ANTONIO LÓPEZ LÓPEZ / COFRADE

“He salido en unas 300 procesiones”: la vida del penitente más longevo de Ibiza

Desde cargar al Cristo hasta coordinar relevos, Antonio López ha vivido la Semana Santa desde dentro durante toda una vida. A punto de cumplir 80 años, sigue saliendo con la misma emoción que aquel joven de 19 que compró su primer traje por 300 pesetas

Hay tradiciones que no se explican, se viven. La Semana Santa es una de ellas: una mezcla de fe, cultura y emoción que recorre las calles al ritmo de tambores y pasos solemnes. Para los penitentes, cada procesión es mucho más que un acto simbólico: es una forma de compromiso, de identidad y, en muchos casos, de diálogo íntimo con lo sagrado. Una promesa que algunos, como Antonio López López, han sostenido durante toda una vida.

-¿Qué se celebra en Semana Santa?
-Se invoca la prisión, la tortura y la crucifixión del hijo de Dios. El motivo fue que los judíos y árabes mandaban con sus doctrinas respectivas y Jesús estaba difundiendo la Paz, la Igualdad y el Amor, y estas cosas molestaban a los judíos ricos que ordenaron su muerte. Además Jesús fue al templo en Jerusalén en plan contemplativo y a oír a los sabios hablar, y los judíos habían montado un mercadillo y Jesús no estaba de acuerdo. Comenzó a echarlos a empujones fuera del templo. Los altos mandatarios no podían aceptar que un pobre les mande, entonces la religiosidad viene con cómo se vivieron esos actos. Y lo que se rememora son los actos en contra de Jesús y la muerte de su Santa Madre luego. A partir de allí se creó la iglesia que conocemos, y por mandato de Dios, se expandió la doctrina por todo el mundo.

-¿Cómo recuerda la primera Semana Santa en la que haya participado?
-Antes de ser cofrade, la costumbre hacía que los gremios de pescadores, herreros y mecánicos esperábamos a los santos al pie de la muralla para subirlos a sus respectivas iglesias, así descansaban los cofrades. Íbamos de paisanos y luego  de subirlos nos invitaban una copita y nos volvíamos.

-¿Con cuántos años?
-19. Yo trabajaba en una gestoría y un conocido era cofrade de la Cofradía del Santísimo Cristo del Cementerio con sede en la parroquia de Santo Domingo, en la ciudad alta. Este amigo me preguntó que si le quería comprar el traje, y yo loco por comprarlo. Recuerdo que pagué 300 pesetas por él. Antes cuando crio, yo lo que hacía era escaparme bien temprano a ver las procesiones que algunas salían a las 6 de la mañana. Luego me presenté a los mandatarios de la cofradía y a partir de allí no he fallado ninguno. 

-¿Qué es lo que le emociona más al hacerlo?
-Yo no soy muy católico apostólico pero tampoco un hereje, entonces a mi la iglesia y las imágenes siempre me han gustado. De hecho cuando me paro frente a ellas, no me limito a santiguarse, les hablo directamente de tú a tú, con el debido respeto. Eso es lo que más me emociona. 

-¿Si no es muy católico que es, jesuita porque cree en Jesús…?
-Sí, no soy un beato, pero rezo y desde muy pequeño he tenido profesores que no nos metían la religión a topetazos pero nos enseñaron suficiente sobre religión e iglesia. 

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Yo hice la primera comunión, me casé por la Iglesia y he acompañado a mi madre que era una fan de Santa Rita, La Llorona, y cada 22 de mayo es su día del año y me llevaba cuando ya no podía ir sola por temas de salud. 

-¿Cuál es el nombre de la cofradía a la que pertenece?
-Se llama Cofradía del Santísimo Cristo del Cementerio, que está al lado del ayuntamiento viejo de la ciudad alta y se llama parroquia de Santo Domingo o de San Pedro en Dalt Vila. 

