LÍO AL CORSO

Una polémica interpretación de Vila allana el desembarco de Lío Ibiza en el Hotel Corso

Un informe técnico favorable sostiene que la ampliación de la vieja sala de fiestas no constituye una nueva instalación, pese a las dudas jurídicas por el cambio de escala y emplazamiento.

Lío Ibiza funcionará en el Hotel Corso, en la zona de la terraza contigua a la piscina.

El Ayuntamiento de Ibiza ya ha puesto negro sobre blanco la tesis sobre la que se sostiene el futuro desembarco de Lío Ibiza en el Hotel Corso, un movimiento que ha generado malestar entre los vecinos de s’Illa Plana. Un informe técnico favorable concluye que la operación puede tramitarse como ampliación de la actividad complementaria existente y no como una nueva instalación, una interpretación decisiva porque permite sortear la prohibición que el PGOU de 2023 establece para nuevas salas de fiesta y discotecas en el municipio.

Hasta ahora, el debate se movía entre las dudas vecinales, las advertencias jurídicas y el silencio del Consistorio sobre qué licencia permitiría operar a Lío en el Corso. Ese escenario cambia con este informe, que asume la tesis más favorable al proyecto: que la futura actividad de ocio puede apoyarse en la vieja sala de fiestas del establecimiento y crecer sin quedar atrapada por la prohibición urbanística vigente.

Qué avala el informe municipal

El documento técnico parte de una base clara: el proyecto no plantea solo la reforma y ampliación del hotel, sino también la ampliación de la actividad complementaria actualmente existente. En ese marco, da por válida la existencia de una sala de fiestas legalmente implantada en el Corso y fija su superficie actual en 1.167,34 metros cuadrados.

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A partir de ahí, el informe acepta que esa actividad crezca hasta 2.484,20 metros cuadrados de uso recreativo, prácticamente al límite máximo permitido para esa tipología en la zona turística. Además, el conjunto de usos compatibles alcanzaría 3.692,71 metros cuadrados, con incorporación de restauración, comercio, almacenes y otros espacios asociados.

La clave: no sería una nueva instalación

El núcleo de la argumentación municipal está en la interpretación del PGOU de 2023. El plan general prohíbe en Ibiza las salas de fiesta, discotecas, salas de baile y similares de nueva instalación, pero añade que los usos ya existentes quedarán regulados por las ordenanzas de zona y deberán contar con los preceptivos permisos de instalación y apertura.

Sobre esa base, el informe técnico entiende que la ampliación de la sala de fiestas existente no queda afectada por la prohibición, porque no se trataría de una nueva instalación. Para sostener esa lectura, invoca además el régimen aplicable a los usos legalmente implantados preexistentes en edificios en situación de inadecuación.

El informe técnico favorable a la ampliación de la la licencia de actividad señala que “de acuerdo con el artículo 63, apartado 5º, de las normas urbanísticas, para los edificios existentes en situación de inadecuación, los usos legalmente implantados preexistentes pueden mantenerse siempre que se adapten a los límites de molestia, nocividad, insalubridad y peligro que establezca para cada zona la reglamentación urbanística”.

En otras palabras, el Ayuntamiento compra que el futuro espacio de ocio del Corso puede sostenerse como continuidad ampliada de una actividad previa y no como un nuevo establecimiento recreativo, ya que cumple con los requisitos estrictos señalados por el PGOU: los permisos de instalación y apertura y su adecuación a las ordenanzas de la zona.

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El Consistorio no ha respondido hasta ahora las consultas que ha hecho La Voz de Ibiza sobre la licencia de actividad con la que contará Lío en el Hotel Corso.

La grieta jurídica

Sin embargo, se trata de una interpretación controvertida. Fuentes expertas consultadas por La Voz de Ibiza sostienen que esa conclusión no se desprende automáticamente del PGOU, sino que responde a una interpretación favorable del planeamiento, y que existe un vacío legal. Y ahí sitúan la verdadera grieta del expediente.

La objeción es sencilla: una cosa es que el uso preexistente se mantenga y otra muy distinta que se amplíe de forma muy relevante, se mezcle con otros usos y cambie de ubicación dentro del complejo. Desde esa óptica, la actividad dejaría de ser mera continuidad para convertirse en una modificación sustancial que exigiría un nuevo título habilitante y, por tanto, debería someterse a la normativa vigente, incluida la prohibición de nuevas salas de fiesta.

Del sótano a otra escala

La controversia se agudiza además por el salto de escala. El propio expediente parte de una vieja actividad recreativa vinculada al hotel, con antecedentes administrativos de licencia de sala de baile de 1996 y una licencia posterior de sala de fiestas en vigor.

Sin embargo, el nuevo planteamiento no se limita a conservar ese espacio en sus términos originales. La operación proyecta una actividad mucho mayor, casi al tope permitido en zona turística, que se desarrollará centralmente en otro espacio del establecimiento. Como sostienen diversas fuentes consultadas por este medio, se desplazará dentro del complejo reformado, hacia la zona de la terraza, y no en el sótano donde históricamente funcionó la sala de fiestas. En ese caso, la tesis de la mera continuidad quedaría todavía más tensionada. Se espera, además, que la nueva sala de fiestas sea para unas 500 personas.

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Un aval que no cierra el conflicto

El informe fortalece, sin duda, la posición del promotor y del entorno de Lío. Pero no cierra el caso. Al contrario: fija con nitidez el punto exacto en el que se jugará la batalla jurídica y política. El siguiente paso será comprobar si esa interpretación se consolida sin contestación o si acaba alimentando recursos, impugnaciones y una pelea de mayor recorrido.

Porque el corazón del caso sigue siendo el mismo: si la actividad que se quiere llevar al Corso puede considerarse jurídicamente la misma que ya existía o si, en realidad, ha dejado de serlo.

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