Los datos del IBESTAT de esta semana lucen contundentes a primera vista: el número de turistas y de pernoctaciones e Ibiza Formentera creció un 53% en febrero de este año en comparación al mismo mes de 2025, mientras que el gasto turístico interanual aumentó un 48,6%. Sin embargo, dentro del sector hotelero de las Pitiusas la lectura es de cautela, ya que las cifras, señalan, tienen matices.
Alicia Reina, directora del Migjorn Ibiza Suites & Spa y presidenta de la Asociación Española de Directores de Hotel (AEDH) en Baleares, lo pone en perspectiva: “Que febrero crezca un 53% suena muy bien, pero lo importante es entender desde dónde estamos creciendo. El invierno en Ibiza parte de una base muy baja, así que cualquier incremento se traduce en porcentajes muy altos. Eso no significa necesariamente que estemos ante un cambio estructural real”.
En la misma línea se ha pronunciado la María Costa Roig, la presidenta de la Federación Empresarial Hotelera de Ibiza y Formentera (FEHIF): “Febrero es irrelevante turísticamente. La mayoría de los hoteles están cerrados.
En febrero de 2025, las Pitiusas recibieron en torno a 24.500 turistas — una cifra minúscula sobre un aeropuerto que ese mes movió más de 200.000 pasajeros, la mayoría residentes que van y vienen. Que en 2026 esa cifra haya subido hasta 37.600 es un salto notable en términos absolutos, pero sobre una base tan pequeña cualquier variación genera porcentajes espectaculares. La propia metodología de EGATUR, que distribuye su muestra de encuestas según la estacionalidad del flujo de viajeros, asigna a las Pitiusas una muestra reducida en los meses de invierno, lo que amplía el margen de error estadístico.
El dato que incomoda: baja el gasto por turista
Hay un elemento en las cifras que no pasa desapercibido para los profesionales del sector. El gasto total crece, el número de turistas crece, pero el gasto medio por persona bajó un 2,86% y el desembolso diario cayó un 3,2%. Para Reina, esa combinación merece atención: «Se habla de más turistas y más gasto total, pero al mismo tiempo baja el gasto medio por persona y el gasto diario. Eso, desde el punto de vista del modelo turístico, no es una buena señal. Puede indicar que estamos atrayendo más volumen, pero no necesariamente un turista de mayor valor».
Otro elemento que genera escepticismo es la distribución de ese crecimiento. La sensación dentro del sector es que la actividad no se reparte de forma uniforme. «Hay actividad, sí, pero muy concentrada en momentos concretos, en determinados eventos o en pocos establecimientos abiertos. De ahí a hablar de desestacionalización real hay bastante distancia», señala Reina.
Varios factores, ninguno definitivo
Costa Roig no niega que haya habido un repunte real, pero advierte de que detrás pueden esconderse factores coyunturales muy diversos. «Normalmente no hay solo un factor que predisponga el aumento», señala. Entre los elementos que podrían haber influido menciona el esfuerzo institucional por atraer eventos compatibles con el invierno —congresos, pruebas deportivas—, pero también circunstancias externas.
Un cóctel de factores que, unidos al clima, pueden haber empujado a los turistas hacia la isla en invierno, pero que no responden necesariamente a un cambio estructural del destino.
Conectividad y masa crítica, las asignaturas pendientes
El sector coincide en que la estrategia del Consell —deporte, cultura, gastronomía, patrimonio— apunta en la dirección correcta, pero advierte de que no es suficiente por sí sola. «Tiene todo el sentido, pero eso por sí solo no sostiene un destino abierto todo el año. Hace falta conectividad, hace falta que haya masa crítica de empresas abiertas y, sobre todo, que sea rentable para el tejido empresarial», subraya Reina.
Es precisamente en ese punto donde el optimismo encuentra su límite. Para que la desestacionalización sea real no basta con picos de demanda puntuales: hace falta que ese flujo de turistas permita a las empresas abrir, mantener empleo y operar con rentabilidad durante más meses del año. Y a día de hoy, con la mayoría de hoteles cerrados en febrero, ese umbral está todavía lejos.
En materia de conectividad, los datos del aeropuerto no permiten suponer que se está ante un cambio estructural. En febrero de 2026 el aeropuerto de Ibiza registró un 2,9% menos de pasajeros que en el mismo mes de 2025, con un descenso del 2,6% en operaciones. De más de 200.000 pasajeros, hubo 37.400 turistas.
«Señales interesantes, no transformación consolidada»
La conclusión compartida en el sector es clara, aunque no cierra la puerta al optimismo. Costa Roig, por su parte, no descarta que el repunte tenga continuidad, pero insiste en ponerlo en contexto.
“La estacionalidad no se rompe con uno o dos inviernos buenos. Se rompe cuando el modelo funciona de forma sostenida, equilibrada y rentable en el tiempo», señala por su parte Reina. Su deseo para el medio plazo es que este crecimiento sirva para consolidar meses como marzo, octubre o incluso febrero, «pero con un enfoque claro en calidad y no solo en volumen. La clave no es crecer por crecer, sino crecer mejor».












