La trayectoria de Xabi Alonso en el banquillo del Real Madrid ha llegado a su fin tras la reciente derrota en la final de la Supercopa de España. Durante más de dos décadas, el tolosarra no solo ha acumulado éxitos deportivos en instituciones de élite como el Bayern de Múnich, el Liverpool o la Real Sociedad, sino que ha sabido construir un entramado empresarial y patrimonial que lo sitúa como un referente de la inversión inteligente en el mundo del fútbol.
A diferencia de otros perfiles deportivos, Alonso comenzó a diversificar sus ingresos mucho antes de colgar las botas. Su visión a largo plazo le permitió aprovechar salarios de primer nivel, que en su última etapa como técnico oscilaron entre los siete y nueve millones de euros anuales, para consolidar un perfil de inversor diversificado.
Esta mentalidad le ha permitido no depender exclusivamente de sus contratos profesionales, creando una base económica sólida que combina la explotación de su imagen personal con una ambiciosa apuesta por el sector inmobiliario de lujo.
El valor de la marca personal y los acuerdos publicitarios
La imagen de Xabi Alonso se ha convertido en un activo central de su negocio, proyectando valores de elegancia, profesionalidad y éxito que resultan sumamente atractivos para las firmas de lujo. A lo largo de los años, el técnico ha ejercido como embajador de marcas de renombre mundial como Porsche, Adidas o Emidio Tucci, colaboraciones que han reportado beneficios significativos a su balance personal.
Su impacto no se limita a los medios tradicionales, ya que su presencia en el sector del entretenimiento digital, como su vínculo con el videojuego Top Eleven, demuestra una capacidad constante de adaptación a los nuevos mercados.
Este alcance mediático se ve multiplicado por su influencia en las redes sociales, donde gestiona una comunidad que supera los 13 millones de seguidores en Instagram, un hecho que funciona como un imán para nuevos acuerdos comerciales de alto nivel que complementan su actividad principal en el mundo del fútbol.
Tavaro S.L.: la gestión estratégica del ladrillo
El pilar fundamental de su riqueza se encuentra en la gestión inmobiliaria, una actividad que desarrolla de forma discreta y profesional. El técnico centraliza gran parte de sus operaciones bajo la denominación de Tavaro S.L., una sociedad que cuenta con su esposa, Nagore Aranburu, como administradora única.
Esta colaboración conyugal ha permitido a la pareja adquirir y administrar propiedades singulares de elevado valor en ubicaciones estratégicas, convirtiendo el sector inmobiliario en el verdadero motor de crecimiento de su patrimonio neto durante la última década.
Dentro de esta cartera de activos destaca, por encima de todo, su residencia en el exclusivo barrio de El Viso, en Madrid. Se trata de una mansión de 920 metros cuadrados construidos sobre una parcela de más de 600 metros, situada a escasa distancia del Santiago Bernabéu.
La vivienda, valorada en unos 15 millones de euros, cuenta con cinco plantas, piscina, sala de cine y plazas para cinco vehículos. Adquirida en 2015, la propiedad figura a nombre de ambos cónyuges a partes iguales y se encuentra libre de cargas hipotecarias, lo que refleja la solidez de sus inversiones en la capital.
Inversiones y retos urbanísticos en el País Vasco
El patrimonio de Alonso también tiene una fuerte presencia en su tierra natal, donde posee una propiedad icónica en el monte Igeldo de San Sebastián: este chalet, valorado en más de dos millones de euros, destaca por sus mil metros edificados y sus impresionantes vistas al mar Cantábrico.
No obstante, este activo en particular se ha visto envuelto en un complejo proceso legal debido a una edificación realizada en 2018 que, según denuncias vecinales, no cumpliría con la normativa municipal vigente. A pesar de este litigio que mantiene paralizada parte de la finca, el inmueble sigue siendo uno de los bienes más representativos de su cartera.
Además de estas grandes mansiones, el técnico ha diversificado su presencia en Guipúzcoa con activos de menor tamaño pero gran valor estratégico. Entre ellos figuran un piso de más de 200 metros cuadrados en una zona privilegiada de Donosti y un apartamento cercano a la playa de La Concha.
Con esta estructura patrimonial, Xabi Alonso inicia su nueva etapa profesional con una seguridad económica que pocos perfiles en el deporte pueden igualar.









