La crisis habitacional en Ibiza ha alcanzado un punto crítico que está asfixiando las aspiraciones de sus ciudadanos más jóvenes. Según el reciente informe «Reimaginamos la vivienda en Ibiza», la falta de asequibilidad y la escasez de oferta están provocando un fenómeno de emancipación tardía sin precedentes: entre los residentes de 18 a 25 años, el 72 % aún vive con su familia o depende directamente de ella.
Este dato no es un caso aislado, sino el síntoma de un sistema de vivienda que ha dejado de responder a las necesidades de su población. En el conjunto de las Islas Baleares, menos de uno de cada cinco menores de 35 años ha logrado independizarse. A finales de 2023, la tasa de emancipación juvenil se situaba en un exiguo 18 %, en un contexto donde el archipiélago registra el segundo coste de vivienda más alto de toda España.
Una paradoja matemática: el alquiler cuesta más que el sueldo
Para un joven ibicenco, la independencia no es solo difícil, es matemáticamente casi imposible. Las fuentes señalan que una persona joven necesitaría destinar el 102,3 % de su salario para poder alquilar una vivienda de forma independiente. Con alquileres de larga duración que parten de los 1.200 euros para un apartamento de una sola habitación, la brecha entre los ingresos y el mercado inmobiliario es insalvable.
Esta situación genera una frustración sistémica. Según la encuesta realizada para el informe, el 97 % de las personas menores de 45 años afirmó no poder elegir libremente su vivienda actual. Como relata un residente de entre 26 y 35 años: «Vivo con mis padres. Mis únicas opciones son quedarme o irme a vivir fuera de la isla donde nací».
Impacto en la salud mental y el tejido social
La imposibilidad de iniciar un proyecto de vida propio está pasando factura a la salud de la juventud. El 44 % de los jóvenes encuestados declaró sufrir estrés constante relacionado con la vivienda. La precariedad habitacional se ha identificado como el factor que mejor predice una peor salud mental entre la juventud, incluso por encima del nivel de ingresos o el tipo de empleo.
Además del impacto individual, las fuentes advierten sobre un «desplazamiento silencioso». Al no poder alquilar ni comprar, muchos jóvenes optan por abandonar la isla, lo que provoca una pérdida de continuidad generacional y erosiona la identidad local, creando lo que los expertos denominan «desiertos sociales».
¿Existen salidas?
El informe propone que la solución no pasa únicamente por construir más, sino por estrategias colaborativas. Entre las medidas sugeridas destacan:
- Viviendas de Precio Limitado (HPL): Un marco legal que permite crear viviendas con precios de venta y alquiler regulados de forma permanente para residentes.
- Modelos de gestión comunitaria: Fomentar cooperativas de vivienda en cesión de uso y Community Land Trusts (CLT), que retiran el suelo del mercado especulativo para garantizar su asequibilidad a largo plazo.
- Restricciones en la escritura: Incentivar a los propietarios para que, a cambio de ayudas, inscriban en las escrituras la obligación de que la vivienda se destine solo a residentes permanentes o trabajadores locales.













