INMIGRACIÓN

Marinero de Salvamento Marítimo en Ibiza con miles de personas rescatadas: “Si no transmitimos calma, se nos puede descontrolar todo”

Manuel Capa, a bordo de la Guardamar Concepción Arenal, explica cómo se ejecuta un rescate sin volcar una patera y cuál es el momento crítico. Compara sus experiencias de salvataje entre Baleares y Canarias y cuestiona con dureza el uso político que se hace de Frontex: "Se está jugando con la gente".

Manuel Capa, uno de los hombres de Salvamento Marítimo que trabaja en la Guardamar Concepción Arenal.

Manuel Capa se sabe de memoria las inmediaciones del puerto de Ibiza. No por romanticismo marinero ni por costumbre de turista, sino por necesidad. En sus ratos libres anda o va en bici, siempre dentro de un perímetro corto: el que le permite volver rápido si suena el teléfono. Su Ibiza es un radio de minutos, no de kilómetros: “No te puedes alejar a más de 10 minutos del barco… y el barco en 20 minutos tiene que estar navegando”, dice sobre el protocolo que se activa cuando llega un aviso desde Palma y la Guardamar Concepción Arenal sale a una emergencia.

La vida en guardia permanente sostiene los rescates: turnos, convivencia y una disponibilidad que no se apaga aunque toque “descanso”. En ese marco, Capa pone palabras a lo que casi nunca se cuenta con precisión: la maniobra exacta para acercarse a una patera sin volcarla, el instante en que todo puede irse al fondo por un movimiento de masas y la diferencia entre trabajar en Baleares o en Canarias, donde —dice— la escala cambia por completo.

Ocho personas, turnos y un mes en casa

Capa atiende a La Voz de Ibiza durante su mes de descanso, desde su casa en la península. El turno es fijo: un mes embarcado y otro en tierra. El extenso barco en el que trabaja fue trasladado a Baleares en junio, mientras él no estaba. En julio ya embarcó en Ibiza: primero en Sant Antoni y, a mediados de mes, traslado a Ibiza ciudad.

La Guardamar (y, en general, la vida de un buque de Salvamento) se rige por el cuadro orgánico: el reparto de guardias y responsabilidades.

—¿Cómo es el día a día a bordo?
—Tenemos un cuadro que distribuye los horarios, las actividades y las funciones de cada tripulante. En el barco somos ocho personas, pero vamos a guardias. Tenemos que trabajar cuatro horas, descansar ocho, trabajar cuatro, descansar ocho. Hay tripulantes adscritos a la guardia nocturna, hay que vigilar el barco y, en caso de emergencia, tenemos que salir los ocho. Aunque estemos en tiempo de descanso, tenemos que estar en una guardia permanente.

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—¿Y eso qué significa cuando bajáis a tierra en Ibiza?
No te puedes alejar a más de 10 minutos del barco. Desde que nos llama el centro, nos movilizan y el barco en 20 minutos tiene que estar navegando. Nuestra vida está escrita a máximo 10 minutos alrededor del barco, un kilómetro, lo máximo que te puede alejar del barco.

Guardamar y Salvamar: potencia, velocidad y para qué sirve cada una

Capa insiste en separar conceptos. Salvamento Marítimo, recuerda, se dedica al salvamento de vidas humanas y a la lucha contra la contaminación. Y dentro de ese paraguas trabaja con unidades distintas. Es decir, no es su trabajo buscar personas o proteger fronteras.

—¿Y qué diferencia hay entre una Guardamar y una Salvamar?
—Salvamento Marítimo tiene distintos tipos de unidades. Están las lanchas de 21 metros, que son las Salvamares, pequeñas, veloces. Una Salvamar puede remolcar a lo mejor un pesquerito de 10 o 15 metros, pero si fuese un barco de 50 metros no podría tirar de él. Nosotros somos un barco más grande, tenemos más potencia, pero menos velocidad. Y luego están los remolcadores, que pueden tirar de un carguero o de un ferry. Cada barco tiene su función.

En esa explicación se cuela un detalle que suele desaparecer de las crónicas: no todo es inmigración. Hay remolques, averías, incidentes con recreo, asistencias por mal tiempo. Sin embargo, en la realidad balear y en la experiencia de Capa, los rescates de quienes llegan desde las costas africanas han acaparado la mayor parte de la tarea.

Maniobra de rescate: abarloarse y el peligro de que se levanten

Según Capa, a la hora de un rescate, el minuto más peligroso llega cuando ya estás cerca. No es la distancia ni el horizonte: es el instante de contacto.

