Cada invierno, mientras miles de naranjas y limones caen al suelo sin llegar a recogerse, un pequeño grupo de voluntarios se adentra en fincas de Ibiza para rescatar la fruta que de otro modo acabaría desperdiciada. Bajo el nombre de Save the Citrus, esta iniciativa comunitaria recoge cítricos locales y los destina a entidades sociales que atienden a personas y familias en situación de vulnerabilidad, conectando el campo con la ciudad en una isla donde la mayoría de la fruta que se consume llega de fuera.
La iniciativa comunitaria busca apoyos y colaboraciones para ampliar su actividad solidaria de recogida y redistribución de cítricos locales, con el objetivo de reducir el desperdicio alimentario y apoyar a familias que dependen de donaciones de alimentos en la isla.
El proyecto es impulsado desde sus inicios por la activista Salacia Dawn, quien vive en Londres pero lleva viajando a la isla durante los últimos quince años. «Tengo una gran conexión con Ibiza», dice. Ella comenzó esta tarea tras detectar el contraste entre la gran cantidad de fruta que se pierde cada invierno y el aumento de personas en situación de vulnerabilidad. “Durante la pandemia había mucha más gente dependiendo de donaciones y, al mismo tiempo, muchísimas naranjas en el suelo que no se aprovechaban”, explica.
Save the Citrus comenzó como una respuesta directa a esa contradicción, después de que Dawn tomara conciencia del problema del abastecimiento alimentario local. Según relata, ya en 2019 descubrió que el 98% de la fruta fresca que se consume en Ibiza es importada, pese a la abundancia de árboles frutales en la isla. “No tenía sentido que se trajeran naranjas de fuera mientras aquí se desperdiciaban”, señala.

Trabajo con granjas locales y recogidas semanales
Actualmente, el proyecto trabaja de forma regular con una finca local que cuenta con alrededor de mil árboles, lo que permite realizar recogidas semanales con grupos de entre 10 y 15 voluntarios. En apenas una hora, el equipo logra limpiar el suelo de fruta caída y llenar varios vehículos con naranjas y limones destinados a donaciones.
La relación con los propietarios de la finca se basa en la confianza y el compromiso social, ya que se trata de una pareja mayor que comparte la vocación solidaria del proyecto. “Para ellos era importante que la fruta fuera destinada a Cáritas, una organización que valoran mucho”, explica Dawn, quien añade que en ocasiones, tanto ella como algunos voluntarios compran fruta directamente a la finca como forma de apoyo.
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Destino de la fruta y papel de Cáritas
La mayor parte de los cítricos recolectados se entrega a Cáritas en Ibiza, entidad a la que Save the Citrus destina de forma habitual la fruta recogida. Los voluntarios se encargan del transporte hasta la ciudad, donde la fruta se distribuye entre personas y familias que dependen de ayuda alimentaria. Parte de las naranjas recogidas se usan para hacer jugo.
Desde su creación, la iniciativa ha realizado cerca de un centenar de visitas para recoger frutas, con una media de unas 500 naranjas recogidas en cada jornada. Aunque no existe un recuento exacto, Dawn estima que cerca de un millar de personas se han beneficiado indirectamente del proyecto desde 2021.
70 voluntarios y un enfoque comunitario
Save the Citrus cuenta actualmente con unos 70 voluntarios organizados a través de un grupo de WhatsApp, que participan de forma rotativa en las recogidas. Las jornadas comienzan con un breve encuentro grupal y un momento inicial de conexión con el entorno natural antes de iniciar la cosecha, un enfoque que refuerza el carácter comunitario de la iniciativa.
“Para mí es importante conectar con la tierra y con las personas”, explica Dawn, quien subraya que el proyecto no se limita a recoger fruta, sino que busca generar vínculos y conciencia sobre el valor del entorno rural de Ibiza.

Una furgoneta y una exprimidora, las principales necesidades
De cara a esta nueva temporada de cítricos, Save the Citrus busca el apoyo de empresas, hoteles o entidades locales para cubrir dos necesidades clave: una furgoneta y una exprimidora industrial. La furgoneta permitiría no solo facilitar el transporte de la fruta, sino también hacer posible en el futuro el traslado de personas beneficiarias desde núcleos urbanos hasta las fincas, ofreciéndoles la posibilidad de participar en las recogidas y salir de su entorno habitual.
La exprimidora industrial permitiría crear puntos de zumo comunitarios en distintos puntos de la isla, como restaurantes o espacios sociales, donde cualquier persona podría exprimir fruta local de forma gratuita y destinar parte del zumo a entidades solidarias.
Mirando al futuro
Aunque en el futuro no descarta ampliar el proyecto a otros frutos excedentarios como higos o granadas, Dawn asegura que, por ahora, la prioridad es consolidar Save the Citrus. “Los cítricos ya son una tarea enorme. Prefiero que el proyecto crezca de forma orgánica y segura”, afirma.
La iniciativa se ha convertido en un ejemplo de cómo el voluntariado y la colaboración local pueden transformar un problema de desperdicio en una red de apoyo comunitario, en una isla donde la dependencia alimentaria y la sostenibilidad siguen siendo retos centrales.












