"UNA NAVIDAD DIFERENTE"

El episodio que marcó la Nochebuena de Celia Vega-Penichet, sobrina de Ana Obregón, y encendió todas las alarmas

La mujer relató el grave susto de salud que sufrió el 24 de diciembre y que la llevó a Urgencias tras un año especialmente delicado

Celia Vega-Penichet se despide de un año especialmente complicado en el plano de la salud. La sobrina de Ana Obregón ha vivido un 2025 marcado por ingresos, diagnósticos complejos y un desgaste físico y emocional constante. El último episodio, ocurrido en plena Nochebuena, fue el que más miedo le ha hecho pasar y el que la llevó de urgencia al hospital, una experiencia que ella misma ha decidido compartir públicamente.

Tal y como explicó a sus seguidores, Celia padece «una compleja condición viral-bacteriana que causa agotamiento inmunológico crónico y desregulación», además de «una respuesta neuroinmune e inflamatoria que afecta varios sistemas a la vez». Con este contexto de base, cualquier síntoma adquiere una dimensión diferente, algo que quedó patente en el susto vivido el pasado 24 de diciembre.

“Una Navidad diferente” marcada por el miedo

«Una Navidad diferente». Así definió Celia Vega-Penichet las fiestas de este año, muy alejadas de la imagen habitual de celebraciones familiares tranquilas. Según relató, el plan era sencillo: llegar a casa de su madre, Celia García Obregón, preparar la cena juntas y compartir la velada con calma. Sin embargo, su cuerpo tenía otros planes.

«El día 24 llegué a casa de mi madre para preparar juntas la cena y cenar tranquilamente, pero mi cuerpo tenía otros planes», comenzó explicando. Nada más llegar, notó que algo no iba bien. Describió un malestar general que fue escalando con rapidez y que no dio margen a la duda.

Entre los primeros síntomas, detalló «malestar general, dolor de cabeza, mareo y sensación de que me siento regulinchi». Lejos de remitir, el cuadro empeoró en cuestión de minutos: «Vómitos, fiebre muy alta, escalofríos y un dolor articular brutal», una combinación que ya apuntaba a una situación grave.

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Síntomas alarmantes y decisión de acudir a Urgencias

El punto de inflexión llegó con una serie de síntomas neurológicos y respiratorios que hicieron saltar todas las alarmas. «De repente, los dedos rígidos en forma de garra, me costaba respirar y perdía sensibilidad en cara y pies», relató. Fue entonces cuando, siguiendo el consejo de su madre, tomó la decisión de acudir a Urgencias.

El trayecto hasta el hospital quedó prácticamente borrado de su memoria. «Urgencias en Nochebuena. El trayecto en taxi ni lo recuerdo. Temblaba, deliraba y luchaba por mantenerme consciente», explicó, dejando constancia de la gravedad del momento.

Ya en el hospital, la situación no fue menos intensa. Celia describió escenas de gran dureza física y emocional: «Gritos de dolor, por fin me cogen una vía, mi cuerpo y cara rígidos, frío gélido». En medio de ese estado, su mente se aferró a una idea para resistir: «Mi mente repetía un único mantra: El dolor es relativo».

El agradecimiento al personal sanitario en una noche clave

Pese al miedo y al sufrimiento, Celia quiso subrayar su «gratitud infinita» hacia el personal sanitario que la atendió en uno de los momentos más delicados del año, la víspera de Navidad. Un reconocimiento explícito a quienes estuvieron a su lado cuando ella se encontraba en su punto más bajo.

Su deseo inicial era volver a casa lo antes posible, pero las pruebas médicas descartaron esa posibilidad. Las analíticas revelaron un cuadro más complejo de lo esperado, obligando a prolongar la atención médica.

«Leucocitosis con neutrofilia, alteraciones de electrolitos, inflamación sistémica y una infección en sangre sin foco claro», enumeró, antes de ofrecer una explicación más comprensible para sus seguidores: «Traducción: mi cuerpo de fiesta y yo sin saberlo».

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Un año encadenando problemas de salud

Este episodio no fue un hecho aislado dentro de un año especialmente duro. La propia Celia recordó que su cuerpo llevaba semanas enviando señales de alarma. «La semana anterior, anginas que me obligaron a cancelar el inicio del tratamiento para la enfermedad de Lyme que me diagnosticaron a finales de septiembre», explicó.

Antes de eso, había sufrido otro episodio grave: «La semana previa a esa, pielonefritis aguda, otro ingreso». Una sucesión de problemas médicos que ayudan a entender el desgaste acumulado y la fragilidad de su estado de salud en la recta final del año.

Convivir con la enfermedad de Lyme

En este contexto, Celia Vega-Penichet puso nombre al trastorno que condiciona su día a día. «Convivo —y conviviré— con la enfermedad de Lyme. Es compleja, multisistémica y poco colaboradora», afirmó con total claridad.

También quiso poner el foco en la dificultad del diagnóstico en España: «En España es apenas conocida y difícil de diagnosticar». Según explicó, vivir con esta enfermedad supone enfrentarse a una realidad cambiante e imprevisible.

Ella misma lo definió como «una montaña rusa: días malos, buenísimos… y cambios en cuestión de horas. Genial», una frase que resume la inestabilidad física y emocional que implica esta patología.

Aprendizajes, diagnóstico y una actitud resiliente

A pesar de la dureza del camino, Celia destacó el valor de haber llegado a un diagnóstico. Para ella, saber qué ocurre en su organismo ha supuesto un punto de partida para replantearse muchas cosas. «He aprendido a escuchar a mi cuerpo y a cuestionar ideas muy arraigadas: descansar no es rendirse y Celia no equivale a su productividad», reflexionó.

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Un mensaje que va más allá de lo médico y que conecta con una forma distinta de entender el autocuidado y los límites personales, especialmente en una sociedad que valora la actividad constante.

Lejos de cerrar su relato desde la tristeza, la sobrina de Ana Obregón quiso lanzar un mensaje optimista y agradecido hacia quienes la acompañan. Dando las gracias a todos los que la apoyan, se mostró con ánimo y sin perder su característico sentido del humor: «Pero… a ver, que estoy bien, ¡y a full de motivación! Como siempre, más y mejor y siempre con mucho sentido del humor».

Así, Celia Vega-Penichet pone fin a un año marcado por los sustos y la incertidumbre, pero también por el aprendizaje, la resiliencia y la determinación de seguir adelante, incluso cuando el cuerpo obliga a frenar.

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