La reputación turística de Baleares ha recibido un duro golpe en el corazón de su principal mercado emisor. Bajo el alarmante titular: «Un estudio desalentador revela que las playas de los destinos vacacionales españoles están inundadas de contaminación fecal», el tabloide británico The Mirror ha encendido todas las alertas en el Reino Unido. La noticia, que ya había sido publicada por Express, corre como la pólvora en redes sociales y foros de viajeros, dibuja un escenario sombrío para el archipiélago, aunque el reparto de culpas es notablemente desigual.
Mallorca, en el ojo del huracán
El artículo del diario británico no escatima en detalles a la hora de «destrozar» la imagen de Mallorca. Basándose en los datos del último informe de Mar Balear, The Mirror destaca que los incidentes por vertidos de aguas residuales se han duplicado en el último año, pasando de 46 a 92 casos detectados.
La narrativa británica es implacable: describe una isla desbordada por la saturación turística y una infraestructura obsoleta que colapsa ante la mínima presión, vertiendo bacterias E. coli y enterococos directamente en las zonas de baño. Localidades como Calvià, Santanyí y Sóller aparecen señaladas, enviando un mensaje directo a los miles de familias británicas que suelen elegir estos destinos: el paraíso mallorquín podría ser un riesgo para la salud.
El extraño silencio sobre Ibiza
Lo que más llama la atención del tratamiento informativo en el Reino Unido es el «perfil bajo» que se le otorga a Ibiza. A pesar de que los datos técnicos indican que la isla pitiusa mayor también sufre problemas graves de depuración —con un porcentaje significativo de sus puntos de muestreo por debajo de la excelencia—, la prensa británica parece haber decidido proteger su «isla de la fiesta».
Mientras que para Mallorca el tono es de denuncia y decepción, sobre Ibiza se pasa de puntillas, evitando asociar la marca del ocio nocturno y el lujo con la crisis de los vertidos.
Formentera: el último bastión
En el otro lado de la balanza se encuentra Formentera. En medio del caos de aguas residuales y cierres de playas que describe el artículo, la menor de las Pitiusas emerge con un «visto bueno» implícito. El relato británico la mantiene al margen del desastre, junto a Menorca, consolidando su imagen de reducto de aguas cristalinas y naturaleza preservada.
Para el turista británico, el mensaje es claro: si buscas la transparencia que Mallorca ya no puede garantizar, Formentera es el lugar.













