GENTE: PABLO GARCÍA ALBIZURI

«Tengo más ideas que manos»

Pablo García Albizuri, artista transgresor que prefiere vender en la calle que en las galerías: "Es más democrático, pasa todo tipo de gente"

Pablo García Albizuri.
Pablo García Albizuri.

Son las cinco de la tarde y llego a una casa de campo en un San Lorenzo sumergida en paz. Pablo García Albizuri (Buenos Aires, 1961) me recibe en la puerta de su casa taller y al entrar lo primero que se ve a la derecha es su taller abierto. Ya desde fuera se ve que, como la personalidad del artista demanda, tiene más cosas dentro que un almacén de Amazon. Pero en ese caos hay orden. 

Nos sentamos bajo el abrazo de olivos, naranjos y algarrobos para hablar de arte y de la vida.

-¿Qué recuerdos le trae a la memoria su infancia?

-Uy me acuerdo de un montón de cosas, eh..

-Cuéntenos alguna… 

– Todos los viajes de camping con mis padres, por ejemplo. Tuve la suerte de nacer en una muy buena familia, socialista, de izquierdas y muy progresista, mi madre era psicóloga y mi padre ingeniero, autodidacta, que acabó siendo profesor de universidad. Además era diseñador de equipos de gas y me llevaba a todas las fábricas de visita; de galletas, de lámparas o fábricas de vidrio donde estaban soplando cristal y haciendo cosas muy locas. Fábricas de entonces, enormes, imponentes. También a la fábrica de tabaco donde se producían los cigarrillos de la marca Parisienne. Tenían unos tambores gigantes… Era impresionante. Pero lo más importante es que hubo siempre mucho cariño en la familia y eso es fundamental. 

-Y luego de mayor, ¿decide estudiar Arquitectura?

-No, primero empecé a estudiar Medicina pero en un año me di cuenta que no era lo mío. Me gustaba mucho el diseño, entonces hice el ingreso en la Universidad de Buenos Aires en el año 1979, un año muy complicado en Argentina por la dictadura militar. La pasamos muy mal mi familia y yo, tuvimos un montón de amigos desaparecidos , exiliados, etc..

-¿Tuvieron que exiliarse?

-No, mis padres no quisieron. A mi madre le decían “vente para Madrid” pero no quisieron. Tenía un grupo con Tato Pavlosvski que venía del teatro, muy bueno, y ella compartía consultorio con él, y junto a otros, formaron el Grupo Latinoamerciano de Psicodrama. Eran muy vanguardistas, hacían experiencias con LSD y trabajaban mucho en lo grupal. Y a mí se me pegó lo de trabajar en grupo y ver al otro.  Por ejemplo, cuando empecé Arquitectura me atrapó el diseño, pero si voy a crear una casa para una familia antes tendré que conocer a esa familia para saber cómo son, cómo se mueven; entender la dinámica.

-Y justo al borde de acabar la carrera de arquitecto luego de siete años… 

-Sí, se acabó. Yo estaba en cabeza de lista del Partido Intransigente, era vicepresidente, iba a todas las manifestaciones con el bombo…

-¡Militando!  

-Sí, sí gritándole a la policía en la cara y corriendo de los gases, pero era lo lógico con la educación que había tenido yo bajo una dictadura militar.

-En esa época el servicio militar era obligatorio con sorteo, la tan conocida y temida  La Colimba. ¿Se libró? 

-Cuando hago el ingreso en la U.B.A. estaba haciendo la mili en Prefectura, que si tenías un contacto podías entrar seis meses antes del sorteo  y la verdad era la mejor rama del aparato militar para hacer servicio. Dormías en tu casa todo los días por ejemplo. Después si en el sorteo te tocaba un número bajo te ibas. Pero al final no entré a la U.B.A y empecé a estudiar Arte en el barrio de morón. Pero lo que sentía era que la universidad de aquella época te educaba para un mundo que fuera de la universidad, no existía. Era una mentira. Y además me parecía que el negocio de la construcción se comía de alguna manera lo artístico o artesanal de la arquitectura.

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Pablo García Albizuri, en su taller, su cueva, su mundo.
Pablo García Albizuri, en su taller, su cueva, su mundo.

-¿Cuándo empieza a pintar? 

-Bueno mientras estudiaba Arquitectura ya había empezado. En aquella época era todo con Rotring, eh!. A mano alzada que se te corría la tinta… ¡Muy complicado!, todo un arte hacer un plano de arquitectura. Y ahí empecé publicando unos dibujitos en la publicación Cerdos y Peces. Mi primera exposición que hice fue ahí, en la redacción de la revista en la calle Agüero.

-¿Y luego?

