Un comentario irónico en redes sociales ha desatado un intenso debate entre habitantes de Ibiza sobre el uso de las viviendas durante el invierno, con más de ochenta intervenciones que evidencian el malestar creciente ante el subarriendo temporal. El cruce de opiniones ha puesto el foco en una práctica extendida: inquilinos que abandonan la isla en temporada baja, ceden sus pisos a terceros y regresan en verano, dejando a los residentes con opciones cada vez más limitadas para encontrar un hogar estable.
«Que yo te pague el alquiler mientras tú te largas a Tailandia», fue el comentario que inició el debate. Un intercambio intenso, ya que “muchos se aprovechan del invierno para no perder la casa y luego echan a quien se la cuidó”, según escribió una participante. El mensaje condensó una preocupación recurrente: el uso estratégico de una vivienda sin que exista una voluntad real de residir en la isla durante todo el año, algo que numerosos insulares consideran una forma de bloqueo habitacional.
Uno de los elementos más polémicos del intercambio fue el subarriendo, una figura que, salvo autorización expresa, contraviene la práctica totalidad de los contratos de alquiler y que para muchos usuarios explica por qué la oferta anual se encuentra en mínimos. “La gente debería seguir pagando su alquiler si se va meses fuera. No es normal usar a otro para que te mantenga el piso y luego echarlo en verano”, lamentaba una residente con años de mudanzas acumuladas. En la conversación aparecieron decenas de testimonios sobre contratos de seis u once meses que terminan abruptamente en mayo, un patrón que se repite cada temporada.
Varios participantes introdujeron referencias legales, recordando que la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) establece que los contratos de vivienda habitual permiten al inquilino permanecer hasta cinco años si lo desea. Otros, sin embargo, matizaron que existen también los contratos de temporada, regulados en el artículo 3 de la misma norma, siempre que pueda demostrarse que el uso no es residencia permanente. Un usuario lo expresó de forma contundente: “No confundamos. El problema no es si es contrato anual o de invierno: el problema es que hay gente que subarrienda su casa para guardarla mientras está fuera”. Su comentario fue uno de los más respaldados. La normativa, recuerdan algunos vecinos, es clara: sin autorización del propietario, el subarriendo no está permitido (artículos 8 y 27 de la LAU).
Críticas al impacto social
Buena parte de las intervenciones apuntan a que estas prácticas agravan la precariedad de quienes viven en la isla todo el año, obligados a encadenar alojamientos cada seis meses. “Los residentes deberíamos tener prioridad. No puede ser que vivamos mudándonos de casa en casa porque otros se van de viaje y no quieren perder el piso”, se quejaba una trabajadora que relató haber cambiado seis veces de vivienda en tres años.
Otros participantes defendieron que la práctica del alquiler invernal no es necesariamente ilegal si se ajusta a la normativa y si ambas partes aceptan el acuerdo. Sin embargo, incluso entre quienes relativizaban la cuestión jurídica, había consenso en un punto: el subarriendo lucrativo, especialmente cuando el titular no reside en la isla durante meses, altera el equilibrio del mercado. “Hay mucho aprovechado, no solo propietarios. También hay inquilinos que hacen negocio con la necesidad ajena”, advertía otra usuaria.
El debate derivó también hacia una dimensión socioeconómica más profunda. Algunos intervinientes apuntaron a que la presión inmobiliaria no depende únicamente de inquilinos o propietarios, sino también de un modelo económico que combina alta estacionalidad, escasez estructural de vivienda y precios muy por encima del salario medio. “En Ibiza se gana bien, pero se vive peor que nunca. La culpa no es de Tailandia: es del sistema”, resumió un comentarista.
Un malestar que se repite cada temporada
El intercambio dejó claro que el foco de la indignación no es el alquiler de invierno en sí, sino el uso táctico de la vivienda para mantener un inmueble disponible sin asumir los costes de vivir en la isla fuera de la temporada alta. “Si te vas cuatro meses, paga tu casa. No uses a otro para que te la cuide y después lo saques a la calle en junio”, afirmó una residente. La conversación se convirtió en un retrato amplio de cómo el subarriendo contribuye a mantener fuera del mercado viviendas que podrían destinarse a alquileres anuales, una tendencia que numerosos vecinos consideran decisiva en la crisis habitacional de Ibiza.













