Sant Jordi volvió a despedir el año de forma anticipada con la celebración de sus tradicionales campanadas adelantadas, una cita que permite a vecinos y visitantes comerse las uvas antes de tiempo y dar la bienvenida al nuevo año en un ambiente festivo y comunitario.
Después de dos ediciones marcadas por la meteorología adversa, la jornada estuvo acompañada este año por un tiempo soleado, lo que facilitó una elevada participación en la carpa instalada en el núcleo urbano. Desde primera hora, las casetas se llenaron de gente y el cotillón, los gorros navideños y las uvas —en algunos casos sustituidas por dulces— protagonizaron la celebración.

El encuentro, que tiene también un carácter solidario, contó con la implicación de numerosos voluntarios encargados de los preparativos, la venta de uvas y la elaboración de comida y bebida. La fiesta no se limitó a las campanadas, ya que muchos asistentes aprovecharon la jornada para quedarse a comer y prolongar la celebración durante la tarde.

Además, se habilitó un espacio para un taller de deseos, donde personas de todas las edades pudieron escribir y colgar mensajes con sus propósitos para el nuevo año, convirtiéndose en uno de los puntos más concurridos del evento y reforzando el carácter participativo de la iniciativa.

Pocos minutos antes del mediodía, este 31 de diciembre, la carpa se llenó para escuchar las doce campanadas, que sonaron desde la iglesia de Sant Jordi. Tras el último toque, la música, los aplausos y los brindis marcaron el inicio simbólico de 2026, en una celebración que volvió a reunir a distintas generaciones del pueblo y consolidó esta tradición como uno de los actos más esperados del final de año.













