OKUPAS EN IBIZA

Okupación en Punta Arabí: “A Paquita Marsan no la conozco y ella no me debe: a mí me ha estafado la empresa Llum”

Corrado, uno de los últimos residentes en los alrededores del Punta Arabí, denuncia que trabajó sin contrato para la antigua gestora del hotel y reclama una deuda impaga. Niega haber ocupado propiedades y señala directamente a la empresa Llum como responsable de su situación.

Imagen genérica. Conrado ha optado por no exponer su imagen
Imagen genérica. Conrado ha optado por no exponer su imagen

Corrado tiene 38 años, es de Sicilia y hace seis que vive en Ibiza. Su historia es una mezcla de supervivencia, informalidad laboral y abandono. Asegura que no es un okupa, como se le ha señalado, y que su presencia en el entorno del hotel Punta Arabí se debe a un acuerdo con la antigua empresa gestora, Llum, que —según su versión— le dio las llaves, le pidió que cuidara el sitio y lo puso a trabajar sin contrato.

Nos dieron dos habitaciones, a mí y a mi hermano. Éramos varios, pero los otros ya se fueron. Nosotros nos quedamos cuidando”, cuenta. Y no se queda ahí: “Nos pusieron a pintar todo, hicimos arreglos… trabajamos en negro y no vimos ni un euro”.

Corrado es uno de los protagonistas y quien resiste en Punta Arabí. Actualmente, la empresa D&S Desokupa está ejecutando la fase final del desalojo en el complejo en Es Canar. En las últimas semanas, ha logrado acuerdos económicos con la mayoría de los ocupantes para su salida voluntaria, aunque aún permanecen unas 15 personas en el interior.

El reclamo: 12.000 euros y una vivienda digna

Corrado estima que le deben 12.000 euros, fruto de meses de trabajo no declarado. Tiene vídeos, fotos y audios como prueba. Dice que intentó mediar, sin éxito. “Me ofrecieron mil o dos mil euros para irme, pero eso no cubre nada. Si me dan una compensación justa o una vivienda, yo me voy. No quiero estar en conflicto con nadie”.

Hoy vive con su hermano —que sufre un tumor en la boca y está bajo seguimiento de Servicios Sociales— y con una perra de asistencia, que forma parte del entorno terapéutico. “No puedo dejarla tirada. Está con nosotros desde hace años y le hace bien a mi hermano. Todo esto es parte de una situación de vulnerabilidad”.

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“Paquita Sánchez no tiene nada que ver conmigo”

En medio de la cobertura sobre el desalojo del complejo, se publicó que Corrado habría dicho que Paquita Sánchez le debía dinero. La empresaria negó conocerlo o tener relación con él. Ahora, Corrado aclara la situación: “Yo nunca he trabajado con Paquita Sánchez. La vi por primera vez el otro día, cuando apareció con la televisión. Siempre mandaba a otros. Nunca tuve trato directo con ella”. También reitera que no le ocupó nada a Paquita.

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Sostiene que nunca afirmó que ella le debiera dinero y que su único conflicto es con la empresa que lo alojó y lo hizo trabajar sin contrato: “La deuda es con Llum, no con Paquita. Ellos me pusieron ahí, me dieron las llaves, y me hicieron trabajar sin pagarme”.

El origen: de la pandemia al rancho

Corrado recuerda con claridad el momento en que todo se torció. Llegó en 2019, con trabajo y vivienda. “Vivíamos de alquiler al lado del Coral Beach. Todo legal, todo bien”.

Pero llegó la pandemia. “Nos despidieron, y como el contrato era en negro, nos echaron sin más. Nos fuimos al bosque. Estuvimos un año y medio viviendo en tiendas”. Una noche, un árbol cayó sobre la tienda de su hermano. “Por suerte, sobrevivió. Pero fue entonces cuando decidimos entrar en el Punta Arabí. Estaba abandonado, cerrado desde hacía más de dos años”.

Fue ahí donde —según su relato— aparece la empresa Llum. “Nos vieron ahí, nos ofrecieron quedarnos, cuidar el lugar y hacer tareas. Nos entregaron las llaves y nos pusimos a trabajar. Pero nunca nos pagaron”.

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Una historia con antecedentes

No era la primera vez que Corrado trabajaba en el hotel. “En 2019 estuve como ayudante de cocina. Luego me contrataron como animador, porque soy mago, mentalista, ilusionista”.

Sin embargo, esa etapa también acabó mal. “Tuve un accidente en la piscina: una persona me clavó una uña en el ojo. Sangré, me dolía, y ese mismo día me echaron. No me dieron parte médico, ni mutua, nada”.

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Intentó reclamar con una abogada, pero el contrato era irregular. “Me dijeron que no se podía hacer nada. Desde entonces, todo ha sido pelear contra la informalidad”.

“No soy un okupa, me colocaron ellos”

Corrado vive ahora en lo que él llama “el rancho”, un terreno a pocos metros del hotel. “Eso tampoco lo ocupé. También me pusieron ahí. Siempre lo hemos cuidado, lo tenemos limpio, lo pintamos, lo mantenemos. Y ahora me quieren echar como si fuera un delincuente”.

Recalca que su historia no es la de un invasor ni la de alguien que se aprovechó de la situación. “Yo estuve ahí con permiso. Tengo pruebas. Si quieren que me vaya, perfecto. Pero que reconozcan que trabajé, que me deben, y que no soy un parásito”.

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