El belga Vincent de Froidmont, conocido como el “hombre del verano” de Formentera, ha iniciado una nueva cruzada para defender la memoria de su velero histórico Scipio 1924, destruido tras la DANA del 14 de agosto de 2024. Según sostiene, el oleaje provocado por ferris —especialmente de Baleària— debilitó durante meses la embarcación hasta dejarla en una situación crítica antes del temporal.
La iniciativa ha sido difundida por el propio Froidmont a través de LinkedIn, donde explica que ha lanzado una campaña pública para exigir responsabilidades a la naviera, a la que atribuye el deterioro progresivo del casco de su barco por el impacto repetido de las olas generadas por grandes ferris que transitan por el canal entre Ibiza y Formentera.
Un velero centenario convertido en símbolo
El Scipio 1924 fue durante décadas el hogar flotante de Vincent de Froidmont en Formentera, un velero de madera con un siglo de historia que permanecía fondeado en la zona de sa Séquia, en ses Illetes. La embarcación terminó encallada tras el temporal de agosto de 2024 y permaneció meses varada hasta que finalmente fue retirada para su desguace en julio de 2025.
La figura de su propietario tiene una historia larga en la isla. Vincent de Froidmont, ciudadano belga instalado en Formentera desde hace más de dos décadas, fue retratado en 2012 por el cronista Jacinto Antón en una célebre crónica publicada en El País, donde lo bautizó como “el hombre del verano”.
Allí lo describía como un marinero libre, de barba blanca y piel curtida por el sol, que dormía en la arena, comía pescado y vivía a bordo de su barco, con una calma que parecía haberse fundido con la isla. “Es el verano personificado”, escribía Antón. “Un verano de Formentera: desordenado, bronceado, algo caótico y con olor a sal y pescado”.
Durante años, el Scipio 1924 fue su casa. Un velero de unos diez metros de eslora que el propio Froidmont llegó a intentar vender por 19.000 euros, según explicó en una entrevista concedida en 2022. “Vine de vacaciones y me quedé atrapado aquí”, contaba entonces al describir su vida en la isla.
Reclamación de 150.000 euros
La campaña impulsada ahora por el propietario del velero incluye una reclamación económica de 150.000 euros contra Baleària, que divide en tres conceptos: 80.000 euros por el valor patrimonial del barco, 10.000 euros por los costes de retirada y 60.000 euros por daños personales.
Según sostiene Froidmont, poco después del naufragio sufrió un ictus con afasia. En su relato, la pérdida del Scipio 1924 supuso también la desaparición de su vivienda.
En su publicación en LinkedIn describe el velero como “un barco histórico que fue mi hogar durante 25 años en Formentera”, y presenta su reclamación como un intento de “dar visibilidad al caso, exigir responsabilidad a las grandes navieras y defender a las personas particulares frente a empresas poderosas”.

La teoría del oleaje de los ferris
El eje de su denuncia apunta al tráfico marítimo entre Ibiza y Formentera, especialmente a los ferris de gran tamaño que cruzan diariamente la zona cercana a ses Illetes.
Según afirma en su publicación, “la presión diaria de las olas de los grandes ferries debilitó el casco y desestabilizó el fondeo del velero”, dejándolo en una situación crítica antes de la DANA del 14 de agosto de 2024.
Esa tesis forma parte del relato que ahora intenta difundir bajo el hashtag #scipio1924, con el objetivo de dar visibilidad a su historia y recabar apoyo a su reclamación.
La Voz de Ibiza ha consultado a Vincent de Froidmont, quien no ha detallado si su denuncia se apoya en informes técnicos o peritajes que respalden esa relación entre el tráfico marítimo y el deterioro del velero.
Consultada también por este medio, Baleària ha evitado hacer declaraciones sobre las acusaciones.
Un caso que ya generó controversia en la isla
La historia del Scipio 1924 ya había protagonizado varios episodios llamativos en Formentera. Tras el temporal que arrastró decenas de embarcaciones hasta las playas de ses Illetes, el velero permaneció durante meses encallado en la arena.
La administración insular llegó incluso a publicar en su tablón oficial un requerimiento para localizar a su propietario y exigir la retirada del barco, al no haber podido notificarle directamente.
Finalmente, tras meses varado en la costa, la embarcación fue retirada definitivamente, poniendo fin a una historia que se extendió durante buena parte del verano.
Del barco a la búsqueda de trabajo
Tras la desaparición del velero, la situación personal de Froidmont empeoró y hace unos meses hizo pública su búsqueda laboral incluso escuchando ofertas en Ibiza para rehacer su vida tras perder su embarcación.
Ahora, un año y medio después del temporal, el belga vuelve a colocar el caso en el debate público con una nueva ofensiva mediática, en la que mezcla reivindicación patrimonial, denuncia contra el tráfico marítimo y la persistente historia de su viejo velero.













