CRISIS EN EL CARIBE

50 millones de dólares para el topo de la CIA y meses de ensayo en una réplica de la residencia de Maduro

Así fue la operación secreta que permitió capturar al presidente venezolano mientras dormía y trasladarlo a Estados Unidos

Maduro junto agentes de al DEA.
Maduro junto agentes de al DEA.

La detención de Nicolás Maduro en la madrugada del sábado en una operación secreta de Estados Unidos y su traslado posterior a ese país junto a su esposa, Cilia Flores, donde ambos serán juzgados por narcotráfico, corrupción y posesión de armas, ha sido posible gracias al poderío militar y de inteligencia de Estados Unidos.

Con el paso de las horas, van aflorando nuevos detalles de una operación que Washington presenta como milimétrica y largamente planificada. Según ha desvelado The New York Times, la localización de Maduro fue posible gracias a un topo de la CIA infiltrado en el entorno del poder venezolano, cuya colaboración habría sido recompensada con hasta 50 millones de dólares.

Meses de espionaje y una réplica exacta en EEUU

Agentes de inteligencia estadounidenses se infiltraron en Venezuela ya el pasado verano con el objetivo de reconstruir al detalle la rutina del presidente: sus movimientos, horarios, medidas de seguridad e incluso hábitos personales. Esa información permitió a EEUU levantar en Kentucky una réplica a tamaño real del complejo donde se refugiaba Maduro en Caracas.

Algunos medios han relatado que Maduro se había obsesionado con su seguridad, había reforzado el plantel de guardaespaldas cubanos, cambiaba de teléfono con suma frecuencia y pernoctaba en sitios diferentes. Nada de eso sirvió de nada porque el topo y drones espías tenían perfectamente monitorizado el presidente en todo momento.

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Al igual que sucedió con los Navy Seals y la residencia de Osama Bin Laden en Islamaba (Pakistán), durante meses, unidades de élite Delta Force ensayaron allí la operación una y otra vez, practicando entradas forzadas y voladuras de puertas de acero para reducir al mínimo el tiempo de intervención.

Tres minutos hasta el dormitorio

La madrugada del sábado, una vez iniciada la operación real, los comandos estadounidenses tardaron apenas tres minutos en llegar hasta la habitación donde dormían Maduro y su esposa. Según el relato del propio Donald Trump, el presidente venezolano intentó refugiarse tras una puerta de seguridad, pero no llegó a tiempo.

Trump había autorizado la operación el 25 de diciembre, aunque su ejecución se retrasó varios días por las condiciones meteorológicas. Finalmente, fue lanzada aprovechando una ventana climática favorable.

El número de fallecidos es todavía una incógnita. La cifra que hay sobre la mesa es de 40 personas, entre civiles y militares. Ninguno norteamericano.

De Caracas a Nueva York

Tras su captura, el matrimonio fue evacuado en helicóptero y trasladado fuera de Venezuela. A primera hora de la noche del sábado, ya habían aterrizado en el aeropuerto militar Stewart, en el estado de Nueva York, antes de ser conducidos al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. El proceso judicial se llevará a cabo en el distrito sur de Nueva York.

Amenazas, petróleo y vacío de poder

En su primera comparecencia tras la operación, Trump amenazó con una segunda oleada de ataques si el chavismo ofrece resistencia y aseguró que Estados Unidos “gobernará Venezuela hasta que haya una transición segura”. También afirmó que, tras el ataque aéreo en el que participaron más de 150 aeronaves, empresas energéticas estadounidenses pasarán a gestionar la industria petrolera venezolana.

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Mientras tanto, el Tribunal Supremo de Justicia venezolano ha ordenado que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma la presidencia ante la “ausencia forzosa” de Maduro. Rodríguez ha exigido su liberación y ha denunciado una intervención extranjera, aunque Trump sostiene que la dirigente chavista se ha puesto en contacto con Washington para colaborar. Brasil, por su parte, la ha reconocido como presidenta interina.

La captura de Maduro no solo cierra una operación de inteligencia sin precedentes: abre un escenario completamente nuevo para Venezuela, cuyo desenlace político y económico sigue, por ahora, en el aire.

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