Robert Duvall, el actor que dotó de una humanidad inquebrantable a personajes icónicos de la gran pantalla, falleció este domingo a los 95 años. La noticia llegó a través de su esposa, la actriz argentina Luciana Pedraza, quien confirmó que el intérprete partió en paz y rodeado de sus seres queridos en su residencia de Virginia.
Una despedida en la intimidad de su hogar
Aunque no han trascendido detalles específicos sobre la causa de su deceso, el mensaje de su viuda en redes sociales fue claro y emotivo: Pedraza describió a «Bob» como un hombre cuya pasión por el oficio solo se comparaba con su amor por las cosas sencillas de la vida, una buena charla y una mesa compartida.
«Se entregó por completo a sus personajes y a la verdad del espíritu humano», expresó la mujer que lo acompañó en sus últimos años de retiro en su granja.
De «El Padrino» al aroma del napalm
La trayectoria de Duvall es, en esencia, la historia del mejor cine del siglo XX. El público lo recordará siempre como Tom Hagen, el asesor jurídico de sangre fría en las dos primeras entregas de El Padrino. Sin embargo, su capacidad para el exceso controlado alcanzó el cenit en Apocalypse Now, bajo las órdenes de Francis Ford Coppola: allí, como el coronel Bill Kilgore, inmortalizó una de las sentencias más repetidas de la historia: «Amo el olor del napalm por la mañana».
A pesar de sus siete nominaciones al Oscar, la estatuilla dorada le llegó en 1984 gracias a su papel en Gracias a la vida (Tender Mercies), donde dio vida a un cantante de country en busca de redención. Desde su debut como el misterioso Boo Radley en Matar a un ruiseñor (1962) hasta su madurez en The Judge (2015), Duvall demostró que no existía papel pequeño, sino interpretaciones sin alma, algo que él nunca permitió.
El método de la verdad
Su éxito no fue casualidad: formado en la prestigiosa escuela de Sanford Meisner junto a nombres como Gene Hackman y Dustin Hoffman, Duvall aplicó siempre la máxima de «vivir de forma veraz bajo circunstancias imaginarias». Esa técnica le permitió acumular un patrimonio estimado en 70 millones de dólares y una vitrina repleta de Globos de Oro y premios Emmy, aunque su verdadero tesoro fue el respeto unánime de la industria.
Robert Duvall eligió pasar sus últimos años lejos de los focos, refugiado en la calma de su granja en Virginia, un escenario que bien podría haber formado parte de una de sus películas. Sin embargo, su legado sobrevive en una biblioteca de personajes que son, en sí mismos, icónicos en el mundo de la actuación.












