La reina Letizia volvió a hacer historia en la cena de gala ofrecida este miércoles 26 de noviembre en honor al presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, y su esposa, Elke Büdenbender.
El acto, celebrado durante la visita oficial de la pareja alemana a España, dejó una imagen especialmente comentada: la monarca volvió a lucir la emblemática tiara de Cartier, una pieza legendaria del joyero real que llevaba siete años sin aparecer en público.
Una joya con pasado real: de Victoria Eugenia a la reina Letizia
La diadema que recuperó Letizia es una de las piezas más singulares del joyero de la Casa Real. Cartier la creó a comienzos del siglo XX para la reina Victoria Eugenia inspirándose en motivos egipcios, muy de moda en aquella época. La corona combina diamantes y perlas (aunque originalmente incluía esmeraldas) y está considerada una de las joyas más valiosas y simbólicas del legado borbónico.
Tras pasar a manos de su hija, la infanta María Cristina, la pieza regresó al núcleo de la familia real gracias a un acuerdo posterior con Juan Carlos I. A partir de entonces, la lució con frecuencia la reina Sofía, quien la convirtió en uno de sus complementos predilectos para ceremonias de Estado.
Antes de Letizia, la infanta Cristina también tuvo ocasión de llevarla en un evento internacional: la boda de Victoria de Suecia y Daniel Westling en 2010, un gesto que generó debate entre los expertos al tratarse de una tiara considerada tradicionalmente reservada a reinas consortes.
Segunda aparición de Letizia con la tiara de Cartier

Letizia solo había usado esta joya una vez antes: en 2018, durante la visita oficial del entonces presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa. Siete años después, la reina ha vuelto a rescatarla, combinándola en esta ocasión con su característico anillo de Coreterno y unos pendientes de diamantes pertenecientes al lote de joyas de pasar, ese conjunto reservado para el uso exclusivo de las reinas de España.
La monarca optó por un look sobrio y elegante que dejaba todo el protagonismo a la tiara: eligió un vestido negro de escote cuadrado, mangas cortas ornamentadas con pedrería y una profunda abertura en la espalda. Como gesto estilístico, decidió prescindir de pulseras o brazaletes, acentuando aún más la estética minimalista y sofisticada que viene caracterizando sus últimos estilismos de gala. El recogido bajo reforzó la presencia de la tiara y enmarcó su rostro con gran delicadeza.
El contraste con la primera dama alemana

Mientras Letizia apostó por la sobriedad del negro y el brillo discreto de las perlas y diamantes, Elke Büdenbender se decantó por un vestido azul eléctrico que aportó un toque vibrante al posado oficial. Curiosamente, ese mismo tono fue la elección de la reina en su anterior cena de gala, celebrada en honor del sultán de Omán.
Lo que quedó claro, una vez más, es la habilidad de Letizia para equilibrar tradición e innovación: combina piezas patrimoniales de enorme carga histórica con un estilo contemporáneo que renueva la imagen de la realeza española sin perder formalidad.







