El comisario Emilio de la Calle personifica hoy la mayor crisis de imagen de la Policía Nacional: la difusión de unos audios inéditos por parte de El País revela la violencia verbal y las amenazas que sufrió una agente bajo su mando en la embajada de España en Nueva Delhi.
Frases como «¿Te doy una hostia?» forman parte de un material sonoro que ha reactivado la indignación pública y la presión sobre el Ministerio del Interior.
Una trayectoria entre la responsabilidad y la polémica
Emilio de la Calle no es un desconocido en la estructura policial: con más de tres décadas de servicio, el comisario escaló posiciones hasta ocupar cargos de relevancia en unidades operativas y destinos internacionales. Antes de su etapa en Asia, ejerció como jefe de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras en Barcelona. Su estancia en la ciudad condal no estuvo exenta de fricciones; diversas polémicas internas marcaron ese periodo y generaron tensiones visibles con la plantilla.
Gracias a su especialización en cooperación exterior, De la Calle accedió a la agregaduría de Interior en la India, uno de los puestos más exclusivos y mejor remunerados del cuerpo. Allí permaneció hasta su cese fulminante en abril de 2025, momento en el que la cúpula policial tuvo constancia de los hechos denunciados.
El «horror» en la embajada: acoso y control
La causa judicial, que instruye la Audiencia Nacional, detalla un escenario de pesadilla. Según el testimonio de la agente, el comisario ejerció un patrón sistemático de acoso sexual, humillaciones y control absoluto sobre su vida privada entre el verano de 2024 y principios de 2025. La gravedad del trato llevó a la subordinada a saltarse los canales internos de la Policía y acudir directamente a la justicia ordinaria.
Salen a la luz los audios del comisario de la Policía Emilio de la Calle, investigado por acoso laboral y sexual a una subordinada.
🎙️ Mariló Tarancón
▶https://t.co/N1CqOU61k5 pic.twitter.com/kZLIF71FML
— Telediarios de TVE (@telediario_tve) February 27, 2026
En la actualidad, el juez mantiene una orden de alejamiento y prohibición de comunicación que protege a la víctima. Mientras tanto, el análisis de las grabaciones avanza para determinar la responsabilidad penal del mando policial por estos presuntos delitos.
Las grabaciones: violencia verbal y confesiones de «barbaridades»
El contenido de los audios revela un nivel de agresividad extrema por parte del comisario. Las grabaciones recogen amenazas físicas explícitas que el mando profirió contra su subordinada. «¿Qué hago? ¿Te pego? ¿Te doy una hostia? Sí, a ver si con un ojo morado…», se escucha en uno de los cortes. En otra ocasión, De la Calle advirtió a la agente sobre su capacidad para ejercer la violencia: «Te dejo como un trozo de carne, o sea, te reviento». Estas intimidaciones se sumaron a ataques constantes contra su integridad mental y profesional, con insultos sobre un presunto «retraso mental» o burlas hacia su llanto, ante lo cual él respondió: «De casa se viene llorado, meado y cagado. Esto es la puta Policía».
Más allá del maltrato personal, los audios contienen declaraciones que comprometen la ética del comisario en su carrera profesional. Emilio de la Calle presumió ante la agente de haber participado en prácticas ilegales en el pasado. «Hemos hecho barbaridades, hemos tenido que secuestrar a gente para que nos diera una información», confesó el mando. En su discurso, justificó estas acciones bajo una supuesta lealtad corporativa y se jactó de su impunidad: «No me han procesado a un compañero».
Un acoso que traspasó los muros de la embajada
La querella describe una persecución que afectó a todos los ámbitos de la vida de la víctima, ya que el comisario impuso un control asfixiante sobre la agente, a quien exigió disponibilidad absoluta incluso en sus momentos más íntimos: «Que cagues con el teléfono». La vigilancia física fue constante; el mando rondaba la vivienda de la mujer y le enviaba mensajes para que ella supiera que él estaba allí, como el comentario sobre «cerrar la ventana para que no entren los monos».
El componente sexual también fue una constante en este patrón de abuso: De la Calle realizó comentarios inapropiados sobre el cuerpo de la agente y le sugirió el uso de juguetes sexuales en su domicilio.
En el ámbito profesional, la instó a utilizar su físico para obtener beneficios operativos: «Ponte escotes para estas fiestas, que eso a un tío lo va a aflojar». Este comportamiento agresivo contó con testigos directos; un cónsul húngaro presenció cómo el comisario agarró violentamente a la mujer durante una recepción oficial para apartarla y reprenderla en público.
Una crisis sistémica en los destinos exteriores
El caso de De la Calle ha destapado una realidad preocupante en las misiones diplomáticas. En estos momentos, existen ocho expedientes abiertos por presuntas agresiones sexuales cometidas por agentes destinados en el extranjero: todos estos casos se encuentran ya en manos de los tribunales.
Esta crisis coincide además con la sacudida que supuso la denuncia contra el exdirector adjunto operativo (DAO), José Ángel González, por una presunta violación. La acumulación de escándalos en la alta jerarquía policial cuestiona la eficacia de los mecanismos de control internos.
La presión sobre Interior aumenta para que refuerce la supervisión de los mandos en destinos donde, lejos de la supervisión central, el abuso de poder parece haber encontrado un peligroso espacio de impunidad.









