Ibiza atrae cada vez a más visitantes y los retiene cada vez menos tiempo. Las Pitiusas registraron en 2025 el segundo mayor crecimiento de llegadas de Baleares, un 5,6 %, solo por detrás de Menorca (5,8 %) y muy por encima de Mallorca (1,5 %). En paralelo, las estancias en las islas se hundieron un 7 %, el retroceso más pronunciado del archipiélago, frente a la ligera subida de Mallorca (0,2 %) y el avance de Menorca (2,8 %).
El economista Jaume Rosselló presentó estos datos junto al presidente del organismo, Francesc Fiol, en la rueda de prensa de la Memòria del CES sobre la economía, el trabajo y la sociedad de Balears de 2025, celebrada este miércoles en Palma. Rosselló resumió la trayectoria pitiusa como la de un destino «de viajes muy cortos, de ir y volver». Es la misma foto que ya reflejaban los datos de primavera del sector hotelero: Ibiza fue la única isla balear que retrocedió en ocupación e ingresos por habitación antes del verano, según el informe Smart Observatory de PwC y la FEHM.
Un modelo cada vez más pegado a agosto
La memoria del CES respalda esa lectura desde el diagnóstico estructural: describe Ibiza como un destino muy internacionalizado y con una elevada dependencia de la temporada alta, mientras atribuye a Formentera una corrección intensa tras el repunte del año anterior. Para el conjunto de Balears, el informe apunta a viajes más cortos y a una fragmentación creciente de la demanda, con el mercado internacional sosteniendo más del 82 % de los turistas y cerca del 83 % de las estancias. El mercado español, en cambio, pierde peso relativo.
Ese acortamiento tiene un matiz relevante: el crecimiento del año pasado se concentró en la temporada media y baja (+6,1 %), mientras que la alta apenas avanzó un 0,8 %. La estadística sugiere una desestacionalización todavía tímida que no altera la concentración estival, especialmente aguda en las Pitiüses, donde la memoria vuelve a señalar la estacionalidad como el gran rasgo estructural del mercado laboral.
Menos noches, más caja
La caída de pernoctaciones no equivale a menos negocio. El gasto turístico total y el desembolso por persona y día siguieron subiendo —el gasto por turista superó los 1.200 euros (+2,9 %) y el diario ronda ya los 200 euros—, un patrón que el CES interpreta como un crecimiento «no solo cuantitativo, sino también cualitativo».
En la oferta reglada, solo los hoteles de 4 y 5 estrellas aumentaron sus estancias, mientras el resto de categorías retrocedía, en un contexto de tarifas e ingresos por habitación en máximos de la serie. Dicho de otro modo: el visitante que llega a Ibiza se queda menos, pero deja más.
La tendencia se prolonga en 2026
El fenómeno no se cerró con el año. El Análisis de coyuntura que el Govern presentó este jueves —un informe distinto, referido al primer trimestre de 2026 y firmado por el conseller Antoni Costa y la directora general Catalina Barceló— confirma que hasta mayo las pernoctaciones de Balears caen un 0,3 % y la estancia media se reduce un 3,5 %, hasta los 5,6 días, pese a que las llegadas suben un 3,3 %.
Las estancias más cortas son un fenómeno del que viene alertando el sector hotelero pitiuso desde hace varios meses.
Por otra parte, Costa introdujo además un matiz clave para leer la saturación: el aumento de la presión humana, dijo, no lo provocan los turistas —cuyas pernoctaciones bajan—, sino el incremento de población residente. Esa presión sobre servicios, infraestructuras y, sobre todo, vivienda es la otra cara del «optimismo» económico que el propio CES advierte que puede acabar tensionando el crecimiento de las islas.