-¿Cuántas procesiones ha hecho en toda tu vida?
-No te miento si te digo unas 300… En Ibiza 60 años, 4 por semanas… y en Granada de paisano hice muchísimas. 

-¿Hay alguna diferencia entre aquellas y estas que suceden ahora?
-Sí, en las antiguas sobre todo en Granada la gente guarda respeto y silencio. Aquí en Ibiza, teniendo en cuenta que pasa por ambas partes de la ciudad, la alta y la baja, y el recorrido pasa por lugares como parques, bares, cafeterías, etc, más de una vez hemos tenido que ir a las terrazas a pedirles que se callaran, que estaba pasando el Santo Cristo. Y eran españoles, ingleses, alemanes, y de otras nacionalidades. Pero nosotros les hacíamos callar en todos los idiomas porque no se oía la procesión.

-Pero no si eso está bien, porque si los que están en la terraza no son creyentes y están en un sitio público ejerciendo su derecho de hablar, reír, etc. Que uno por cordialidad y respeto baje la voz está en uno, pero de ahí a obligar a callar a la gente en la calle no sé…
-No íbamos con imperativos de “callaros o les damos con bastón” pero yo he estado en Inglaterra y en Francia y yo he respetado la tradiciones de ellos, por qué no pueden venir y respetar las nuestras. Están de vacaciones, perfecto, pero la procesión pasa en 30 minutos, puedes aguantar los gritos y risotadas un ratillo, ¿no?

-¿Ha cargado a la imagen de Cristo alguna vez?
-Sí, de los 60 años de cofrade me tiré 15 de porteador y otros 15 años más de jefe de relevos. Si bien en la Península los porteadores van por debajo cubiertos por cortinas laterales, aquí vamos por fuera con una vigas largas que sobresalen del paso. Vamos de traje y el Santo al hombro. 

-¿El movimiento de los porteadores es totalmente dependiente a la sincronización de los movimientos de los cargantes, cómo es y quién lleva la batuta?
-El paso lo marca el ritmo de la banda de música, hay un paso lento y otro rápido. Yo he sido también tambor de banda, me lo sé más que nadie.

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-¿Siempre ha cargado el mismo hombro?
-Como había relevos, según de donde te tocaba era el hombro que tocaba. Íbamos 4 a cada lado, o sea que íbamos cambiando de hombros. Luego otra cosa muy importante es lo de las estaturas de los porteadores. Si van 4 altos de un lado y más bajos del otro, el santo va torcido. Si en una misma fila hay 2 altos y 2 más bajos, cargan todo el peso los altos porque los bajos ni tocan el barral con el hombro [risas]. Yo lo que siempre hice fue cargar del derecho o contrario a donde mira la figura, así salgo en la foto de cara!. [carcajadas -y es cierto, me muestra muchos recortes de periódicos y en todas las foto de portada sale su cara en primer término mientras carga al santo].

-¿Ha tenido que salir en malas condiciones, por ejemplo, extremo calor?
-Hace 2 años una vez que bajamos de las murallas, nos metemos en la calle de las farmacias de pronto me entró un mareo y me desmayé sobre el público. Mis compañeros, entre 4, me sacaron en peso a la calle Castelar, me quitaron el capirucho y me abanicaron y dieron agua. Al día siguiente estaba bien, así que debió ser un golpe de calor. Yo soy medio pingüino y siempre me quito la ropa antes de ponerme el traje pero ese día no lo hice. Debajo de las túnicas y capirote hace mucho calor. 

-¿Qué pasa en esos minutos justo antes de salir, cómo es el ambiente, qué pasa, qué se dicen…?
-Que estamos sentados todos los que vamos a cargar mientras se nos da un sermoncito por parte del jefe o la jefa de cofradía. Luego rezamos, y luego “vamos, que salimos” y unos 300 cofrades, de pie, cogiendo los cirios, los porteadores se ponen en posición y la banda se pone a tocar… parece el preludio de una verbena [risas]. 

