El colectivo solidario La voz de los que nadie quiere escuchar ha confirmado su cierre definitivo , tras 15 años de entrega a las personas sin hogar en Ibiza . Su fundador, Cristóbal, comunicó en redes sociales que los años y el cansancio han hecho inevitable esta decisión. El local, situado en la calle Archiduque Luis Salvador, echará el cierre total al terminar septiembre, tras un mes de limpieza y despedida silenciosa.
Un refugio independiente y anónimo
Nacido de una mirada consciente frente al despilfarro —como la comida descartada por supermercados— el proyecto se inició en el propio apartamento de Cristóbal y posteriormente se trasladó a dos pequeños locales alquilados en Ibiza ciudad. Allí, gracias a una “caja de resistencia” —un simple tarro de cristal con donaciones anónimas— y a lo que conseguían de los supermercados, el colectivo suministró alimentos, ropa y dignidad sin depender nunca de subvenciones, partidos políticos, ONG o entidades religiosas.
Durante la pandemia, el local se convirtió en un verdadero refugio de emergencia, con largas filas de personas que esperaban por alimento cada día. En estos quince años, Cristóbal calcula en unas 20.000 las personas asistidas.

Más allá de la ayuda material
El proyecto fue mucho más que un punto de reparto: fue un centro social informal, donde se ofrecía acompañamiento, contención emocional y un sentido de pertenencia para quienes vivían en la calle o en situación de vulnerabilidad. Cristóbal conocía nombres, historias y había tejido redes de solidaridad donde lo importante era dar dignidad, no limosna.
Con el paso de los años, el colectivo logró establecer una conexión genuina con los residentes del barrio. “Poco a poco nos hemos convertido en una gran familia”, señalaba Cristóbal en su despedida, destacando la paciencia, los gestos de cariño y el apoyo recibido, incluso en los momentos más difíciles.
Aunque el local se cierra, el mensaje final está lleno de agradecimiento y serenidad. Cristóbal confiesa que “podría dedicarme ahora a vivir en paz y tranquilidad”, y agradece a quienes colaboraron con la caja de resistencia, a los vecinos, a las empresas que aportaron, y a los beneficiarios que enlazaron con el proyecto hasta sentir que también era su hogar-