Las tarifas hoteleras en España registran un descenso moderado del 2% durante el periodo de cierre del año 2025 —que incluye la Nochevieja del 31 de diciembre y el fin de semana más próximo— en comparación con el año anterior, según el informe Hotel Pricing Outlook elaborado por la consultora Simon-Kucher.
El estudio atribuye esta corrección de precios a la configuración del calendario, ya que la celebración de la Nochevieja en miércoles obliga a disponer de más días de vacaciones para organizar una escapada, lo que reduce parte de la demanda espontánea que suele concentrarse en estas fechas.
En el ámbito nacional, Madrid y Barcelona lideran las bajadas de precios, con descensos del 8% y del 10%, respectivamente. Pese a esta caída, Madrid se mantiene entre las ciudades europeas con tarifas hoteleras más elevadas y ocupa el cuarto puesto del ranking, solo por detrás de Londres, París y Ámsterdam. La capital británica encabeza la lista con una tarifa media de 364 euros por noche, aunque también registra una caída interanual del 10%.
En contraste con la tendencia peninsular, Canarias se consolida como el destino más caro de España, con una tarifa mediana de 378 euros por noche, lo que supone un incremento del 10% respecto al año anterior. También destacan las subidas de precios en Alicante (+19%) y Valencia (+4%), mientras que Sevilla (-2%) y Málaga (-4%) presentan ajustes más moderados. Por su parte, Baleares mantiene precios estables en el cierre del año.
El análisis técnico de Simon-Kucher apunta a una mayor estabilidad en los hoteles de cuatro estrellas, mientras que los establecimientos de categoría económica concentran las oscilaciones más pronunciadas, tanto al alza como a la baja.
Desde la consultora señalan la existencia de una “bifurcación comercial” en el sector hotelero: el segmento de lujo continúa mostrando un crecimiento sólido, mientras que las marcas de posicionamiento económico sufren retrocesos tanto en ocupación como en la tarifa media diaria (ADR).
De cara a 2026, el sector anticipa un escenario de “demanda a dos velocidades”, que obligará a las cadenas hoteleras a afinar sus estrategias comerciales y de precios para adaptarse a un mercado cada vez más segmentado.