-¿Hay alguna de todas las procesiones en las que ha participado por algún motivo especial, o lleva a todas en el mismo sentimiento?
-Generalmente hablando todas de la misma manera, el episodio de los terrazas que he explicado antes fue diferente aunque no por lo positivo. 

-¿Y qué cree que esa gente piensa cuando les ve pasar sin creer ni entender lo que hacen?
-Yo vi una película americana donde se veía al Ku Klux Klan y entonces no sé qué pensarán los turistas pero más de uno nos llamó con ese nombre…

-Me ha dado el pie perfecto para contarle una anécdota personal. Una Semana Santa yo había bajado a Ibiza a comprar una cosa sin tener mucha idea de que estaba la procesión porque no soy cristiano. Al girar una esquina veo una escena – para mí – genial: un americano típico, o sea, negro, gordo, con una camiseta y gorra con la bandera yanqui que miraba a la procesión encapirotada, con los ojos de búho y casi pálido. Un tanto tentado de risa, me le acerqué, me aseguré con una pregunta si era estadounidense, y le expliqué que no había necesidad de correr, que no eran del KKK. [carcajadas].
-En la Península se llaman penitentes y cofrades, aquí se les llama capuchinos. Antiguamente, cuando la Santa Inquisición, era lo que les ponían a los condenados a muerte y los paseaban por las calles, amarrados, antes de cortarles la cabeza y quemarlos vivos. 

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Antonio con el Hábito de Sufrimiento.

-¿Hay recambio generacional o no?
-No lo esperado, pero sí que está habiendo un poco. Lo que pasa es que los cofrades de mayor edad y que se jubilan o no tuvieron hijos o no les inculcaron este fervor. Yo se lo inculqué a los míos.

-¿Va a misa cada domingo?
-Yo de pequeño hasta que cumplí los 13-14 años iba a misa, primero porque los curas del colegio me decían que si no iba el domingo que no fuera el lunes a clase. Mi padre que era anticlerical total, era un dictador, me preguntaba luego de qué color iba el cura. Entonces yo entraba, me asomaba a ver qué color llevaba el cura, y me iba de cachondeo. [risas]

-¿Va a participar de esta Semana Santa?
-Sí, claro, el domingo en la borriquita salimos con ropa normal y el viernes 3 salimos con traje de capuchino en Ibiza. 

Placa conmemorativa de los 50 años como cofrade , entregada por el Obispo de Ibiza.

-¿Cuántas primavera has visto, Antonio?
-En septiembre serán 80.

-¡Y se le ve muy bien!
-Mi madre siempre decía; “en esta familia tenemos todos muy buenos gérmenes” [carcajadas]. Y ella falleció a los 94, tenía gérmenes… era cierto [risas]

-¿Y a qué ha dedicado tu vida?
-Mi principal trabajo fue gestor administrativo y derivados; agente de seguros, inmobiliario, oficinista de obra o listero de obra, camionero sin carnet de coche, excavadora y retroexcavadoras… delineante, ayudante de aparejador… 

-¿Algo más? [digo con sarcasmo, hace una pausa, baja la cara cual lobo que vio una presa, cambia sus facciones por la más absoluta picardía y suelta…]
-¡Tengo carnet de dinamitero! [carcajadas]

-¡¿Y eso?!
-Pues resulta que el encargado de la cantera no sabía escribir ni leer, algo fundamental para sacarse el carnet. Fui a Mallorca y me examiné y acabé yendo a por la dinamita siempre yo. Una vez me ve un compañero bajándola junto a los fulminantes y se pone a gritar ¡“pero qué hace”!… Resulta que había que hacer dos viajes, uno por la dinamita y otro por los fulminantes, pero juntos nunca porque si había un choque y encendía un fulminante – ¡adiós y buenas tardes!.

-¿Le divertía volar roca por los aires?
-Sí, porque significaba que no estaba en la oficina aguantando a clientes [risas]

 

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