Es un viernes y el día es una postal. Voy por carretera Santa Eulalia a San Carlos a un establecimiento cual a esta altura es un mojón, conocido por todos en esta zona en particular y en la isla en general, voy al 100% Ibiza. ¿Quién no ha visto sus pegatinas en los maleteros de los coches que circulan por la isla al menos una vez? Me encuentro con Guillermo Fernández Oriol (Buenos Aires, 1952), uno de esos personajes atornillados en la historia y el presente de la isla. Un hombre con síndrome de noé; rodeado de gallinas, perros, gatos, tortugas e incluso peces – uno, que lleva en la isla desde 1978 y que la ha visto mutar con el tiempo para en el fondo verla no cambiar tanto.
No le conozco personalmente hasta este momento pero, a menos que sea una actor de Oscar, debo decir que la calidez, la ternura incluso que transmite este hombre es infinita. Tiene toda la pinta de esas personas buenas, nobles, correctas; uno de esos argentinos que salieron buenos de fábrica.
Me recibe, nos sentamos y comenzamos otro viaje por la vida de las personas de la isla que desde La Voz de Ibiza nos interesa descubrir…
-Cuéntanos un poco tu historia para conocerte mejor.
-Mi padre era geólogo y mis primeros 12 años vivimos en Río Turbio en Patagonia. Unos años magníficos, con mi caballo, con fantásticas alegorías de un niño. Para mí los primeros 6-7 años de una vida son vitales. Si hay amor y te tratan con cariño, la vida ya se gestiona de otra manera.
Luego en el 62 a mi padre lo mandaron a Buenos Aires desde la empresa donde trabajaba. Y en la ciudad acabé contratado por IBM. Ahí nuestras vidas cambiaron porque esa empresa era muy pujante en aquel entonces. Yo empecé a estudiar Ingeniería y antes de acabar ya empecé a trabajar en IBM como ingeniero de Sistemas. En el 78 yo conocí a una mujer y renuncié para irme con ese amor a vivir fuera… y acabé en la isla de Ibiza trabajando para Matutes [risas].
-Un momento, ¿cómo has pasado de una cosa a otra?
-Primero pasé de IBM Buenos Aires a IBM Madrid. Hablo de la época de los faxes. En Madrid pedí venir a Ibiza porque mi mujer tenía una amiga aquí. Me dijeron que no tenían nada en Ibiza pero en Palma sí, así que nos mudamos a Palma. Y una vez en Palma me comentan que Matutes estaba pidiendo un ingeniero de Sistemas para Ibiza entonces vinimos para aquí y empecé a trabajar aquí. Me acuerdo que me puso en una habitación de hotel suya en es Viver y había tanta humedad que poníamos las páginas del diario El País contra la pared y por la mañana se caían de la humedad que hacía.
-¿Año 79?
-Sí, sí, fue justo después de que el dictador Videla robara el Mundial de Fútbol para Argentina [carcajadas].
Pero para Matutes sólo trabajé de septiembre a diciembre porque enseguida me di cuenta que era más de lo mismo y no tenía ganas de hacer ese trabajo. Renuncié y me volví hippie total. Alquilamos una casita a 500 metros de aquí y mis padres me mandaban dinero y a tomar vino, había uno que se llamaba Olarra que era un vino alucinante y vivíamos alegremente. Luego mi mujer quedó embarazada y en la casa de campo fabulosa y tan a gusto…
Un día fui al banco a pedir dinero y me dijeron “te quedan 102 pesetas”. Mi familia me dijo que ya no había más dinero y yo sinceramente no sabía cómo ganar dinero que no fuera un sueldo para el que no estaba dispuesto a trabajar 8 horas al día.
Entonces un amigo me ofreció darme una mesita con unas mariposas de hule para vender en la playa. Y sacábamos para la harina, pasta, salsa de tomate… para comer.
Hoy los jóvenes tienen más conciencia evolutiva pero yo en aquel entonces no tenía idea de casi nada. Y claro, no alcanzaba y nos empezamos a endeudar…
-¿Cuánto hay de verdad de eso que dicen que en aquel tiempo había absoluta libertad, sexo libre, drogas, alegría, hermandad…?
-Sí, pero tampoco te creas que ha cambiado mucho [risas].
