LA ARTISTA FALLECIÓ A LOS 94 AÑOS

Muere Cecilia Giménez, la restauradora del Ecce Homo de Borja que se convirtió en un fenómeno mundial

La restauradora del Ecce Homo de Borja ha fallecido a los 94 años. Su intervención en 2012 convirtió una pintura olvidada en un fenómeno cultural y turístico.

Cecilia Giménez, la restauradora de Ecce Homo de Borja

Cecilia Giménez Zueco, la vecina de Borja que pasó a la historia por la singular restauración del Ecce Homo del Santuario de la Misericordia, ha fallecido este lunes a los 94 años. La noticia fue confirmada por el propio santuario a través de un comunicado en redes sociales, en el que recordaron con cariño a una mujer profundamente ligada a la vida cultural y social del municipio zaragozano.

Su nombre saltó a la fama en 2012, cuando decidió intervenir una pintura mural del siglo XX firmada por Elías García Martínez que presentaba un notable deterioro. Lo que comenzó como un gesto bienintencionado acabó convirtiéndose en un fenómeno mundial: el resultado de la restauración se alejaba tanto de la imagen original que la obra se transformó en un icono viral, replicado en medios de todo el mundo y comentado sin descanso en redes sociales.

De la polémica al fenómeno cultural

La intervención de Cecilia, realizada sin autorización previa, provocó inicialmente una oleada de críticas y burlas. Sin embargo, con el paso del tiempo, la percepción cambió y, lejos de quedar relegada al escarnio público, la restauradora pasó a ser vista como un símbolo entrañable, despertando simpatía tanto dentro como fuera de España. Investigaciones periodísticas, documentales y reportajes revisitaron su historia, aportando contexto y matices a un episodio que ya formaba parte de la cultura popular.

El impacto fue inmediato en Borja: desde aquel verano, el Santuario de la Misericordia comenzó a recibir una afluencia constante de visitantes que querían contemplar en persona el famoso Ecce Homo, rebautizado popularmente como “Ecce Mono”. El turismo se multiplicó y la localidad vivió un antes y un después gracias a un suceso inesperado.

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Una vecina querida y comprometida

Más allá de la fama, quienes conocieron a Cecilia la recuerdan como una mujer discreta, autodidacta y apasionada por la pintura desde muy joven. A lo largo de su vida realizó numerosas obras, siempre desde una vocación artística humilde y personal. En sus últimos años residió en la residencia de ancianos de Borja, junto a su hijo, que padece parálisis cerebral.

Con el tiempo, incluso las autoridades locales reconocieron su figura: el entonces alcalde de Borja, Eduardo Arilla, recordó cómo el pueblo terminó arropándola cuando miles de personas acudieron a la Romería de San Bartolomé y la ovacionaron públicamente, marcando un punto de inflexión en la forma en que se entendía su gesto.

Un legado inesperado para Borja

El impacto económico del fenómeno también fue notable, ya que gracias al incremento de visitantes, el santuario y la Fundación Hospital Sancti Spiritus recibieron importantes ingresos que permitieron mejorar instalaciones y ampliar la atención a personas con menos recursos. Un beneficio colectivo que nadie había previsto cuando Cecilia tomó el pincel.

Su carácter solidario quedó patente también en otros gestos, como la donación de una de sus pinturas, Las bodegas de Borja, para una subasta benéfica cuyos fondos se destinaron a Cáritas. Un acto que reforzó la imagen de una mujer generosa, ajena a la polémica, que nunca buscó protagonismo.

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