La combinación de fuertes vientos y el fenómeno conocido como “Malamar” ha mantenido a la flota pesquera de Formentera amarrada a puerto durante gran parte de lo que va del año. Según explican desde el sector, los barcos llevan más de un mes sin poder salir a trabajar con regularidad, con apenas alguna salida puntual en zonas de refugio que no ha logrado compensar la falta de capturas.
Esta situación ha tenido un efecto inmediato en las pescaderías de la isla, que actualmente no disponen de pescado local fresco. Para poder abastecer a sus clientes, los establecimientos han tenido que recurrir casi exclusivamente a pescado congelado, de piscifactoría o traído desde la Península, según ha destacado IB3 en un informe.
Ante este escenario, los consumidores se ven obligados a modificar sus hábitos de compra o aceptar producto foráneo ante la ausencia del género habitual de proximidad.
Impacto económico en cadena
El parón meteorológico ya está dejando huella en la economía del sector. Tanto pescadores como pescaderos reconocen una caída notable de ingresos en estas semanas.
“Es un desastre”, señalan fuentes del sector, que alertan de la reducción de ventas y del impacto directo en la cofradía de pescadores, cuyos ingresos dependen en buena medida de la actividad diaria en el puerto.
El inicio de año, que tradicionalmente permite cierta estabilidad tras los meses más duros del invierno, se ha visto marcado en esta ocasión por la inestabilidad marítima.













