Un equipo de investigadores del Instituto de Física Interdisciplinaria y Sistemas Complejos (Ifisc), centro mixto de la Universitat de les Illes Balears (UIB) y el CSIC, ha demostrado que los retrasos en vuelos pueden propagarse entre continentes a través de “conexiones ocultas” dentro del sistema de transporte aéreo global.
Según ha informado la UIB, los retrasos conectan regiones distantes mediante cadenas de influencia “sutiles pero medibles” que emergen de la propia dinámica de la red aérea mundial. El hallazgo confirma que el tráfico aéreo internacional es mucho más interdependiente de lo que se pensaba.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron datos globales de vuelos correspondientes al periodo 2015-2018. El estudio permitió identificar una “estructura a gran escala” en la propagación de retrasos aéreos y detectar qué aeropuertos desempeñan un papel clave en estas perturbaciones.
Hasta ahora, la mayoría de investigaciones se habían centrado en cómo los retrasos se expanden dentro de un mismo país o continente, como Europa o Estados Unidos. Este nuevo trabajo demuestra que también pueden transmitirse entre continentes y que su impacto puede medirse a miles de kilómetros de distancia.
Detectar este fenómeno no ha sido sencillo. Los vuelos intercontinentales son menos frecuentes que los nacionales y su efecto suele quedar oculto por el elevado volumen de tráfico local. Para superar esta dificultad, el equipo desarrolló dos marcos analíticos complementarios capaces de identificar señales débiles pero sistemáticas de largo alcance en los datos.
El estudio revela que la red global de transmisión de retrasos está determinada por factores como la distancia geográfica, el volumen de tráfico entre regiones y las variaciones estacionales. Así, la propagación es más intensa entre regiones altamente conectadas y varía entre verano e invierno debido a los cambios en la demanda.
“El sistema de transporte aéreo global está más interconectado de lo que se pensaba, no solo en rutas y pasajeros, sino en cómo se propagan las interrupciones. Incluso pequeños retrasos pueden tener efectos medibles a miles de kilómetros”, ha señalado el autor principal del estudio, Massimiliano Zanin.
Aeropuertos clave en la cadena de retrasos
Más allá de mapear los patrones globales, el equipo desarrolló un método para identificar los aeropuertos clave en la propagación internacional de retrasos. El análisis permite determinar cuáles actúan como nodos críticos cuya hipotética eliminación reduciría de forma significativa la señal de transmisión detectada.
Esto demuestra que la importancia de un aeropuerto no depende únicamente del volumen de pasajeros, sino de su papel dinámico dentro de la red global.
“Este enfoque nos permite identificar los nodos críticos donde medidas operativas específicas podrían reducir los retrasos en cadena”, ha explicado el investigador Josu Blanco.
El estudio también revela que la propagación de retrasos suele ser asimétrica: pueden transmitirse con mayor intensidad en una dirección entre dos regiones que en la contraria.
Implicaciones para la gestión del tráfico aéreo
Los resultados abren nuevas perspectivas para la gestión del tráfico aéreo internacional, ya que podrían facilitar una coordinación más eficaz entre regiones, mejorar la planificación de vuelos y aplicar medidas estratégicas en aeropuertos clave.
A largo plazo, estos avances pueden ayudar a las aerolíneas y a los reguladores del transporte aéreo a reducir costes operativos y mejorar la puntualidad, beneficiando directamente a millones de pasajeros.
Los investigadores apuntan que en el futuro se podría ampliar el modelo para estudiar interrupciones extremas en vuelos o analizar cómo nuevas rutas de larga distancia alteran la dinámica global.
En un contexto de crecimiento constante del tráfico aéreo mundial, comprender estas “interdependencias ocultas” será fundamental para evitar que pequeños retrasos locales se conviertan en problemas globales.













