Han pasado más de 60 días desde la última vez que alguien supo algo de Matilde Muñoz, una mujer de 72 años que decidió recorrer el sudeste asiático como parte de una vida que, hasta ahora, parecía de aventuras tranquilas. La última señal de vida conocida provino de la isla indonesia de Lombok, concretamente en la zona de Senggigi, donde se alojaba en un pequeño hotel; desde entonces, silencio absoluto.
Las alarmas de su círculo cercano no tardaron en encenderse: primero, en los móviles de sus amigas, que dejaron de recibir mensajes de WhatsApp. Luego, en redes sociales, donde empezaron a circular peticiones de ayuda para localizarla. Finalmente, la preocupación llegó a las comisarías: el 28 de julio se formalizó la primera denuncia por desaparición en Girona; tres días después, un familiar hizo lo mismo en Madrid.
Hoy, el caso está bajo investigación judicial en España y se encuentra también en manos de las autoridades de Indonesia, aunque los avances son lentos. Se ha confirmado que Matilde no ha salido del país, pero nadie (ni en Lombok ni en su entorno más cercano) ha vuelto a verla. Tampoco se ha logrado reconstruir del todo qué ocurrió en los días previos a su desaparición
Qué dijo la familia de Matilde Muñoz a meses de su desaparición

A medida que pasan las semanas sin respuestas, la familia de Matilde Muñoz ha dejado de lado cualquier esperanza de que se trate de una simple desaparición voluntaria: ya no hablan de extravío, sino de un posible crimen. Según declaraciones recogidas recientemente, los allegados aseguran que se trata de “un crimen de manual” y exigen a las autoridades españolas y a la Policía Nacional una actuación más firme y contundente.
“Las contradicciones son tan evidentes que no dejan lugar a dudas”, ha afirmado la familia de Matilde Muñoz, y apuntaron directamente a las múltiples incoherencias que rodean su desaparición. Desde mensajes extraños enviados a través de su móvil hasta objetos personales encontrados en la basura del hotel, cada detalle refuerza la sospecha de que no se trata de una simple desaparición; para sus allegados, los indicios apuntan claramente a un posible delito.
Entre quienes han mantenido activa la búsqueda están las amigas de Matilde, como Olga Marín, que la conoció durante sus viajes por Asia: ellas fueron las primeras en advertir su ausencia y en dar la voz de alarma. El contacto con Matilde, que solía ser constante desde que comenzó su periplo por Tailandia, India e Indonesia, se cortó en seco a principios de julio.
La red de allegados se ha organizado a través de grupos de WhatsApp y se ha coordinado con otros familiares como su sobrino, quien interpuso una denuncia formal pese a no tener una relación cercana con ella. También se ha sumado Arturo Jorge Suárez, exmarido de Matilde y residente en Londres, que ha hecho gestiones personales ante los consulados de España e Indonesia sin éxito alguno.
Incongruencias y detalles que generan incertidumbre en el caso

Hay varios puntos que despiertan suspicacias en la desaparición: por ejemplo, el hallazgo de algunas pertenencias de Matilde (como su mochila) en la basura del Bumi Aditya, el hotel en el que se hospedaba. El hallazgo fue descubierto por trabajadores del establecimiento el 24 de agosto y despertó dudas sobre lo que sucedió en el alojamiento.
También llamó la atención que el móvil de Matilde siguió recibiendo mensajes de WhatsApp hasta el 5 de julio, aunque sus amigas no obtuviesen respuesta. Cuando ellas y su marido fueron al hotel, la recepcionista les informó de que no la habían visto desde principios de ese, pese a que había pagado la estancia hasta el 20.
El dato más extraño es que enviaron un mensaje desde su móvil el día 6, alegando que se marchaba urgentemente a Laos y regresaría en dos semanas. Ese mensaje (escrito en inglés, con errores ortográficos) no parecía redactado por ella, ya que solía escribir sin faltas: las amigas sospechan que algo pasó dentro del hotel y denuncian despropósitos en la investigación, como la inspección de habitaciones equivocadas y tardanzas para activar la alerta de desaparición en Interpol.