TURISMO

Estancias cortas y consumo selectivo: la advertencia de un empresario sobre el turismo en Ibiza

Ibiza sigue atrayendo, pero el visitante ya no se queda igual: menos días, decisiones más rápidas y gasto más selectivo. Un empresario del sector pone el foco en el cambio que empieza a mover todo el tablero

Ibiza puede no estar perdiendo llegadas, pero sí “días de turista”. Esa es la alerta que plantea Andrés García-Prado, socio y cofundador del grupo Vivir Descalzo (con marcas como Playa Soleil, Roto y Remo), al describir un cambio de patrón: visitantes que acortan estancias, priorizan planes y concentran el gasto. En una entrevista concedida a Consumidor Global, el empresario lo traduce en impacto directo: “los visitantes tienen uno o dos días menos” para cenar, tomar copas o moverse por la isla.

En su análisis, la discusión sobre si “hay menos gente” cambia según el indicador. “¿Hay menos gente en Ibiza y Formentera? Depende de cómo lo cuentes. Si cuentas el número de personas que entran por el aeropuerto de Ibiza y comparas el año 2024 con 2025, la cifra es prácticamente la misma”, sostiene.

Estancias más cortas, menos “días de turista”

La frase que resume ese giro llega con una cifra llamativa: “Hay otras mediciones que dicen que cada día en Ibiza hay unas 8.000 personas menos”. Y la consecuencia, explica, no es abstracta: “Por tanto, los visitantes tienen uno o dos días menos para salir a cenar, para tomar copas, para ir a la playa o para alquilar coches. Y ese es un volumen importante”. Menos días disponibles implican, en la práctica, un visitante que concentra decisiones y reduce la espontaneidad.

Menos rebalse: se achica la lista de espera

Ese cambio en el patrón de consumo también se nota, según su relato, en algo que durante años funcionó como termómetro de la temporada: la lista de espera. “Hace unos años, llenábamos Roto al completo, con unos 400 cubiertos la noche, y además teníamos otros 200 en lista de espera”, recuerda. Y describe el “efecto arrastre” que alimentaba a otros negocios: “Esas 200 personas que no cabían en el restaurante terminaban cenando en, digamos, restaurantes de un segundo nivel (no de calidad, sino un segundo nivel de conocimiento)”. Ahora, afirma, el lleno puede mantenerse, pero el rebalse se ha reducido.

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Verano 2026: buenas sensaciones, con matices

De cara a los próximos meses, García-Prado se muestra optimista: “El verano de 2026 va a ser bueno. Es la sensación que tengo por las pre-reservas”. Incluso anticipa un escenario de alta ocupación: “Veo la curva y creo que, para la última semana de febrero, ya sabré que en alguno de nuestros locales vamos a tener unos 40 días en verano sin posibilidad de hacer reservas”. Pero advierte que ese impulso beneficiará sobre todo a “ los clásicos de las islas”, es decir, los que llevan “mucho tiempo” o “los que están muy de moda”.

Competencia global y turista de alto gasto

En su análisis, Ibiza y Formentera compiten en una liga internacional por un perfil concreto: “No podemos olvidar que Ibiza y Formentera, que son la cuna de la libertad hippie, compiten con Mykonos, Santorini y Miami. No hablamos del cliente normal, sino de uno que tiene muchísimo dinero”. Ese visitante —sostiene— tiene un peso decisivo en la economía anual: “Ese visitante genera un volumen de negocio muy alto y permite que la gente de las islas viva de ello todo el año”. Por eso, concluye, “tenemos que hacer que su experiencia sea tan satisfactoria como en esos otros lugares”.

Presión turística y regulación: “Prohibir poco”

Sobre el debate en torno a la presión turística, García-Prado introduce una lectura territorial: “Hay zonas de Ibiza con una presión alta y otras donde esa presión no se da. Hay unos determinados puntos de moda que son polos de atracción, y lo van a seguir siendo”. Y fija posición sobre la regulación: “Yo he sido toda mi vida de prohibir poco y de regular poco. Creo mucho en la libertad de la gente, mientras no molesten al de enfrente”. En esa línea, critica intentos de prohibición tajante de música o auriculares en determinados espacios: “no tiene sentido”, porque limita las “posibilidades creativas”. Su cierre apunta a un término medio: “Vamos a intentar hacer que las cosas sean razonables”.

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