Lo que aparenta ser un simple grupo de WhatsApp para turistas que buscan fiestas, discotecas y recomendaciones en Ibiza es, en realidad, una plataforma de venta de drogas abierta las 24 horas. Cocaína, MDMA, marihuana, tusi y pastillas de éxtasis se ofrecen con precios publicados, códigos en clave y servicio de entrega coordinado por chat. Algunos vendedores van más lejos: promocionan sus comprimidos como «libres de fentanilo» y adjuntan fotografías de tests negativos como si fueran un sello de calidad.
Fuentes de La Voz de Ibiza accedieron al historial de al menos dos grupos activos durante la temporada 2026 donde se documenta una estructura organizada de narcotráfico digital: venta minorista y mayorista, captación de turistas de más de una decena de países y agradecimientos públicos tras cada entrega cerrada. En esta redacción, el fenómeno tiene ya nombre propio: el ‘CamelloApp’.
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«Está nevando en Ibiza»: el código en abierto con el que el ‘CamelloApp’ anuncia la llegada de cocaína
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Cierran un grupo y abre otro: así muta el ‘CamelloApp’ de Ibiza para esquivar los controles de WhatsApp
Venta de drogas en WhatsApp: el menú completo publicado en el grupo
El primero de los grupos no ocultaba su actividad. En la descripción —visible para cualquier usuario que ingresara mediante un enlace público de invitación que circulaba libremente en redes sociales— aparecía una lista completa de drogas con precios detallados por gramaje.
El catálogo incluía MDMA cristal a 35 euros el medio gramo y 45 el gramo entero; cocaína a 40 y 80 euros; marihuana desde 10 euros el gramo hasta 80 euros los diez; pastillas de éxtasis a 10 euros la unidad, con una supuesta concentración de 300 miligramos de MDMA; y tusi —la cocaína rosa— a 35 y 70 euros. Sin ambigüedad, sin código. Una carta de precios.
El responsable del grupo se identificaba bajo el alias de «Dealer Oficial». WhatsApp terminó cerrando el canal, aunque poco después apareció un segundo grupo con la misma dinámica y, al parecer, el mismo operador, pero con lenguaje más cifrado y sin precios a la vista.

Pastillas de éxtasis «libres de fentanilo» como estrategia de marketing
Uno de los elementos más llamativos detectados por La Voz de Ibiza fue el uso de tests de fentanilo como reclamo comercial.
En el segundo grupo, el vendedor compartió de madrugada fotografías de pastillas verdes de éxtasis dentro de bolsitas zip transparentes, acompañadas de tests rápidos de detección de fentanilo con resultado negativo. El mensaje era explícito: «Para que se lo enseñes a tus futuros clientes».
Los tests de fentanilo son una herramienta de reducción de daños impulsada por organizaciones como Energy Control para que los propios consumidores detecten si una sustancia ha sido adulterada con el opioide sintético que provoca una crisis sanitaria sin precedentes en Estados Unidos, con más de 70.000 muertes anuales. En este caso, el mecanismo se invierte: el vendedor realiza el test, fotografía el resultado y lo usa como garantía comercial. Otro mensaje del mismo envío apuntaba directamente al turista norteamericano: «Para los estadounidenses, nada de fenta en mi mierda».
La frase «para enseñárselo a tus futuros clientes» revela además que el negocio no se limitaba al consumidor final. El operador también abastecía a distribuidores intermedios y les proporcionaba material de venta listo para usar. No es menudeo: es una cadena de suministro.
Las «superpastillas» de MDMA, una alerta creciente en Europa
Otro de los puntos que genera alarma es la potencia declarada de las pastillas de MDMA comercializadas en estos grupos.
Según el menú publicado, cada comprimido contenía 300 miligramos de MDMA. Hace apenas una década, la dosis recreativa estándar oscilaba entre 80 y 120 miligramos. El Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías lleva años alertando sobre el aumento de las llamadas «superpastillas» y su relación directa con el incremento de urgencias hospitalarias y episodios graves en festivales de toda Europa. Los grupos de WhatsApp analizados las ofrecen con la misma naturalidad que cualquier otro producto del catálogo.
El tusi ya forma parte de la oferta habitual en Ibiza
La presencia del tusi en el catálogo refleja cómo ha evolucionado el mercado de drogas recreativas en la isla.
La llamada cocaína rosa —una mezcla que habitualmente combina ketamina, MDMA y colorantes, popularizada en los últimos cinco años desde Colombia hacia los circuitos europeos de música electrónica— aparece ya integrada como una sustancia más dentro de la oferta dirigida a turistas internacionales. No como rareza, sino con precio definido y en igualdad de condiciones que el resto del catálogo. Su consolidación en el menú abierto de estos grupos es uno de los indicadores más claros de que el mercado de drogas de síntesis en Baleares está cambiando.

«Está nevando en Ibiza»: el código para anunciar cocaína
Los mensajes en clave forman parte central de la dinámica del grupo.
Un jueves por la tarde, el operador publicó en inglés: «Guys it’s snowing in Ibiza», con emojis de copos de nieve. Las temperaturas en la isla superaban los 20 grados. El mensaje no hacía referencia al tiempo: anunciaba la llegada de cocaína.
Los miembros del grupo respondieron en el mismo registro: «Empacaré mis botas de nieve», «Me voy a esquiar», «Huele increíble».
Cuarenta minutos después, el vendedor publicó agradecimientos públicos por dos entregas ya realizadas, mencionando a los compradores por su nombre de usuario: «Meetup done, thanks so much brother». Uno de los clientes respondió que recomendaría el contacto «a amigos de los Balcanes».
La lógica del sistema se asemeja más a una aplicación de delivery que a una estructura clásica de narcomenudeo. Lo confirma un detalle de esa misma noche: un usuario se quejó en el chat porque su pedido —la «versión blanca»— había tardado cinco horas en llegar. Lo hizo en el tono exacto de una reseña negativa de reparto a domicilio.
Cómo captan turistas para vender drogas en Ibiza
El método de captación seguía un patrón sistemático.
El operador participaba inicialmente como un turista más, compartiendo recomendaciones reales sobre fiestas, discotecas y ocio nocturno en Ibiza. Cuando algún usuario pedía drogas en abierto, se identificaba como vendedor, concretaba el producto disponible y derivaba de inmediato la conversación al privado. La cobertura turística del grupo no era accidental: era la estrategia.
En una de las conversaciones documentadas, un usuario preguntó por qué comprar por el chat era más barato que hacerlo en la puerta de un club de Ibiza. La respuesta del operador: «Te ahorras la cola. A veces hay oferta online que viene con una copa».
Cierran un grupo y aparece otro: así funciona el «CamelloApp»
Tras el cierre del primer grupo por parte de WhatsApp, la estructura se reactivó en pocos días mediante un segundo canal con la misma audiencia internacional y el mismo esquema operativo.
La diferencia era el nivel de discreción. Desaparecieron las listas de precios y los nombres explícitos de sustancias. Las conversaciones se derivaban hacia Telegram y el operador introducía una frase que se repite con precisión de protocolo: «Mantengamos el grupo limpio de esos mensajes». El ciclo de cierre y reapertura no es un contratiempo: es parte del funcionamiento del modelo.
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