Un tiburón blanco en el Mediterráneo no es solo material de ficción. Investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), en colaboración con la Universidad de Cádiz (UCA), han confirmado la presencia de esta especie icónica en la zona económica exclusiva española tras documentar un ejemplar frente a las costas de Alicante. El hallazgo, publicado en la revista Acta Ichthyologica et Piscatoria, añade un nuevo capítulo a la historia de este depredador en aguas europeas.
Un ejemplar joven, capturado por accidente
La captura incidental tuvo lugar el 20 de abril de 2023 cerca de Alicante. El tiburón blanco (Carcharodon carcharias), un ejemplar joven de más de dos metros de largo y aproximadamente noventa kilos, fue identificado gracias a fotografías, vídeos y análisis genéticos.
El equipo liderado por José Carlos Báez, investigador del IEO y autor principal del estudio, concluyó que se trataba efectivamente de un tiburón blanco. La identificación no fue inmediata: los pescadores alertaron a los científicos tras la captura, una muestra de colaboración crucial para el avance del conocimiento científico.
¿Reproducción en aguas españolas?
Uno de los datos más relevantes del estudio es la juventud del ejemplar. Esto ha llevado a los expertos a plantearse si podría existir una zona de cría en el Mediterráneo español, una hipótesis aún por confirmar. El tiburón blanco alcanza la madurez cuando supera los cuatro metros de longitud, y su tamaño máximo conocido ronda los 6,60 metros.
Desde 1862 existen registros esporádicos del tiburón blanco en el Mediterráneo, muchos de ellos indirectos, como mordeduras en tortugas atribuidas a un gran depredador. Entre 1986 y 2001 se documentaron 62 apariciones en aguas españolas, pero según el nuevo estudio, la presencia ha disminuido más del 73% en los últimos años en zonas como las Baleares.
Un depredador clave en el equilibrio ecológico
Lejos del estereotipo cinematográfico, el tiburón blanco desempeña un rol crucial en los ecosistemas marinos. El estudio lo describe como un depredador superior que actúa tanto en áreas costeras como en mar abierto, regulando las poblaciones de sus presas y generando efectos ecológicos en cascada.
“Desempeña un papel crucial en el mantenimiento del equilibrio trófico al controlar las poblaciones de presas y tiene considerables efectos en cascada en los ecosistemas costeros de pastos marinos y algas, lo que influye en la calidad del hábitat y la captura de carbono”, señala el informe científico.
La presencia de este tiburón está también vinculada a la migración del atún rojo, su presa habitual, pero aún no se ha determinado si el avistamiento del ejemplar frente a Alicante está relacionado con este fenómeno.
Una especie en peligro
El tiburón blanco está incluido en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), que estima que su población ha disminuido entre un 30% y un 50% en las últimas tres generaciones, lo que equivale a unos 159 años.
Con una esperanza de vida de hasta 73 años, esta especie es especialmente vulnerable a las presiones del entorno, incluyendo la pesca accidental, la contaminación y el cambio climático.
¿Debemos preocuparnos?
Según los científicos, la presencia del tiburón blanco no supone una amenaza para los bañistas. Lejos del mito del “cazador despiadado”, los encuentros con humanos son extremadamente raros, y su comportamiento en el Mediterráneo ha sido hasta ahora esporádico y reservado.
Para los expertos, lo más importante es lo que esta presencia representa: la necesidad urgente de continuar desarrollando programas de monitoreo, seguimiento y conservación en el Mediterráneo. Cada aparición es una valiosa oportunidad para estudiar cómo se comportan estas especies clave en nuestros mares y cómo protegerlas de forma efectiva.
“Los tiburones blancos no son enemigos del ser humano. Son centinelas del equilibrio marino y su presencia, aunque infrecuente, es un indicador de la salud del ecosistema”, concluye el estudio.
La aparición confirmada de este tiburón blanco en la costa alicantina es, por tanto, una señal que los científicos observan con atención. Más allá del impacto mediático, representa un reto para la investigación marina y un recordatorio del frágil equilibrio de la vida en el mar Mediterráneo.