—Si tuvieras que señalar un punto crítico del rescate, ¿cuál es?
—Acercarse y juntarse a los barcos se llama abarloarse. El peor momento es cuando te ven, quieren levantarse y, si todos se cargan a una banda, eso podría generar un vuelco. De hecho, en cayucos con muchas personas, en Canarias, ha pasado. Y se han ahogado personas.

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—¿Cómo se evita que eso ocurra?
Primero, calma. Si nosotros no transmitimos esa calma, se nos puede descontrolar todo. Después viene la maniobra: les tiramos un cabo, uno a proa y otro a popa, y ya vamos trabajando.

En rescates con más personas, añade, el orden es todavía más difícil. Por eso intentan marcar una pauta de salida: sacar primero a quienes están delante, porque no se puede “coger al tercero” si hay gente por medio.

—¿Cómo se ordena el embarque cuando hay mucha gente?
—Ese orden, cuando hay muchas personas, es difícil. Siempre hay alguno que quiere saltar uno por encima del otro. Nosotros intentamos marcar una pauta, porque no podemos coger a quien está detrás. Si hay tres filas de personas en el bote, no podemos coger al tercero por detrás. Tenemos que sacar primero el que hay delante.

 

Baleares y Canarias: misma misión, otra escala

Capa no minimiza lo que ocurre en Baleares, pero describe un contraste operativo con Canarias: allí, dice, el volumen y el tiempo multiplican la tensión.

—¿Qué cambia entre rescatar en Ibiza y hacerlo en Canarias?
—Aquí, en Ibiza, es muy fácil tener la calma. Para empezar, la navegación es muy corta. Por ejemplo, alrededor de una hora hasta Cap de Barbaria (Formentera). Cuando tú sacas 15 personas, lo sacas en un par de minutos. Pero cuando tienes que sacar ciento y pico personas de un cayuco, como pasaba en Canarias, es que no hay fin.

En su experiencia, una diferencia clave es la visibilidad de los siniestros. En el Mediterráneo, dice, los restos aparecen; en el Atlántico, muchas veces no queda rastro.

—Se dice que la ruta balear es la más peligrosa. ¿Por qué aquí parece tan notorio lo que ocurre?
—El problema de Canarias es que se pierden muchas embarcaciones y no se sabe nada. Aquí en Baleares, si una patera vuelca o se hunde, aparecen los cadáveres, aparecen restos. Es mucho más notorio el accidente. En el Atlántico, con los vientos alisios, todos esos restos desaparecen. Aquí en el Mediterráneo hay accidentes y afloran rápido.

—¿Aquí entonces los rescates son más sencillos?
—Son rescates muy sencillos, hay menos gente, pero eso no quiere decir que no haya peligro. Dos barcos en mitad de la mar generan peligro.

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Cadáveres y coraza: lo que no suele contarse

Capa también describe la parte más dura del trabajo, cuando el rescate ya no llega a tiempo para todos.

—¿Os habéis encontrado fallecidos en rescates?
—Dentro de la patera y hay veces que nos fallecen a bordo, a nosotros también. En Canarias, de llegar el cayuco, sacar a todas las personas y en el fondo del cayuco te encuentras cadáveres. Tengo un recuerdo de sacar siete cadáveres.

—¿Cómo se mantiene la mente fría para volver a salir al día siguiente?
—La estrategia es intentar no pensar, intentar no comunicarse tampoco con ellos, no entrarle a una conversación. Porque al final son miles de personas. Yo llevo ahora quince años, yo ya no te sabría ni contabilizar cuántas personas he agarrado… miles de personas.

—¿Eso no es insensibilidad?
—Intentamos generar una pequeña cápsula, una pequeña coraza. No es insensibilidad, es protección.

Frontex: “Se está jugando con la gente”

Cuando la conversación entra en Frontex, Capa sostiene que hay desinformación sobre responsabilidades y que, a su juicio, no es casual. “Es una farsa”, asegura.

—¿Por qué?
—Frontex se organiza en Europa para vigilar las fronteras contra terceros países. Por ende, si no hay inmigración, no hay necesidad de Frontex. Frontex necesita que haya inmigración. Necesita que llegue gente. Se está jugando con la gente. Las personas van a seguir llegando a Baleares o a Andalucía o a Canarias o a Italia. Al final hay un problema en África de inestabilidades políticas por intereses económicos propiciados por primeros países. La migración va a existir. Y luego se generan negocios alrededor; uno puede ser Frontex.

—¿Por qué decides hablar de esto públicamente?
—Porque creo que hay que ayudar en todo esto y normalizar y humanizar a estas personas. Personas que, en medios precarios, dejan su familia e intentan buscar una mejora. Pero, en eso, se juegan la vida.

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