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ESCULTOR Y PINTOR/JULIO BAUZÁ

El autor del Huevo de Colón de Sant Antoni, al pie del cañón con 88 años: «La artesanía es lo que realmente me divierte»

A sus 88 años, Julio Bauzá continúa con sus creaciones artísticas combinando la pintura y las composiciones geométricas
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Julio Bauzá junto a algunos de sus cuadros.

Arquitecto, escultor, pintor y ceramista. De mente y manos inquietas, Julio Bauzá nació en Montevideo (Uruguay) hace 88 años. En su país natal estudió arquitectura y dedicó media vida a trabajar en la profesión. Tras la crisis de 1973 que sufrió el país, vio inminente la necesidad de emigrar y eligió como primer destino París, donde pasó un año.

Después se mudó a Barcelona y comenzó a fabricar esculturas de cerámica, descubriendo, así, su habilidad para la artesanía. Algo que significó un punto de inflexión en su vida. La pieza estrella de producción fue una réplica en diminuto de un molino de La Mancha que fascinó a un mayorista de la ciudad y empezó a hacerle encargos de 500 unidades al mes. A los dos años se trasladó a Ibiza y, desde entonces, lleva cuatro décadas afincado en la isla.

‘El Huevo de Colón’

Gracias a la arquitectura, este artista ha tenido «un abanico de técnicas distintas» para desempeñar todos los demás oficios sobre una base sólida. Ha hecho esculturas por encargo para turistas, para la tienda de souvenirs del Museo Arqueológico de Ibiza y es el autor de la escultura ‘El Huevo de Colón’, ubicado en la rotonda de la entrada al pueblo de Sant Antoni.

Bauzá reconoce que «la artesanía es lo que realmente me divierte, pero no la habría podido desarrollar sin los estudios de arquitectura como base».

Pintura

A las esculturas, primero de cerámica y luego de hierro, les ha dedicado gran parte de su trayectoria como artista, pero, durante la década de los 90, decidió probar suerte con la pintura jugando con el Art Brut, el dadaísmo y el arte geométrico. Finalmente, apostó por hacer cuadros utilizando las formas geométricas como protagonistas. Se trataba de cuadrados de madera pintados con degradaciones de color.

Una exposición, en 2015, en la Galería Marita Segovia, le otorgó el reconocimiento ante el público. Todos sus cuadros son siempre series, aunque cada uno, por sí mismo, es único. Con el paso de los años, ha ido añadiendo variaciones a sus obras como la integración del vacío, sustituyendo los cuadrados macizos de madera por cuadrados abiertos de papel.

Su última creación la incorporó el año pasado. Amante de la escritura, lanzó dos nuevas colecciones: ‘Márgenes’ y ‘Sobrevolando caligrafías’. Composiciones construidas a partir de páginas de libros y escrituras antiguas bajo formas geométricas triangulares que simulan naves volando.

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