Durante décadas, el Citroën Méhari fue mucho más que un coche en Ibiza. Fue una forma de recorrer la isla sin prisas, con el viento entrando sin pedir permiso y con la sensación de que el camino importaba tanto como el destino. Hoy, ese icono de la Ibiza más libre y despreocupada regresa transformado, pero sin renunciar a su esencia, en forma de Méhari eléctrico 4×4.
La propuesta parte de una idea sencilla pero ambiciosa: reinterpretar un símbolo cultural de la isla desde la sostenibilidad y la experiencia, sin convertirlo en un objeto nostálgico vacío. Detrás de esta iniciativa está Juan, impulsor del proyecto RetroRides Ibiza, que ha decidido apostar por una movilidad distinta en un momento en el que Ibiza reflexiona sobre su modelo de futuro.
De Francia a Ibiza: un Méhari eléctrico fabricado bajo pedido
Los vehículos que hoy circulan bajo esta propuesta no son una adaptación superficial. Se trata de Méhari eléctricos 4×4 fabricados en Francia, producidos bajo pedido por la empresa E-Classic Cars, que mantienen la filosofía constructiva del modelo original, pero adaptada a los estándares actuales.
Con carrocería de plástico, chasis de aluminio y la batería situada en el centro del vehículo, estos modelos reproducen el esquema sencillo y funcional del Méhari clásico, incorporando una mecánica 100 % eléctrica basada en sistemas que ya se utilizan en modelos actuales de Citroën. Su autonomía permite un uso aproximado de unas cinco horas, lo que los hace especialmente adecuados para recorridos cortos, caminos secundarios y entornos costeros.
Los vehículos que ya forman parte de la flotilla de RetroRides Ibiza han llegado a la isla por vía marítima, tras ser trasladados desde Francia hasta el puerto de Valencia, desde donde embarcaron rumbo a Ibiza. Un trayecto que refuerza la idea de un proyecto cuidado, artesanal y alejado de la producción en serie.
Pasión por los clásicos y necesidad de sostenibilidad
Juan explica que la idea nace de la confluencia de dos motivaciones muy claras. Por un lado, la pasión por los coches clásicos; por otro, la necesidad de una movilidad más sostenible en una isla con recursos limitados y una fuerte presión turística.
“La idea surge al ver que muchos clientes buscaban experiencias diferentes, no solo un coche de alquiler más”, explica. A partir de ahí, decidió buscar un vehículo icónico como el Méhari, pero en una versión 100 % eléctrica, capaz de mantener su encanto original y, al mismo tiempo, adaptarse al presente. «Frente a un turismo eléctrico moderno, que es más anónimo, el Mehari eléctrico aporta carácter, simplicidad mecánica y una conexión emocional con la historia de la isla que otros modelos no tienen», agrega.
El proyecto arrancó hace unos meses bajo el nombre de RetroRides Ibiza, con dos modelos diferenciados: E-Story, réplica eléctrica del Méhari, y Kate, una reinterpretación del Mini Moke, ambos fabricados de manera artesanal y solo por encargo. La idea es combinar alquiler, rutas guiadas y venta, siempre desde una lógica experiencial.
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Un coche que conecta con el paisaje
Para Juan, el encaje del Méhari eléctrico en Ibiza es casi natural. “Es ligero, abierto, sencillo y te conecta con el paisaje”, resume. No es un vehículo pensado para desplazarse con prisa, sino para disfrutar de la carretera secundaria, de las calas y de los atardeceres.
A ello se suma el factor ambiental. Al ser eléctrico, reduce ruido y emisiones, algo que considera clave en una isla que vive del entorno y del turismo de calidad. “Rescata la estética y la filosofía de los años hippies, pero con la tecnología necesaria para cuidar Ibiza hoy”, señala.
¿A quién va dirigido este tipo de vehículo?
Lejos de pensar en un único perfil, Juan identifica tres tipos de usuarios. Por un lado, residentes que buscan un segundo coche distinto, práctico para moverse por la isla y fácil de aparcar. Por otro, empresas y hoteles interesados en ofrecer una experiencia diferencial alineada con valores de sostenibilidad. Y, sobre todo, un tipo de turismo que ya no se conforma con un utilitario básico y busca vivir la isla con personalidad y coherencia con el entorno.
Curiosidad que se convierte en comunidad
La acogida en Ibiza ha sido, según explica, muy positiva. Al principio, los vehículos despertaban curiosidad: la gente reconocía la silueta del Méhari clásico y se sorprendía al descubrir que se trataba de un modelo eléctrico. Con el tiempo, esa curiosidad se ha traducido en reservas, colaboraciones con hoteles y la expectativa de crear una comunidad de clientes que repite y recomienda.
Actualmente, los Méhari eléctricos pueden verse y probarse a través de las instalaciones propias en la calle de Polls 10, en Playa d’en Bossa, así como mediante acuerdos con distintos partners de la isla. También se pueden reservar experiencias y rutas personalizadas contactando directamente con RetroRides Ibiza.
Más que un coche eléctrico
Juan insiste en que la diferencia frente a otros vehículos eléctricos no está solo en la motorización. “Un Méhari eléctrico no es un coche eléctrico más: es un icono de Ibiza reinterpretado”, afirma. Es abierto, muy visual, fotogénico y especialmente adecuado para rutas costeras y una forma de disfrutar la isla más sensorial.
Frente a modelos eléctricos modernos, más anónimos, el Méhari aporta carácter, simplicidad mecánica y una conexión emocional con la historia de la isla que otros vehículos no tienen.

La Ibiza de ayer y la de dentro de 30 años
Cuando mira al futuro, Juan cree que la movilidad en Ibiza será más eficiente, más silenciosa y más integrada en el paisaje, con menos coches pesados y más vehículos ligeros, eléctricos y compartidos, especialmente en los periodos de mayor afluencia.
En ese escenario, considera que propuestas como los Méhari eléctricos tienen recorrido porque permiten reducir el impacto sin renunciar a la experiencia. Y es ahí donde el proyecto conecta con algo más profundo. “El Méhari siempre fue un símbolo de libertad, de ir a la playa con amigos, sin protocolos ni pretensiones”, recuerda.
Para él, la versión eléctrica logra algo difícil: conservar ese espíritu desenfadado, abierto y cercano, pero adaptarlo a una Ibiza más consciente del medio ambiente. “Es como unir la Ibiza hippie de los 70 con la Ibiza que quiere seguir siendo especial dentro de 30 años: mismo espíritu, nueva tecnología”.













