Lo que debía ser un encuentro para apuntalar la alianza estratégica entre Washington y Tokio se convirtió este jueves en un escenario de fricción que quedó grabado en vivo. El presidente Donald Trump recibió en la Casa Blanca a la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, en un clima enrarecido por el conflicto en Oriente Medio y las exigencias estadounidenses hacia sus socios internacionales.
Una comparación histórica inesperada
La polémica estalló cuando la prensa japonesa cuestionó al mandatario sobre la falta de aviso previo a sus aliados antes de iniciar las operaciones militares contra Teherán. Trump, defendiendo el factor sorpresa, no dudó en recurrir a uno de los episodios más sensibles de la relación bilateral: el ataque a la base de Pearl Harbor.
«¿Quiénes lo entienden mejor que los japoneses? ¿Por qué no nos avisaron de Pearl Harbor?», lanzó Trump entre risas. La referencia al bombardeo de 1941, que causó más de 2400 muertes y forzó la entrada de EE. UU. en la Segunda Guerra Mundial, provocó una reacción de asombro y rigidez en Takaichi, quien guardó silencio ante el paralelismo trazado por el republicano.
Los puntos de discordia entre Japón y Estados Unidos
Más allá de la retórica, el trasfondo de la reunión es la urgencia de Washington por sumar apoyos en el Golfo Pérsico: tras el cierre parcial del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, la Casa Blanca presiona para que sus aliados desplieguen buques destinados a escoltar petroleros y realizar tareas de desminado.
Para Takaichi, el pedido es un dilema político de gran coyuntura: aunque su Gobierno defiende una agenda de seguridad más robusta, la Constitución pacifista de Japón y la impopularidad de la guerra contra Irán en su país limitan cualquier compromiso de intervención directa.
Pese a ello, la primera ministra intentó suavizar el tono ofreciendo «toda la cooperación posible» y sugiriendo un papel mediador junto a potencias europeas.
La distancia entre ambos líderes también quedó patente al analizar las repercusiones financieras del conflicto: mientras que Trump restó importancia al impacto económico de la guerra, calificándolo de menor a lo previsto, la mandataria japonesa fue tajante al advertir que el mercado mundial se encuentra al borde de un «golpe enorme» debido a la inestabilidad energética.
Reproches a la OTAN y a los aliados «tardíos»
Trump aprovechó el encuentro para lanzar una nueva advertencia a sus socios europeos, especialmente a Gran Bretaña. Tras los recientes gestos de apoyo de la OTAN, el presidente estadounidense se mostró implacable: «Para mí ya es demasiado tarde», afirmó, criticando lo que considera una reacción lenta de sus aliados ante la crisis iraní y la seguridad en las rutas del crudo.
A pesar de los elogios de Takaichi, quien llegó a calificar a Trump como el único capaz de alcanzar la paz mundial, la reunión finalizó con más dudas que acuerdos: la alianza entre Washington y Tokio atraviesa uno de sus momentos más complejos, atrapada entre las demandas de guerra de un lado y las restricciones constitucionales y memorias históricas del otro.











