapéutica— podría ser una nueva vía para proteger las conexiones neuronales.
Un cerebro más flexible de lo que imaginábamos
El trabajo confirma que el cerebro es un órgano energéticamente versátil, capaz de usar no solo glucosa, sino también lactato, cuerpos cetónicos y lípidos. Esta flexibilidad es la que le permite mantener su actividad constante incluso en condiciones extremas.
Al fin y al cabo, pensar también requiere combustible. Y ahora sabemos que, en lo más profundo de sus sinapsis, las neuronas encienden su propio fuego graso para mantener viva la chispa del pensamiento.