Era un paraíso total. Vivíamos en una fraternidad cosmopolita alucinante. Piensa que Ibiza tiene 5 mil años de historia social. Esto es un crisol de nacionalidades y personalidades que hace miles de años se fusionan en un mismo lugar. Había muchos argentinos, siempre en esta isla han habido muchos argentinos… Y vivíamos con muy poquito, no hacía falta mucho para vivir bien. Al final acabé en Santa Eulalia en un puesto de venta ambulante y conocí a un francés que hacía falsificaciones de cuadros al óleo en lienzo desde Barcelona. ¡Increíble como se vendían esos cuadros! Luego por las noches me ponía un sombrero con una pluma y vendía en los restaurantes.
-Una muy buena época
-Sí, pero tampoco duró mucho y vuelta a empezar desde mi poca idea de generar negocio. Ahora me resulta tan difícil de entender cómo pude ser así entonces.
Luego ya con 2 hijos al fin se me ocurrió una idea, teníamos un Renault 4 que había comprado por teléfono en Madrid.
La idea era: “Si nosotros cargamos el coche con leña y lo repartimos a domicilio no hay nadie quién lo haga”. Y eso fue la visión, y empezamos a trabajar y a trabajar – pero – muchísimo. Conocí a un hombre en una serrería que nos empezó a dar más y más leña.. Alquilamos un solar y empezamos a apilar y a repartir en casas payesas pero también en pisos, subíamos y bajábamos todo el día. Pero tuve un problema porque mi compañero tenía problemas con la heroína y eso complicó todo. En esa época había mucha heroína en la isla, ahora creo que ya no tanto. El problema es que si estaba drogado era un señor, un cirujano, pero si no, se venía abajo mucho y al final me di cuenta que con él no podía contar. Luego apareció otra persona, un madrileño, que me ofreció justo en ese momento asociarnos ya que él tenía dinero para expandir el negocio y además tenía la idea de vender ropa en París que fabricaríamos en Bali.

-Y ahí fue cuando alquilaste este lugar que hoy conocemos todos como 100% Ibiza?
-Sí, exacto. Ahí fue cuando ya el negocio tomó forma final. Justo en ese momento me llama el socio nuevo y me dice que cerró el primer contrato de 35 mil prendas con grandes casas de París. Me decía «¡acaba de cambiarnos la vida!».
Y yo no podía parar de preguntarme – “será cierto” – todo el rato. Fuimos al banco con las órdenes al portador y se nos habilitó un dinero. Con ese dinero nos fuimos a Bali para hacer 35 mil prendas que teníamos el diseño en un cd, con 12 modelos de ropa con 4 tallas diferentes y colores… Me superaba entonces e incluso ahora decirlo [risas], pero es que además la S de los tops tenía que tener 18,20 mm, el otro 23 mm, y al medir ninguna cuadraba y nos dimos cuenta que en Bali la ropa es barata, ¡pero no precisa! Y nos pasábamos corrigiendo sin parar y perdiendo tiempo mientras mi señora acá con los dos hijos aguantando. Para rematar empezaron las lluvias torrenciales en Bali, y claro, el batik se hace al aire libre para secarse…
En diciembre tenía que salir el barco para París, era mitad de enero y estábamos verdes… Al final acabamos 8 mil prendas que tuvimos que enviar por avión de Air France que costó una barbaridad de dinero y cuando fuimos a buscar el dinero que faltaba al banco nos dijeron que no había más, que había que cobrarle a los compradores. Al llegar la mercadería a París los compradores dijeron, “mira la letra pequeña, si no llegan a tiempo podemos demorar en pagar lo que sea mientras revisamos todo pero no hay plazos” o sea, que quebramos. Y mi socio había comprado a pagar puertas y ventanas que vinieron en 4 contenedores y se fue todo al garete…
-¿Y entonces? ¿qué pasó después?
-Acabé con este otro socio y tuve que hacerme cargo de todo. Y un día, después de disolver las dos empresas estaba solo, aquí, en el terreno, y me di cuenta que no necesitaba a nadie, que mejor solo que mal acompañado. Yo compraba a los payeses y revendía. Yo hacía el servicio. Yo cobraba. Y así funcionó. El año que viene cumplo 30 años de ese momento clave donde decidí jugármela solo. Y hoy tengo unos 500 clientes, a pesar de no ser de los más baratos de la leña, clientes a los que trato de una manera preferencial. Es cierto que esta temporada está muy floja, restaurantes que me pedían cada dos semanas ahora cada 4 o 5.
-¿Cómo es tu negocio, imagino viviendas y restauración – cómo son tus temporadas?
