La doctora en Educación y Psicología Catherine L’Ecuyer ha planteado en el Parlament balear la prohibición del uso de pantallas en centros educativos para menores de seis años, al considerar que “no existe ningún beneficio en su uso” en estas edades.
Durante su intervención en la comisión sobre el impacto de la digitalización en la educación, la experta ha defendido que las evidencias científicas indican que las pantallas no se ajustan a la forma natural de aprendizaje de los niños.
L’Ecuyer también ha ido más allá al pedir que se prohíban los patrocinios de empresas tecnológicas en centros educativos, al entender que responden a intereses económicos. “Las tecnologías deberían tratarse como un tema de salud pública”, ha señalado.
Según ha explicado, el modelo de negocio de las grandes tecnológicas se basa en la captación de datos y la economía de la atención, una dinámica que, a su juicio, se verá agravada con el desarrollo de la inteligencia artificial.
En cuanto a recomendaciones, ha recordado que los estudios científicos aconsejan cero exposición a pantallas en menores de dos años y un uso inferior a una hora diaria entre los dos y los seis años.
La experta ha alertado además de que el uso precoz de tecnología puede estar relacionado con problemas de aprendizaje y el desarrollo de trastornos como el TDAH, la hiperactividad o incluso trastornos alimentarios.
“No tenemos que proteger a los niños dentro del entorno digital, sino del entorno digital”, ha afirmado, insistiendo en que los dispositivos en el aula, cuando se utilizan con fines personales, no aportan beneficios educativos y pueden ser perjudiciales.
El debate ha generado distintas posiciones entre los grupos parlamentarios. Desde el PSIB, el diputado Carles Bona ha matizado que los problemas dependen del contexto y del tiempo de uso, mientras que desde Més per Menorca han alertado de una pérdida de vocabulario en el alumnado.
Por su parte, Vox ha advertido de la adicción a las pantallas en todas las edades, mientras que el PP ha señalado la necesidad de centrar el debate en cómo y cuándo utilizar la tecnología en las aulas, ante un proceso de digitalización que avanza con rapidez.









