La reina Sofía atraviesa uno de los capítulos más duros de su vida personal. En menos de un mes, la emérita ha tenido que despedirse de dos de las figuras más importantes de su entorno íntimo: su hermana pequeña, Irene de Grecia, y su mejor amiga, Tatiana Radziwill. A sus 87 años, y con un círculo muy reducido de afectos cercanos, la pérdida de ambas supone un impacto directo en su vida cotidiana, marcada durante décadas por vínculos familiares y amistades cultivadas hasta el final.
En los últimos años, la madre del rey Felipe VI había reforzado esa convivencia emocional con quienes consideraba pilares irrenunciables. La muerte de Tatiana el 19 de diciembre y el fallecimiento de Irene este jueves a los 83 años dejan a la reina Sofía ante una nueva etapa, más solitaria y con menos apoyos constantes a su alrededor.
Un círculo muy reducido que se estrecha aún más
La reina Sofía nunca se ha caracterizado por tener un amplio grupo de amistades públicas. Su entorno más próximo, según la información disponible, estaba formado sobre todo por familiares y por el matrimonio compuesto por Tatiana Radziwill y su esposo, el doctor Jean Henri Fruchaud.
En este núcleo íntimo también figuraba su hermano Constantino de Grecia, fallecido en enero de 2023, junto a su esposa Ana María. Con la pérdida de Irene, y la reciente muerte de Tatiana, el círculo se reduce todavía más, hasta el punto de que la emérita solo cuenta ahora con el apoyo de su cuñada, quien habita en Grecia.
Estas ausencias no solo tienen una dimensión personal, sino que también alteran una dinámica de vida compartida que se había consolidado en Madrid y que, durante décadas, había acompañado a la reina en momentos familiares y también en actos públicos.
Palma, Marivent y los últimos posados con la familia real
En los últimos años, la reina Sofía se esforzó por integrar tanto a Irene como a Tatiana Radziwill en los actos y encuentros con la familia. Ambas eran ya rostros reconocibles en los tradicionales veranos en Mallorca, donde se las vio compartir posados con Felipe VI y Letizia, la propia reina Sofía, la princesa Leonor y la infanta Sofía.
Uno de los últimos encuentros destacados se produjo en el verano de 2024, cuando salieron a cenar en Palma durante las vacaciones estivales de la familia real. En aquella escena, Leonor y Sofía se encargaron de empujar las sillas de ruedas de Irene y Tatiana, ambas con problemas de movilidad.
Aquel gesto resumía la imagen de una familia ampliada por la cercanía emocional, en la que Radziwill era tratada casi como una hermana más y donde Irene, con discreción, seguía formando parte de la vida institucional de su hermana hasta que su salud se lo permitió.
Tatiana Radziwill: una amistad que venía del exilio
La relación entre Sofía e Irene con Tatiana Radziwill se remontaba a la infancia. Su amistad nació en los años del exilio en Sudáfrica durante la Segunda Guerra Mundial, y estaba atravesada por vínculos familiares: Tatiana era hija del príncipe polaco-lituano Dominico Raniero y de la princesa Eugenia, prima hermana de Pablo de Grecia, padre de Sofía. Por lo tanto, eran primas segundas.
La propia reina Sofía recordaba en una biografía autorizada cómo esa amistad había comenzado con escenas de infancia que podrían pertenecer a cualquier familia. “Tatiana y yo teníamos cada una nuestra muñeca, pero solo un carricoche para sacarlas de paseo. Nos peleábamos para ver quién se lo quedaba. Y, claro, por nuestras peleas acababan discutiendo también nuestras madres, como ocurre en cualquier familia”, relató en La reina muy de cerca, de Pilar Urbano.
Ese vínculo continuó en el tiempo y se consolidó en la adultez. Tatiana y Sofía también compartieron un momento clave en la vida de la emérita: ambas fueron damas de honor en la boda entre Sofía y el entonces príncipe Juan Carlos, celebrada el 14 de mayo de 1962. Años después, Sofía seguía describiendo esa relación con palabras que daban cuenta de una conexión constante: “Tatiana y yo hemos sido siempre muy amigas. Íntimas. Antes de casarnos, después… Aunque ahora vive en París, nos vemos muy a menudo”.
Tatiana Radziwill se mantuvo siempre en un perfil discreto, alejado del protagonismo mediático, pese a su cercanía con la reina. Su muerte se produjo el 19 de diciembre, a los 86 años, tras años complicados de salud después de sufrir un ictus que afectó a su movilidad.
El funeral en París y un viaje especialmente significativo
El funeral de Tatiana se celebró el 10 de enero en la iglesia de Santo Tomás de Aquino, en París. Hasta la capital francesa viajó la reina Sofía acompañada por sus tres hijos: el rey Felipe VI y las infantas Elena y Cristina.
También asistieron Ana María de Grecia y sus hijos mayores, el príncipe Pablo y la princesa Alexia. Según informó la revista ¡Hola!, la reina Sofía ya había viajado a París semanas antes del fallecimiento de su amiga para estar con ella.
La escena del funeral fue una de las más significativas del arranque del año para la familia, especialmente porque reflejó el peso emocional y personal que Tatiana tenía en la vida de la emérita. Fue, además, una despedida en la que Sofía no estuvo sola institucionalmente, aunque el golpe personal fuese inevitable.
Irene de Grecia: salud delicada y una vida compartida en Zarzuela
Poco después, la reina Sofía tuvo que afrontar otro duelo: la muerte de su hermana Irene de Grecia, a los 83 años. Desde hace tiempo se sabía que su salud era delicada. Irene pasó de asistir a actos importantes junto a su hermana a quedarse en el Palacio de la Zarzuela, alejada del foco público.
La llamada “tía Pecu”, como la apodaban cariñosamente sus sobrinos, sufría desde hacía años un deterioro cognitivo que avanzó de forma progresiva. Su presencia pública fue disminuyendo hasta desaparecer completamente, en una retirada que se hizo oficial el pasado mes de noviembre.

Ese punto de inflexión se produjo antes de una cita que era fija para la emérita: la entrega de los Premios BMW de pintura, un evento nacido con el objetivo de apoyar el arte y la cultura. En la última edición, además, se celebraba el 40º aniversario y se rindió un homenaje especial a la reina Sofía, que acudió sola.
La última aparición juntas y los cambios en la agenda de Sofía
La última vez que se vio a Sofía e Irene juntas en un acto público fue en febrero de 2025, cuando asistieron a la boda del príncipe Nicolás de Grecia y Chrysi Vardinogiannis, celebrada en Atenas.
A partir de entonces, en los últimos meses, la reina Sofía se vio obligada a modificar su agenda para adaptarse a la evolución del estado de Irene. Ambas vivían juntas en Zarzuela desde la década de los ochenta, cuando murió la reina Federica de Grecia.
Irene no se casó ni tuvo hijos y habló de ello en términos personales en un documental: “Hay gente que tiene la suerte de casarse y otros que tienen la suerte de no casarse. Yo considero la soltería como mi suerte y mi destino. No me quejo por no haber tenido hijos. Yo soy demasiado revolucionaria y me he interesado en muchas cosas”, afirmó en Irene de Grecia, la princesa rebelde.
Desde su llegada a España, las hermanas hicieron vida en común y se apoyaron mutuamente, formando un eje familiar muy estable dentro del entorno de Zarzuela.










