El camino hacia el podio en estos Juegos de Invierno ha resultado ser mucho más accidentado de lo previsto: mientras figuras como el noruego Johannes Klaebo asombran al mundo con registros de velocidad casi imposibles en las pendientes, algunos patinadores fueron obligados a emprender una campaña para conseguir los derechos musicales de su performance. Por otro lado, también se registraron protestas políticas o reivindicaciones ideológicas que han generado tensión en el ámbito deportivo.
El conflicto de Tomàs Guarino con la melodía de ‘Minions’
El español Tomàs-Llorenç Guarino Sabaté personifica la cara más surrealista de estos Juegos: el patinador estuvo a un paso de quedarse fuera por no tener los derechos de la música de su programa, inspirada en la película ‘Minions’. Tras un tiempo de silencio por parte de la administración, una campaña en redes sociales forzó un pacto ‘in extremis’ con SonyMusic. La solución, sin embargo, es un parche: solo le dejan usar el tema en Milán, por lo que Guarino se quedará sin programa en cuanto se termine la competición olímpica.

El caso de Guarino no es el único ni es aislado: los patinadores se encuentran rastreados digitalmente y el endurecimiento de los derechos les obliga a modificar sus presentaciones a último momento. Algunos casos puntuales son la pareja canadiense Lagha y Lajoie, que fueron obligados a improvisar una rutina nueva tras el portazo de AC/DC, y la estadounidense Amber Glenn que se vio envuelta en una agria disputa con el músico Seb McKinnon apenas unas horas después de colgarse el oro por equipos.
El problema de fondo es económico: el COI no financia las licencias que pueden costar miles de dólares, y de alguna forma u otra la medida afecta a los atletas con menos recursos.
Tensión por protestas políticas en el hielo

La política también se ha colado en el hielo: el ucraniano Vladyslav Heraskevych desafió la neutralidad del COI con un casco en memoria de los deportistas muertos en la guerra. Aunque fue readmitido tras ser expulsado inicialmente, no podrá volver a usar ese equipo en su prueba de skeleton.
En la misma pista, el ruso Petr Gumennik, que compite bajo bandera neutral, sufrió el rigor de las sanciones: tuvo que descartar su coreografía basada en ‘El Perfume’ a 48 horas de competir por falta de permisos, y se ha refugiado en una pieza de música clásica para poder participar.
Luces y sombras en las historias de los atletas
En el apartado de sucesos, la cara amarga del deporte la ha protagonizado la biatleta francesa Julia Simon, quien se ha proclamado campeona olímpica mientras el mundo recordaba el turbio episodio legal que casi termina con su carrera profesional. Simon llegó a la cita de Milán tras haber cumplido una condena de tres meses de cárcel y una suspensión deportiva por haber robado más de 2.000 euros a sus propios compañeros del equipo nacional de Francia, utilizando para ello sus tarjetas de crédito sin permiso durante varios meses.
Aunque la federación francesa modificó su sanción para permitirle competir y ganar dos oros en estos Juegos, el clima de desconfianza dentro de su delegación es evidente, ya que la atleta tuvo que afrontar este proceso judicial mientras seguía conviviendo con las mismas personas a las que defraudó.
Este ambiente de tensión en el equipo galo contrasta con la sorprendente confesión del noruego Sturla Holm Laegreid, quien tras colgarse la medalla de bronce en biatlón decidió utilizar los micrófonos de la prensa internacional para sincerarse sobre su vida privada. El deportista nórdico admitió ante las cámaras haber cometido el «mayor error» de su vida al serle infiel a su pareja hace apenas tres meses, una declaración que ha generado un enorme revuelo en su país y ha eclipsado por completo su éxito en las pistas.
»I hope there’s a happy ending.»
Norwegian biathlete Sturla Holm Laegreid on his decision to confess on live TV to having cheated on his girlfriend just moments after winning bronze at the Winter Olympics. #Olympics #MilanoCortina2026 pic.twitter.com/t8xorVSKZa
— BBC Sport (@BBCSport) February 10, 2026
Laegreid, visiblemente afectado, quiso aprovechar su momento de gloria deportiva para pedir perdón públicamente, y ha convertido un logro atlético en un drama personal que ha confundido a la delegación noruega en plena competición.
El impacto de las lesiones y la normativa técnica
La parte física también ha condicionado esta primera fase de los Juegos, especialmente con el accidente de Lindsey Vonn, quien tuvo que ser evacuada en helicóptero tras una caída en competición que derivó en tres intervenciones quirúrgicas seguidas: este suceso se suma a la controversia que se ha generado por el estadounidense Ilia Malinin en el patinaje artístico, donde ejecutó un salto mortal hacia atrás que permaneció vetado por reglamento durante casi cincuenta años debido a su peligrosidad.
Ilia Malinin convirtió el hielo en cielo; no patinó, voló. Cada salto fue un latido del futuro, cada giro un desafío a la gravedad. En la pista dejó algo más que huellas… dejó historia. pic.twitter.com/KEUFJnbhbg
— José Ramón Fernández (@joserra_espn) February 10, 2026
Aunque la normativa actual permite realizar esta maniobra, el movimiento no aporta puntos a la calificación técnica, por lo que su ejecución se interpreta más como un desafío a los límites de la disciplina que como una estrategia para el marcador.
Estos episodios, que van desde el riesgo físico extremo hasta las infracciones penales y los conflictos por derechos de autor, han configurado una edición de los Juegos donde el foco mediático se ha dividido entre los resultados en pista y las incidencias legales de sus protagonistas.







