Kiko Rivera sigue evolucionando favorablemente tras el ictus que motivó su ingreso urgente en el Hospital Sagrado Corazón de Sevilla. Después de unas primeras horas marcadas por la preocupación, el DJ ha experimentado una mejora significativa al abandonar la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y ser trasladado a planta, una noticia que ha llevado tranquilidad tanto a su entorno familiar como a quienes siguen de cerca su estado de salud.
El propio DJ fue quien dio a conocer lo sucedido mediante un mensaje publicado en sus redes sociales, en el que reconoció la gravedad del episodio. “He vuelto a sufrir un ictus, esta vez ha sido un poco más fuerte. Probablemente el estrés ha tenido mucho que ver. Llevo demasiado tiempo viviendo bajo una presión mediática constante, con mi nombre presente cada día en televisiones, redes sociales y titulares”, escribió.
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A pesar de ello, también quiso transmitir un mensaje esperanzador: “Afortunadamente estoy bien. Han quedado algunas pequeñas secuelas que, si Dios quiere, con el tiempo, la rehabilitación y mucho trabajo terminarán desapareciendo”.
Los médicos mantienen una valoración positiva sobre su evolución y, si continúa recuperándose al mismo ritmo, no descartan que pueda recibir el alta hospitalaria y regresar a casa durante el fin de semana. Posteriormente deberá afrontar un proceso de rehabilitación, someterse a revisiones médicas y adoptar un estilo de vida más tranquilo para favorecer su recuperación.
Qué es un ictus y por qué supone una emergencia médica
El ictus sigue siendo una de las principales causas de discapacidad y mortalidad en España, pero una tendencia preocupa cada vez más a los especialistas: su aumento entre personas menores de 55 años. Aunque tradicionalmente se ha asociado a edades avanzadas, los estudios muestran un crecimiento significativo de los casos en pacientes jóvenes, impulsado por la combinación de distintos factores de riesgo.
Cada año, alrededor de 120.000 personas sufren un ictus en España y cerca de 25.000 fallecen por esta enfermedad. Ante esta realidad, los expertos subrayan que identificar los síntomas y recibir atención médica especializada con rapidez resulta determinante para reducir las secuelas y mejorar las posibilidades de recuperación.
También conocido como accidente cerebrovascular, es una enfermedad que afecta a los vasos sanguíneos encargados de llevar sangre al cerebro. Se produce cuando el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro se interrumpe por un coágulo, en cuyo caso se trata de un ictus isquémico, que representa más del 80 % de los casos, o por una hemorragia, conocida como ictus hemorrágico.
Como consecuencia de ese bloqueo o ruptura, la zona afectada deja de recibir oxígeno, glucosa y otros elementos esenciales, lo que provoca que las células nerviosas no puedan funcionar correctamente y mueran en cuestión de minutos. Por ello, el tiempo que transcurre hasta recibir atención especializada influye directamente en el pronóstico y en las posibilidades de recuperación.
Los casos en menores de 55 años siguen aumentando
Durante años, el ictus estuvo asociado principalmente a personas con una edad media superior a los 70 años. Sin embargo, esa realidad está cambiando. Según estudios recientes, entre un 5 % y un 15 % de los ictus se producen actualmente en personas menores de 55 años en países con ingresos altos, porcentaje que alcanza hasta el 24 % en países con menos recursos.
Los especialistas del Hospital Clínic de Barcelona alertan de que esta tendencia viene creciendo desde comienzos del siglo XXI. Los datos, según explican, «son contundentes». «Si antes se producían aproximadamente 11 ictus al año por cada 100.000 personas jóvenes, ahora se producen alrededor de 21», señalan. Esto significa que los casos entre personas jóvenes «han aumentado hasta un 90 %».
Los factores que explican este incremento
Los expertos consideran que el aumento responde a una combinación de distintas circunstancias. Entre ellas destacan:
- El aumento de los factores de riesgo clásicos.
- La aparición de nuevos riesgos relacionados con el estilo de vida y el entorno.
- Posibles cambios sociales y sanitarios globales.
No obstante, los especialistas recuerdan que «no existe una única causa clara, y probablemente se trata de una combinación compleja».