-En invierno las viviendas y en verano los restaurantes. Pero luego también hago limpieza de bosques y jardines. Corto pinos, peluquería de palmeras… hago muchos trabajos. Ahora tengo una trituradora que se llama Luisa y hacemos grandes limpiezas con ella. Porque ahora cambió la cosa, si quieres limpiar lo tienes que tirar en un centro oficial que cuesta una fortuna, quemar en muchos meses no se puede, entonces nosotros trituramos para compost y le damos una utilidad más.

-¿Colaboras con Bomberos?
-No,no, ellos tienen una empresa que se llama Tragsa que ayuda a limpiar caminos y esas cosas.
Pero cuando yo empecé no había nadie haciendo este servicio y ahora hay como 25 empresas.
-¿En serio, tantas?
-Sí, sí, y se buscan la vida y están en su derecho.
-¿Qué tipo de madera vendes?
-Todo tipo de madera vendo, antes la que hacíamos aquí pero luego tengo que importar para cubrir demanda. Es complicado porque pago sueldos buenos y tengo bastantes gastos de maquinaria y su mantenimiento, tengo varios camiones, etc. Pero las cosas van bien, la gente me conocen y esto va encaminado porque ya son décadas vendiendo leña.
-¿Tipos de maderas [insisto con una sonrisa]?
-Básicamente hay dos tipos, pino, y otro que aquí le llaman Árbol. Y le llaman árbol a lo que no es pino, a saber; el almendro, el algarrobo, la sabina, la encina, el roble, etc. En los dos últimos casos son madera de fuera, que la tengo que traer en trailers desde la península que cuestan una fortuna. El olivo lo que tiene de bueno es que aunque no esté del todo seco como tiene aceite dentro va muy bien siempre. Luego están los tamaños… Y nosotros vendemos mezclas, de árbol y pino. Hay gente que me pide 70% de una cosa y 30% de otra por ejemplo, y me pueden pedir por ejemplo que la medidas tienen que ser de 40 …
-¿Y se vende por kilo?
-Sí, el mínimo que llevo a domicilio son 500 kilos. Y luego lo que necesiten, si quieres 1 tonelada o 2 o 3… Y luego tengo sacos de pino y de árbol. Tengo montones de 100 kilos sin sacos que es más barato… Y pasan coches todo el día, porque además la leña está de moda por la subida del coste de la luz. Y a la gente le encanta la leña, entre un radiador y una chimenea no hay competencia. Pero si estás en una tercera planta sin ascensor – cuidado [risas], ahí puede cambiar la cosa.
-Tienes que tener clientes de muchos años, imagino…
-Uy sí, además tengo en la base de datos todos los detalles de cada uno, donde le gusta que le sirvamos, si es entregar o entregar y acomodar y donde, que tipo le gusta, todo… Y además somos súper puntuales, algo que no pasa mucho en la isla [risas]. Que la atención al cliente sea perfecta para mi es primordial, es fundamental. Y cuando hay un error propio es una oportunidad de demostrarle al cliente que uno se hace cargo y responde. Y lo mismo con los empleados, les pago muy bien porque reconozco que sin ellos no hay empresa.

-Pero si compro una tonelada, ¿cómo sé que lo que me dejas es una tonelada?
-Porque peso el camión vacío y cargado en Can Curreu y te llevo el ticket. Eso no lo hace nadie. La transparencia es necesaria para mí. Las cosas claras.
-¿Y lo del carbón?
-Y lo del carbón se fue añadiendo como un adicional porque conocía al distribuidor de carbón y hasta hoy. En un momento pensé traer de Argentina pero es tal el lío y además para que valga la pena hay que traer una barbaridad, y que vale igual 30 mil euros para tenerlo bajo una lona a la espera de venderlo todo. Prefiero comprar en la península.
-Imagino que tu cliente de ese producto son las parrillas de las isla y algún cliente suelto, un particular, ¿no?
-Sí, exacto, pero si quieren 5 o 6 sacos por semana se los vendo yo y si quieren 20 por semana directamente lo conecto con mi proveedor, y sin pedir comisión. Es muy importante tener la mano abierta para hacer negocios, y no pensar en la propia retribución todo el rato, todo gesto de generosidad volverá de otra manera.
-¿Y el carbón en sacos de cuánto?
-17 kilos.
[me río] – ¿Por qué 17 y no 20 o 10?