– Me enamoré de una chica que tenía 10 años más que yo y una hija. Me fui a vivir con ella mientras seguía estudiando pero obviamente para vivir acabé en la construcción porque me contrataba gente conocida para refaccionar casas, pero yo era el arquitecto, subcontrataba albañiles y yo era el peón.

-¿Cuándo se va de Buenos Aires? 

-Me quedé unos años más y luego me fui a vivir a Pinamar donde, a los dos años de vivir allí me casé y a la semana me fui [risas]. Y luego a Esquel también donde trabajé de profe de Historia en el Secundario.

Distintos trabajos en construcción.
Distintos trabajos en construcción.

-¿Cómo nace lo de la pintura?, ¿qué materiales usaba entonces?

-A mí lo que me gusta de mi arte es que todo es casualidad. Empecé a pintar por pura necesidad, pintaba con Loxon sobre periódicos…

-Hardcore [risas]

-Sí, sí, totalmente. Luego cuando avancé compraba el papel velado de la fotocopiadora donde se hacían los planos para arquitectura que al estar velados te los vendían por nada, entonces nos pintábamos unos cuadros impresionantes, sin duda, el mejor material. 

Y entonces desde un día la gente me empezó a decir “uy que lindo esto que haces, que expresivo” etc. Los propios compañeros de universidad que a veces incluso venían a verme pintar y se quedaban viendo mis personajes y me hacía pensar como que “hostia, aquí pasa algo” entonces me sentía muy bien pintando. Luego acabé pintando con dibujantes de la legendaria revista argentina Fierro. Un buen momento.

Perro

Cada uno tiene el guardián que quiere.

 

-¿Cómo acaba en Ibiza? ¿En qué año?

-Al final acabé en Italia donde vendía camisetas pintadas a mano. Estaba de base en Florencia y cuando acababa el verano empecé a hacer esculturas pequeñas con cinta, hice 10, y me fui a un sitio que teníamos los artesanos para vender y vendí seis. Luego me fui al norte a hacer la cosecha de la manzana y conocí a una chica valenciana que me decía “tú te tienes que venir a Valencia, yo tengo casa, te va a ir muy bien!” y fui. Empecé vendiendo en la calle al lado de los que vendían corbatas,  paraguas y yo con mi manta y mis esculturas. Venía la policía y había que salir corriendo, yo me tomaba más tiempo porque no es lo mismo recoger esculturas que corbatas… Después me conseguí un sitio en una plaza donde acabé vendiendo un montón. Y ahí fue cuando me empezaron a decir “te tienes que ir a Ibiza, te va a ir muy bien!”. Y tal cual, fue llegar y no parar de vender! Hablamos de 1991 y nunca más me fui. 

-Y ahora que se ha convertido en un burgués con casa, coche, modus vivendi [carcajadas – interrumpe]

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-¡NO, NO! Tengo que seguir levantando la misma bandera que a los veinte años! [risas].

-¿Qué recuerda de esos tiempos de libertad callejera, de esos tiempos?

-[sonríe recordando] ¡Era fantástico! Pero yo trato de alguna manera de no engancharme con las galerías, siempre intento exponer en lugares no convencionales o alternativos como restaurantes por ejemplo. En Suiza he expuesto en una sala de fisioterapia, con las esculturas colgando. ¡Vendí muchísimo!

Esculturas.
Tiene varias esculturas viviendo en su casa.

– Suena como si a propósito quisiera evitar galerías de arte.

-Sí, hay mucho negociado. Hay galeristas que te encorsetan. La diferencia con la calle es que en la calle tenés todas las opiniones por ejemplo. Pasa el que le encanta tu trabajo y el que lo odia, el que lo ignora; es más sincero. Todo concentrado en las cinco horas que estás expuesto a la gente y a todo en la calle.

-Y sin comisión.

-Ahí no le pagás nada a nadie. Yo en Ibiza empecé en la terraza de Las Dalias y en es Canar. Arriba donde había una parrilla de material. Y la verdad vendía muy bien. Pero después vino un americano Robert, que hacía muy buenas caricaturas y retratos,  que me cuenta que habían quitado la parada de taxis en el puerto de Ibiza y que se abría un espacio muy interesante. Y no pertenecía a la ciudad si no al puerto. Entonces  formamos la Asociación de Artistas del Puerto de Ibiza y nos alquilaron el espacio por un precio muy barato, creo que eran mil pesetas por mes. Si no me equivoco, era el año 1995 y estuve ahí hasta el 98. Los primeros años se vendían todo, absolutamente todo. Llegaban los barcos y se llevaban de 3 y 4 esculturas por persona, yo le decía “con cuidado” porque se llevaban piezas con la pintura fresca [risas]… Preguntaban el precio y le decías dos mil y te decían dame esta y esa y aquella… Cada temporada subíamos más los precios y es de agradecer porque era una forma justa de revalorizarse.

Escultura.
Dos de las piezas disponibles.

