La difusión de los audios de Emilio de la Calle ha generado una ola de indignación tras el análisis del caso en Más Vale Tarde. Las grabaciones, donde el comisario humilla y amenaza a una agente bajo su mando, provocaron una condena masiva.
Sin embargo, fue la abogada Beatriz de Vicente quien le puso nombre y características al comportamiento del mando policial: para ella, no sólo estamos ante una autoridad que ha ejercido violencia de género en repetidas ocasiones, sino ante un cuadro de «trastorno sádico de la personalidad».
Cuando la autoridad cruza un límite
De Vicente, con décadas de experiencia en tribunales y criminología, confesó su asombro ante la dureza del material filtrado. Lo que más impactó a la letrada fue la «crueldad desmedida» y el odio que destilan las palabras del comisario; por esta razón, ha definido el perfil del comisario como «trastorno sádico de la personalidad». Frases como «te dejo como un trozo de carne» o «¿qué hago, te pego?» constituyen delitos con penas de cárcel, según la abogada.
Pese a la gravedad de las pruebas, la abogada insistió en que perfiles con esta «inquina» son casos aislados y que en el cuerpo abunda la «buena gente». Su análisis dejó claro que la justicia debe actuar con contundencia ante una conducta que calificó de «espectacular» por su nivel de perversión.
El muro de la jerarquía: ¿por qué falló el sistema?

La mesa de debate también puso bajo la lupa los mecanismos de control de la Policía Nacional. Tania Sánchez fue muy crítica con el hecho de que la víctima tuviera que grabarlo todo para ser escuchada.
Para la colaboradora, es «inaceptable» que la protección dependa del esfuerzo individual de la agente acosada. El problema, señaló, reside en una estructura jerárquica que obliga a denunciar abusos ante el propio superior, lo que genera un círculo de silencio imposible de romper.
Sánchez reclamó una reforma urgente: vías de denuncia que queden al margen de los mandos directos y una atención real a la salud psicosocial de los funcionarios. Para los analistas, la policía falló en su deber básico de cuidado, dejando a una subordinada sola frente a un superior que utilizó la jerarquía como escudo para el maltrato.









