El accidente ocurrido en la línea de alta velocidad a la altura de Adamuz ha generado un escenario de incertidumbre que diversos canales están aprovechando para difundir noticias falsas.
Al igual que en crisis anteriores, como la pandemia o la DANA de 2024, las redes sociales se han convertido en una vía para expandir teorías conspirativas e imágenes manipuladas que dificultan la labor de los servicios de emergencia y aumentan el dolor de las familias.
Manipulación de datos y estafas a los afectados
Expertos en seguridad y criminología advierten de la presencia de perfiles automatizados («bots») que aseguran que el número de fallecidos es muy superior al oficial. Estos mensajes buscan generar la sensación de que las fuentes oficiales ocultan información, sembrando desconfianza en la gestión de la crisis.
Más grave aún es la detección de intentos de estafa: se han identificado números de teléfono fraudulentos dirigidos a familiares de las víctimas, ofreciendo supuesta asistencia con el fin de obtener datos personales o dinero, aprovechando la situación de extrema vulnerabilidad de quienes esperan noticias de sus seres queridos.
Uso político y difusión de imágenes descontextualizadas

La tragedia también ha sido utilizada para lanzar ataques políticos basados en datos sesgados: se han viralizado publicaciones que comparan la supuesta falta de mantenimiento en España con inversiones en el extranjero, omitiendo que se trata de créditos financieros reembolsables y no de subvenciones directas.
A esto se suma la difusión de imágenes generadas por inteligencia artificial que muestran escenas de caos inexistentes, así como fotografías de responsables públicos y periodistas fuera de contexto para sugerir una falta de respeto hacia las víctimas. Incluso el servicio de Emergencias 112 ha tenido que intervenir para desmentir falsas peticiones de voluntarios, aclarando que no se ha solicitado colaboración ciudadana en la zona del impacto.
Cómo protegerse de las fake news
Para evitar ser víctima de la desinformación y no contribuir a su expansión, los expertos recomiendan seguir estas pautas:
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Verificar con fuentes oficiales: Ante una cifra llamativa o una noticia de última hora, compruebe si organismos como Adif, Renfe, el 112 o el Ministerio de Transportes han emitido algún comunicado.
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Dudar de la información exclusiva en redes: Es poco probable que un usuario particular tenga datos más precisos o contrastados que los medios de comunicación profesionales que están cubriendo el terreno.
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Analizar la trayectoria del perfil: Sospeche de cuentas que publican compulsivamente sobre temas muy distintos o que tienen una línea editorial centrada únicamente en generar crispación.
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No compartir sin contrastar: Si una imagen o un mensaje le genera una reacción emocional muy fuerte, deténgase antes de reenviarlo. Cortar la cadena de difusión es la forma más efectiva de neutralizar un bulo.
El riesgo para el entorno de las víctimas
El consumo constante de información por parte de familiares y amigos de los afectados los convierte en el grupo más vulnerable ante estas prácticas. La búsqueda ininterrumpida de respuestas les lleva a encontrar contenidos que polarizan la situación y generan cuadros de ansiedad y crisis personales.
Según los especialistas, estas estrategias de desinformación están diseñadas específicamente para crear caos y debilitar la confianza en las instituciones públicas en los momentos de mayor tensión social.