-¿Y ahora mismo dónde vende?

-Ahora mismo estoy muy conectado con Suiza. Allí hay muchísimo respeto por el arte, y pasan muchas cosas. A mí me encanta trabajar con grupos de gente, sea quién sea. Ahora vengo de trabajar en un lugar que se llama Heimetli mit Herz en Suiza donde cuidan a los adolescentes con problemas psicológicos. Son personas que salen de las clínicas y van ahí a pasar el día y hacen taller de arte de una semana, lo llaman “la semana cultural”, como una actividad especial. 

-Le gusta mucho la gente a usted..

-Sí, por eso en mis esculturas siempre hay gente y caras. Tengo cientos de libros con dibujos de personas, me encantan los grupos de gente haciendo algo juntos, me gusta la sociedad. 

-Si alguien joven quiere aprender escultura, ¿a dónde va? La carrera de Bellas Artes seguramente es una buena opción, pero donde es mejor aprender las técnicas?

-El problema de las escuelas es cómo te encajan en moldes y acabas siendo un molde. Yo cuando me cuestionaba lo de arquitectura pensaba y me preguntaba “¿quién quiero ser?, el arquitecto gordo con cochazo y una beatiful house?” y seguramente al final de mi vida acabar diciéndome “¿pero qué he hecho?” y no, no quería ni quiero eso. Entonces la respuesta de eso es “entonces no tendrás dinero” [risas] pero vale, y hoy por hoy sigo igual, con el mismo concepto. Es fundamental la libertad creativa, y a veces la ignorancia de la técnica hace que crees algo que salido de la escuela ni se te ocurriría.

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-¿Qué técnica y materiales utiliza a la hora de esculpir?

-Bueno, como te comentaba antes empecé a trabajar con materiales muy pobres y eso me dio una inspiración muy grande. El reciclaje por ejemplo, me acuerdo que hicimos para teatro una vez unas marionetas gigantes con caños de luz que doblábamos cargando peso de nuestro cuerpo y con el culo. Y hacíamos estructuras cosidas con alambre que luego le añadíamos telas. Pero ahora llevo años fanático del cartón y la cinta de pintor conocida como carrocera. Sigo con este concepto de usar material pobre y reciclo.

-¿Es usted de esos que paran en las basuras para pescar materiales?

-Depende, miro muy bien lo que hay. Ya aprendí que no hay que agarrar todo lo que en ese momento le parece bueno y que tirarás luego de unos años sin tocar. Hay que tener cuidado, uno siempre tiene  más ideas que manos. 

-¿Y la pintura, siempre también en paralelo?

– Siempre. El dibujo es una cosa que tengo muy impulsiva y el taller es mi trabajo.

-¿O sea que dibujo y pintura es su necesidad y escultura su trabajo?

-(Se lo piensa…) No, escultura también es necesidad pero ha sido lo que más se ha comercializado. Esto es un poco el mercado que te va marcando su deseo también, ¿no?

-Hay una pregunta que hago a todos mis entrevistados por ser un tema fascinante y escalofriante pero de rabiosa actualidad: La Inteligencia Artificial. ¿Qué le parece que ya hay arte creado por I.A.?

-Es que hay muchas cosas que no están bien que son anteriores al I.A. Y me refiero a esta adicción de todo el mundo al móvil, a tener una pantalla en la mano constantemente. Hay una pérdida de control. Y la gente está atrapada y han acelerado todo tanto que hay que acelerarlo más para que la gente siga atrapada.. Y esto solo lo puede hacer una I.A.

-¿Le parece que se debería prohibir la creación artificial de arte? En cualquier momento se le dice a una I.A. conectada a un printer 3D que haga 10 obras como las de Pablo ¿y..?

-No, no, ¿por qué? Nunca harán lo que hago yo. Porque las máquinas copian como copia una fotocopiadora, pero nunca tendrán alma, ni el calor humano. Y tampoco estará el fallo,  la imprecisión que lo vuelve humano. Y ahí está la genialidad del arte, cuando uno se deja ir.. Y pasan cosas. Yo tuve la suerte de conectar con un montón de gente que me permitió crear un estilo propio.

-Pero hay gente que no se daría cuenta si es suyo o artificial..

-La mayoría de la gente nunca lo ha hecho. [carcajadas], es algo normal. Pero uno puede escapar de eso manteniéndose alejado lo más posible. La I.A. hará muchas de cada y mientras yo hago piezas únicas a mano que cuando la gente las ve y, si me conocen, dirán  “mirá, esa es de Pablo”

-Sobre el futuro .. ¿Qué plan?

-[risas] ¡No tengo ni idea! Y está buenísimo porque prefiero que venga lo que venga y no en lo que podría venir, que yo fijo en la misma actitud; ¡hasta la victoria siempre! 

 

garciayalbizuri.com

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