Hasta el 90 % de los casos están relacionados con factores modificables
Una de las conclusiones más relevantes de los especialistas es que hasta el 90 % de los ictus están relacionados con factores de riesgo que pueden modificarse. Entre ellos, la hipertensión arterial ocupa el primer lugar. Según los expertos, controlar la tensión arterial mediante medidas preventivas puede evitar millones de casos de discapacidad y mortalidad.
Desde el Hospital Clínic de Barcelona señalan como principales factores de riesgo:
- Hipertensión arterial, responsable de casi la mitad del riesgo.
- Sedentarismo.
- Tabaquismo.
- Obesidad.
- Diabetes.
- Colesterol elevado.
Los estudios recientes muestran además que casi la mitad de los jóvenes que sufren un ictus eran fumadores y que más del 40 % presentaban hipertensión. También es cada vez más frecuente que estos factores aparezcan de forma simultánea. Hasta un 40 % de los pacientes jóvenes presentan tres o más factores de riesgo al mismo tiempo.
Los síntomas que obligan a actuar con rapidez
El reconocimiento precoz de los síntomas continúa siendo uno de los aspectos más importantes para mejorar la evolución de la enfermedad. El presidente de la Sociedad Española de Neurología, Jesús Porta-Etessam, explica cuáles son las principales señales de alerta.
«La pérdida brusca de fuerza o sensibilidad, generalmente en una mitad del cuerpo y sobre todo en la cara y/o en las extremidades; la alteración brusca en el lenguaje, con dificultades para hablar o entender; la alteración brusca de la visión, como pérdida de visión por un ojo o la visión doble; y la pérdida brusca de la coordinación o el equilibrio», enumera.
Los especialistas recuerdan que estos síntomas suelen aparecer de forma repentina y evolucionan rápidamente. En pocos minutos pueden provocar una lesión cerebral establecida.
En algunos casos menos frecuentes, el ictus puede empeorar progresivamente durante varias horas o incluso uno o dos días, a medida que aumenta la necrosis del tejido cerebral. Generalmente, esa evolución acaba dando paso a un periodo de estabilidad o incluso a una ligera mejoría.
Las secuelas pueden afectar a distintos aspectos de la vida
Las personas que sobreviven a un ictus pueden presentar secuelas físicas, cognitivas y emocionales. Desde el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona recuerdan que las consecuencias no afectan únicamente al plano físico. «Más allá de la parte física, el enfermo también puede sufrir heridas psicológicas que necesitarán tratamiento», destacan los especialistas.
Entre las secuelas físicas más frecuentes figuran:
- Pérdida de fuerza muscular y del equilibrio.
- Trastornos del lenguaje, como dificultades para comprender o emitir palabras, alteraciones del habla o incapacidad para pronunciarlas.
- Alteraciones sensitivas en el lado del cuerpo con problemas de movilidad, incluyendo hormigueos, sensaciones desagradables o pérdida de sensibilidad.
- Espasticidad, una contracción permanente de determinados músculos que puede provocar rigidez, dolor, contracturas y limitación del movimiento.
- Trastornos visuales, especialmente la pérdida de visión de la mitad del campo visual o hemianopsia.
- Dificultad para tragar, conocida como disfagia.
- Dolor central.
- Incontinencia urinaria, que suele ser transitoria aunque puede persistir en personas con secuelas importantes.
Una enfermedad con un elevado impacto sanitario
El ictus afecta cada año a alrededor de 120.000 personas en España y provoca aproximadamente 25.000 fallecimientos. Además, las urgencias neurológicas representan hasta el 15 % de las asistencias hospitalarias en el país. La creciente incidencia entre personas menores de 55 años ha llevado a los especialistas a insistir en la importancia de actuar sobre los factores de riesgo modificables y reconocer cuanto antes los síntomas de alerta.
Con una enfermedad que puede desarrollarse en cuestión de minutos, la rapidez en la atención especializada continúa siendo uno de los elementos más determinantes para reducir las secuelas y mejorar la recuperación de quienes sufren un ictus.