-Porque sí, es lo que pesa, pero lo importante es que sea de buena calidad, porque los malos hacen mucha chispa, se gastan muy rápido… pero no se ha vendido mucho este año.
-Está siendo una temporada floja…
-Nosotros hemos vendido un 30% menos. Pero mi temporada empieza ahora el 15 de septiembre, que es mi cumpleaños, y hasta el 15 de marzo, ese es mi período de mayor venta.
-Bueno, cada vez que hay una Eurocopa o JJOO la isla sufre una caída de turismo…
-Sí, pero creo que algunos clientes ya se traen containeres ellos mismos por precio, eso antes no pasaba.
-¿Qué es lo que más te gusta de Ibiza?
-Lo que más me gusta es la red social. Tú piensa que en mi negocio entran docenas de personas al día, israelitas, musulmanes, persas, japoneses, holandeses, alemanes, ingleses, gente con mucho registro y con poco, de todo tipo. Ese crisol de culturas en donde yo me nutro.
-He escuchado que te casas, a los 72 años, ¿cómo es eso?
-[se le ilumina la cara, pero desde adentro] Sí, yo le fui a cortar unos pinos a su casa…
-¿Cómo se llama?
-Sophie, es belga [dice con cara de adolescente enamorado]. Y ella me miró, más de lo que yo la miraba. Al año siguiente volvió a verme pero con su compañero, un tipo que a mi me encantó, un tipo divino. Lamentablemente cayó enfermo. Un día estaba mirando la tele y ella entró y me dijo “nosotros tenemos que ir a tomar una cerveza”. Pero, rebobino, antes de esto una amiga, Encarna [mi próxima entrevista por cierto], una divina que tira el Tarot le digo “mira, yo tengo 70 años, yo ya no tengo ni edad ni hormonas para ir por ahí a buscar nada…” y ella me dice “vamos a hacer una truco de psicomagia, vas a enterrar una esmeraldas con miel”… Mi hija me pide las esmeraldas por Amazon, me llegan, las entierro con cierto escepticismo porque yo soy científico, debajo de un olivo. Unas semanas más tarde viene un Range Rover con un señor muy particular, serio y formal, que se sienta y estábamos hablando y me dice, tal cual, “tengo unas ganas terribles de besarte”… y yo le explico que no va a poder ser, que soy heterosexual, pero nos hicimos amigos. Luego vino una mujer francesa, y una holandesa… te lo juro, ¡increíble! Y luego vino Sophie, una mujer súper inteligente, sin ninguna historia, ni carga ni nada y me enamoré hasta los huesos.

-¡Imagino que has llamado a Encarna, la tarotista, para parar el conjuro! [risas]
-Sí, sí, me dijo ponle una planta encima y le puse un jazmín. Y ahí está, enorme, pero ¡fíjate cómo son las cosas! Creo que conocemos el 2% de la magia que hay en este mundo, y siento que la unión con mi señora es una unión de almas. Me quiere de una manera que yo no sabía que se podía querer. Es increíble.
-¿Y antes de Sophie hace cuánto que estabas solo?
-Siete años. Ya había descartado volver enamorarme o incluso el sexo. Y tengo todo, en abundancia, es como un sueño lo que estoy viviendo. Y un día le digo, “¿y si nos hacemos unos anillos?”
[“mirá” me dice y enseña un anillo con dos iniciales y sigue contando] “¿Y si nos casamos?” No en plan ayuntamiento, si no, entre nosotros y total, que ¡nos casamos! Empecé a organizarlo y de repente hay 150 invitados porque me conoce mucha gente, y encima invité a gente que vive en Argentina, en Brasil imaginando que me dirían “muchas gracias pero queda lejos, en esas fechas…” – no- vienen todos [carcajadas].

-¿Y qué plan tenéis?
-Vamos a hacer una boda simple, entre amigos a los que le regalaremos una madera de olivo con motivo de la boda como souvenir. Y será el 17 de octubre a la 1:26 del mediodía porque mi hijo Adán que es astrólogo me dijo que en ese momento preciso se hace la luna nueva en Aries, y es la luna perfecta para casarse porque es la luna de los nuevos ciclos. El maestro de ceremonia será Melchior Arnold que es un amigo y seguro lo hará de una forma especial.
-Qué regalazo enamorarse así a tu edad, ¿no?
-¡Si! [dice con cara de realizado, con sonrisa plena] … ¡que viva el amor!
