NURIA GARCÍA MASIP / CALÍGRAFA

De Ibiza a Estambul: «La caligrafía es un acto de resistencia frente a la aceleración del mundo»

Nacida en Ibiza y formada durante años en Estambul, Nuria García Masip es maestra en caligrafía árabe clásica dentro de la escuela turco-otomana y actualmente finaliza su doctorado en Historia del Arte en la Sorbona. En esta entrevista reflexiona sobre la caligrafía como arte mayor, su dimensión espiritual y su vigencia en un mundo cada vez más acelerado y alejado de la palabra escrita a mano.

En una época en la que la palabra se multiplica pero pierde peso, en la que se escribe más que nunca y, sin embargo, se escribe cada vez menos a mano, la caligrafía aparece como una de las últimas anclas del ser humano con su dimensión más esencial. Frente al homo «digitalis», acelerado y fragmentado, este arte milenario recuerda al homo sapiens que pensar, escribir y crear fueron siempre actos lentos, corporales y conscientes. Nacida en Ibiza y formada durante años en la tradición turco-otomana de la caligrafía árabe, Nuria García Masip ha dedicado su vida al estudio de la letra como forma, conocimiento y memoria. Desde la práctica artística y la investigación académica que culmina actualmente en la Sorbona, reflexiona sobre la caligrafía no solo como un arte mayor, sino como un espacio de resistencia frente a la dilución del lenguaje, la pérdida de sentido de las palabras y el empobrecimiento de los idiomas en la era digital.

-¿Cuál es su relación con Ibiza?

-Nací en Ibiza, en el campo, cerca de Santa Gertrudis, y he vivido en la isla en distintas etapas de mi vida, siempre en zonas rurales, en la parte más protegida y silenciosa de la isla. Aunque he sido muy nómada y he vivido en muchos lugares, creo que para quienes nacimos o hemos vivido en Ibiza, la isla deja una huella profunda. Ibiza tiene una larga historia de cruces culturales, de retiro y de creación, y eso es precisamente lo que significa para mí: un lugar donde el paisaje favorece la introspección y la creatividad.

-¿Es la caligrafía un arte?

-Sin duda. En muchas culturas, incluidas la china, la japonesa y la islámica, la caligrafía no solo es un arte, sino uno de los artes mayores. Se considera que el trazo abstracto de una letra puede transmitir algo mucho más profundo que una imagen figurativa. En el caso de la caligrafía árabe, además, es un arte que ha cubierto todos los soportes posibles: el libro, la arquitectura, el textil, los objetos. Y que se ha desarrollado en una geografía inmensa, desde España hasta el sudeste asiático, y en todas esas regiones ha sido considerada la forma artística por excelencia, aún hoy.

Posado de Nuria García Masip

-¿Cómo llegó a usted la caligrafía y cómo le atrapó?

-Mi encuentro profundo con la caligrafía tuvo lugar a finales de los años noventa, en la medina de Fez, cuando investigaba las artes tradicionales marroquíes. Allí conocí a un calígrafo autodidacta que me dio mi primer cálamo, papel y tinta. Me fascinó descubrir cómo, con materiales tan sencillos, se podía crear algo de una belleza tan intensa. En ese momento descubrí lo que es realmente la caligrafía: el arte de la línea.

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-¿Qué tipo de caligrafía ha estudiado y en cuál se emplea?

-Me he formado en caligrafía clásica árabe dentro de la escuela turco-otomana. Viví muchos años en Estambul estudiando con maestros, siguiendo el método tradicional de transmisión directa de maestro a discípulo. He estudiado principalmente los grandes estilos canónicos, como thuluth y naskh, y hoy trabajo tanto en la práctica artística como en la investigación histórica de estas escrituras. Actualmente estoy finalizando mi doctorado en la Sorbona en Historia del Arte, centrado precisamente en la caligrafía de esta escuela.

-¿Cuánto se tarda en aprender caligrafía, de cero a un nivel decente para crear?

-Siempre digo que aprender caligrafía es como aprender a tocar un instrumento de música clásica. Hace falta empezar pronto y dedicar muchísimas horas de práctica para que la mano memorice los gestos y los trazos precisos. Es un arte muy codificado que requiere muchos años de práctica. Yo tardé siete años en obtener mi título de maestra calígrafa, pero en realidad eso solo marca el comienzo del camino. Como en el arte o en el deporte, hacen falta muchos años para profundizar de verdad. No es un aprendizaje rápido, pero sí profundamente transformador.

-¿De qué hablan las escrituras clásicas islámicas?

-Hablan de fe, conocimiento, ética, belleza y de la condición humana. Incluyen textos coránicos, oraciones, poesía, sabiduría, pero también ciencia, historia y literatura. Son textos que buscan elevar al espectador tanto a través del mensaje como a través de la armonía y la belleza del trazo. La caligrafía es un arte de transmisión y de memoria, de recuerdo, donde la palabra tiene una dimensión espiritual.

Caligrafía: Arte de escribir con letra bella y correctamente formada, según diferentes estilos.

-Algunas recuerdan a mandalas, ¿es coincidencia?

