El operativo militar de este domingo en Tapalpa no solo terminó con la vida del narcotraficante mexicano Nemesio Oseguera Cervantes: su fallecimiento ha dejado una grieta en la estructura de mando del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una organización que, a diferencia de otras, no dejó un camino de sucesión despejado.
Sin un heredero dinástico disponible (con «El Menchito» condenado a cadena perpetua en Estados Unidos), el grupo enfrenta ahora una pugna interna entre cinco figuras con distintos niveles de influencia y poder de fuego.
El 03: el factor del linaje
Juan Carlos Valencia González es el nombre que más resuena en los informes de inteligencia, y las autoridades sospechan su posible intervención por ser el hijastro de Oseguera Cervantes y por ejercer el control en el «Grupo Élite»; el brazo armado más tecnificado de la organización.
Al ser hijo de Rosalinda González Valencia, «La Jefa», cuenta con una legitimidad familiar que pocos pueden cuestionar dentro de un grupo que se rige por códigos de clan. Su radio de influencia abarca el sureste de Jalisco y Colima, y se le considera el estratega detrás de las incursiones en territorios enemigos.
El Sapo: el poder de la estructura militar
Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán representa el ascenso por méritos operativos: la Fiscalía General de la República lo identifica como un líder con el respaldo de los sectores más cercanos a la familia fundadora, lo que le otorga una validación interna crucial.
Su especialidad es el reclutamiento y el adiestramiento de nuevos cuadros, y opera con un nivel de violencia extrema que ha consolidado su autoridad en zonas de Nayarit y Jalisco. A diferencia de otros perfiles, su fuerza reside en la base de combatientes que responden directamente a sus órdenes.
El Jardinero: el administrador de regiones
Audias Flores Silva se ha consolidado como el jefe regional con mayor autonomía fuera del círculo familiar Valencia-Oseguera. Su poder se ha construido en la gestión diaria de plazas clave en Jalisco, Michoacán y Nayarit, además de encabezar la expansión del grupo hacia Zacatecas.
Es visto más como un gestor territorial que como un líder carismático, lo que lo vuelve indispensable para mantener la operatividad del negocio, aunque su falta de lazos sanguíneos con el fundador podría ser un obstáculo en una disputa por el mando total.
El Doble R: el control del núcleo urbano
Ricardo Ruiz Velasco ejerce su dominio en la zona metropolitana de Guadalajara, el centro logístico y financiero del cártel. Su relevancia es estratégica: manejar la capital de Jalisco implica controlar los nexos políticos y la infraestructura necesaria para el lavado de dinero.
En términos de poder efectivo, muchos lo sitúan al mismo nivel que los líderes familiares, ya que posee el control de los recursos urbanos que permiten al grupo funcionar como una operadora trasnacional.
El Tío Lako: el hombre de los recursos alternativos
Heraclio Guerrero Martínez cierra este círculo de posibles sucesores gracias a su control sobre fuentes de financiamiento que van más allá del tráfico de drogas. Junto a su familia, coordina redes de robo de combustible en Michoacán y estados aledaños.
Su peso dentro de la organización es vital para sostener la economía de guerra del grupo, especialmente en momentos de crisis donde el tráfico de sustancias puede verse interrumpido por operativos gubernamentales.
Un escenario de incertidumbre
El fallecimiento de Oseguera Cervantes deja a la organización bajo la supervisión directa de las autoridades de seguridad, quienes mantienen el despliegue militar en el occidente del país.
Tras los disturbios registrados este domingo, el Gobierno federal evalúa el impacto de la ausencia de mando en el CJNG: los reportes de inteligencia indican que la prioridad actual de las fuerzas armadas es prevenir enfrentamientos entre las facciones regionales que controlan las plazas de Jalisco y Michoacán.











