EMERGENCIAS

La llamada en Ibiza que cambió la vida del director del 112: diez años después, el recuerdo más difícil

Pablo Gárriz evocó en el 30 aniversario del 112 el accidente en una piscina de Ibiza en 2015 en el que murió su hijo tras una parada cardiorrespiratoria.

Pablo Gárriz

El 6 de julio de 2015, en plena temporada alta en Ibiza, los servicios de emergencia recibieron el aviso de un niño inconsciente en una piscina privada de la isla. La activación fue inmediata: ambulancias, sanitarios y efectivos de seguridad acudieron al lugar para intentar revertir una parada cardiorrespiratoria. Aquel menor era el hijo de Pablo Gárriz, entonces ya vinculado al ámbito de las emergencias en Baleares y hoy director general del 112.

Diez años después, durante el acto conmemorativo del 30 aniversario del 112 Baleares celebrado esta semana en Palma, Gárriz recordó públicamente aquel día que marcó su vida y la de su familia. No fue una revelación inédita, pero sí una evocación serena y directa del momento más difícil que puede atravesar un padre, pronunciada ante compañeros y profesionales del sistema al que hoy dirige.

«El 6 de julio de 2015, de guardia y preparado con mi vehículo para atender cualquier emergencia, recibí dos llamadas. La primera me rompió el alma. La segunda era de la central del 112 informándome sobre un incidente en una piscina, un menor en código paro», relató ante un auditorio en silencio, según recogió Última Hora. Cuando entendió los datos que le estaban dando, solo pudo responder: «Es mi hijo».

Un verano de calor extremo y máxima actividad asistencial en Ibiza

Aquel verano Ibiza atravesaba la ola de calor más fuerte en muchos años, con jornadas de temperaturas elevadas y sensación de bochorno generalizada. La isla se encontraba en plena efervescencia turística y la actividad sanitaria era constante. En esa temporada, los Servicios de Urgencia de Atención Primaria (SUAP) de Ibiza y Formentera atendieron un 9% más de casos que el año previo y el Hospital Can Misses registró mayo presión asistencial.

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Fue en ese contexto de alta actividad turística, temperaturas extremas y mayor demanda sanitaria cuando se produjo el accidente en la piscina. La noticia tuvo entonces un fuerte impacto en el ámbito profesional de las emergencias, donde Gárriz era una figura conocida. El episodio dejó una huella que ahora, una década después, volvió a aflorar en un acto dedicado precisamente a quienes atienden cada día situaciones límite.

«Nunca tuve la oportunidad de decirles a todos los que estaban en aquella sala, gracias en mi nombre y en el de toda mi familia», afirmó visiblemente emocionado. El aplauso que siguió no celebraba un aniversario redondo, sino el reconocimiento a quienes intervienen cuando todo se desmorona.

De ayudar a necesitar ayuda

El testimonio encajó con el mensaje central del acto: que detrás de cada llamada hay una historia personal. El 112 Baleares ha gestionado más de 24 millones de avisos en tres décadas, pero cada intervención es distinta y puede afectar a cualquiera, incluso a quienes coordinan el sistema.

Gárriz recordó que en emergencias no existen posiciones fijas. “Todos podemos pasar de la posición de ayudar a la de ser ayudados”, señaló al referirse a los profesionales del servicio como “ángeles de la guarda”. Su intervención aportó una dimensión humana a una jornada institucional centrada en cifras, protocolos y balance de gestión.

Diez años después de aquella tarde de julio en Ibiza, el recuerdo sigue intacto. Y en medio de los datos y estadísticas del 112, la historia personal del director general recordó que, al otro lado del teléfono, siempre hay una familia.

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