-No es necesariamente una coincidencia. Aunque los contextos culturales son distintos, ambas tradiciones buscan transmitir verdades universales. Existe una búsqueda común de crear formas que concentren, ordenen y lleven a la contemplación. En la caligrafía islámica, ciertas composiciones circulares responden a ideas de unidad, centro y retorno, muy cercanas a conceptos espirituales universales.

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-¿Qué cualidades debe tener alguien que quiera estudiar caligrafía?

-Como decía mi primer maestro, Mohamed Zakariya, la caligrafía es 99 % paciencia y 1 % talento. Pero para alimentar esa paciencia, es imprescindible el amor por lo que se hace. Hay un dicho turco que dice aşk olmadan meşk olmaz, es decir, “sin amor no hay práctica”. Sin una pasión profunda por este arte es imposible mantener la constancia que exige. Como en muchas disciplinas artísticas, lo que guía y sostiene el camino es el amor.

-¿Qué efecto emocional tiene en usted crear? ¿Tiene algo de ceremonial o meditativo?

-La caligrafía no se puede crear en un estado emocional alterado, ni de euforia ni de tristeza. Para escribir caligrafía clásica hay que intentar estar como un lago en calma. Es necesario dejar las emociones a un lado y concentrarse plenamente en el momento presente. La caligrafía se convierte entonces en un refugio, donde se busca que la línea y el trazo sean lo mas puros posibles. No se trata de expresar nuestras emociones, sino mas bien de reflejar la letra en todo su arquetipo.

En estado neutral, siendo más un instrumento que temperamento

-¿Qué cánones estéticos y reglas se exigen en la caligrafía árabe?

-La caligrafía árabe se basa en sistemas muy precisos de proporción, ritmo y equilibrio. Cada letra tiene medidas exactas y reglas de composición que fueron codificadas en la Edad Media, inspiradas en tratados neoplatónicos sobre geometría, belleza y armonía. Lejos de limitar la creatividad, estas reglas la canalizan y permiten una libertad consciente basada en un conocimiento profundo de la forma.

-¿Hay estilos diferentes dentro de la caligrafía árabe?

-Sí, muchísimos. Hay estilos clásicos conocidos en todo el mundo islámico, pero también otros muy ligados a cada región, como en África, Persia, China o Asia Central. Cada cultura se ha apropiado del alfabeto árabe y le ha dado un carácter propio; incluso existe la aljamía, que es el español escrito con letras árabes. Algunos estilos son más monumentales y otros más íntimos o cursivos. Esta diversidad refleja la riqueza del mundo islámico, que no es monolítico en absoluto, sino más bien un crisol de culturas muy diversas.

-¿Qué diferencias hay con otras caligrafías, como la japonesa?

Existen muchos paralelismos entre ambas tradiciones: la disciplina, la relación maestro-discípulo, los rituales asociados a la práctica y la idea de que la pureza del trazo refleja la pureza interior. Sin embargo, estéticamente son muy distintas. La caligrafía japonesa se practica con pincel y es más gestual y rápida, mientras que la caligrafía árabe se realiza con cálamo y es más lenta, medida y controlada. En ambas tradiciones existen numerosos estilos, desde los más elaborados hasta los más minimalistas.

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-¿Qué materiales utiliza?

-Una de las cosas que más me atrae de la caligrafía son sus materiales. Me fascina cómo un instrumento tan humilde como un cálamo, hecho de junco, se convierte en una herramienta de creación extraordinaria. Todas mis obras están realizadas con técnica tradicional: cálamos, papel preparado artesanalmente (ahar en turco) y tinta elaborada según métodos clásicos a partir del hollín. También utilizo con frecuencia pan de oro convertido en tinta, un material noble que aporta una gran luminosidad a la obra.

-Da la sensación que la palabra, el idioma, están en horas bajas. Políticos que utilizan pocas y abusan de ellas usándolas sin fundamento o sentido para insultar al contrario, adultos que leen cada vez menos y jóvenes que directamente hablan un idioma inventado, usan menos palabras que generaciones anteriores y que rechazan lo que no venga encapsulado, listo para dirigir y servido en pantalla. Además, las personas en general, cada vez escriben menos a mano. ¿Qué reflexión tiene, si está de acuerdo con esta premisa, sobre esta situación de riesgo de las palabras y los idiomas en estos tiempos modernos?

-Estoy totalmente de acuerdo con esa premisa. Vivimos en un tiempo de aceleración, de sobreabundancia de palabras y, paradójicamente, de pérdida de sentido. Es realmente un momento extremo a todos niveles, político, cultural, humano.. en este contexto, la caligrafía se convierte casi en un acto de resistencia. Mi marido, que también es calígrafo, y yo solemos decir que somos como peces nadando contracorriente. Y creo que una de las razones por las que la caligrafía ha recuperado interés a nivel internacional es precisamente porque la gente busca un arte con más sentido, que devuelva valor a la lentitud, al gesto manual y a la conexión entre la mano y el pensamiento. En los talleres que doy en distintas partes del mundo es muy bonito ver cómo personas de culturas muy diversas conectan inmediatamente con esa calidad de presencia, desaceleración y concentración.

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