Convertirse en artista no siempre es un acto de vocación, sino muchas veces un viaje de revelación. En el caso de Karina Zeff Peláez, conocida por todos como Danchú, (Ibiza, 1986) ese viaje comenzó en una infancia atravesada por cambios, culturas y preguntas sin respuesta, y se desplegó entre experiencias que hoy alimentan su obra: desde una escuela humanista en los Alpes suizos hasta un college de arte en un Chipre dividido, pasando por estudios en California, rituales personales y un encuentro trascendental con el óleo.
Pero más allá de la técnica, lo que define su camino es la búsqueda de coherencia entre lo que crea y lo que siente. Influenciada por el pensamiento místico, la filosofía y autores como Grinberg-Zylberbaum, Danchú explora la geometría sagrada como estructura del universo y portal hacia lo que existe frente a nosotros pero que a simple vista, es invisible. En sus cuadros, lo espiritual se vuelve forma; lo simbólico, color; y lo invisible, una vibración que —según ella— puede tocar el inconsciente del espectador. Así, su arte no busca representar, sino resonar. No explicar, sino activar.
-¿Cómo empieza tu historia?
-Nací en Ibiza y viví en la isla hasta los tres años, se separan mis padres y me fui a vivir con mi madre a Asturias. A los 7 nos fuimos a vivir a las Islas Canarias y con 13 mi madre fue al consulado suizo y preguntó en qué colegio no permiten pantallas, o sea, totalmente analógico… y me mandó a estudiar a un colegio muy especial, al Colegio de la Humanidad, lugar que fue fundado por una pareja que cuando los nazis tomaron Alemania, rehicieron su proyecto educativo y refugio durante la guerra en los Alpes Suizos. Una escuela progresista y humanista.
Para que entiendas, había 100 alumnos y 50 profesores, en medio de las montañas.
-Caro también, imagino…
-Sí, 60.000 euros al año, pero te daban una enseñanza “sin lujos”, por ejemplo, no nos dejaban usar agua caliente, todas las mañanas te levantabas para limpiar el colegio, pelar patatas, hacer huerto… Los lujos eran bañarse en agua de glaciar durante maravillosas excursiones, escalar, esquiar, tocar música, clases de arte, etc. Fue para mí una escuela que me enseñó a vivir, a ser responsable y lo más importante; ser una persona con humanidad. Además, ellos financian a 20 nacionalidades diferentes, por esto, yo compartí con una chica de Palestina por ejemplo por lo que yo ya a esa edad sabía que había gente en el mundo que vivía en condiciones extremas. También tuve amigos de Pakistán, Bhutan, Indonesia, Caribe, Chile… Y vas creciendo con una gratitud por la vida que ya tienes desde joven, justo lo que falta hoy por hoy; gratitud y respeto por los demás.
-¿Qué pasó luego?
-Yo quería estudiar Filosofía y tenía a Cristina, mi primera profesora de arte, y me acuerdo que el primer dibujo que hice era muy realista, curioso que luego tardaría años en volver a ese nivel de realismo. Me acuerdo que me dijo “haz lo que quieras pero prométeme que vas a mandar una aplicación a un college o academia de arte porque tienes talento”. Y le hice caso.
Ese verano me decidí por el arte y no sé cómo, acabé en Chipre [me río de acabar en Chipre como quién dobla antes en una calle que no era], en el Cyprus College of Art.
Y me encuentro en una isla dividida en 2, por un lado grecochipriota y la otra turca. Veo que hay pancartas con turcos estrangulados… unas movidas… y yo podía ir a cualquier lado como española, pero si por ejemplo eras británico no los dejaban entrar en todos lados, sólo en zonas turísticas. Es que los atacó e invadió todo el mundo por su ubicación geoestratégica. A mí siempre me interesaron los temas relativos a los conflictos humanos, entonces me informaba mucho, me preguntaba por qué hay tanta guerra ya desde las familias, yo misma tenía relaciones conflictivas y no lograba entenderme… La miseria y la pobreza humana (y ojo, que son dos cosas diferentes) siempre han sido cosas que me han tocado mucho y busco a través del arte entender y cooperar para generar un cambio en mí misma y en los demás.

-Bueno, lo que has mamado en la escuela de la humanidad…
-Pues allí me dijeron “ah, ¿que eres descendiente de argentinos?, pues léete el libro «Las Venas Abiertas de América Latina”. Quince años tenía. Y léete “Brave new world” de Aldous Huxley… y así.
-¿Y cuándo entra la pintura?
-En la escuela había mucha libertad, había quienes pintábamos realista, otro abstracto, pero no te inducían a nada específicamente. Luego me quise meter de lleno en pintura y estudiar y por suerte mi madre se lo podía permitir, así que me fui a California. Comencé a estudiar en el Academy of Art University con profesores increíbles que me enseñaron a pintar lo que ves, tal cual es, o sea, hiperrealismo pero a mí me gustó más el surrealismo. Seguramente porque siempre me intrigó mucho qué es la vida, qué es la muerte, el inconsciente, de dónde venimos, la percepción de la realidad, por qué la humanidad se complica tanto la vida… pero cuando tu aprendes a pintar de forma realista puedes al final crear lo que vas imaginando.
-La máxima clásica de “aprende las normas para romperlas”.
-Sí, me gustaba hacerlo de esa manera y fue lo que hice. Estudié hasta dos cursos de anatomía [risas]…
-Y ahora mismo qué pinturas, qué técnicas y por qué, pero antes dime qué crees, ¿tú eliges la pintura o la pintura te elige a ti? No es lo mismo un mensaje a través del óleo que de acuarelas.
-¿Te digo la verdad?
-Sí claro…
-Cuando estaba en Chipre la primera vez que abrí un tubo de óleo, el olor que salió… lo olí y dije “esto es lo mío” [risas]
-¡Eres una yonki! [carcajadas]
-Te lo juro, me entró por el olor y luego vi la elasticidad que tiene en el sentido de su secado lento, que se puede moldear mientras seca, hacer capas o difuminar, dije “esto es la bomba”.
-¿De allí siempre con la pintura?
-Bueno, lo cierto es que he tenido una crisis existencial en un momento; investigando sobre el infinito, el universo y qué es la realidad, me di cuenta que estaba todo creado, que toda la información ya está ahí. Y me dije “¿qué hago yo pintando si ya está todo hecho?”. Claro que malinterpreté el mensaje, porque todo está creado pero otra cosa es materializarlo en esta dimensión…
Fue curioso porque decidí dejar de pintar cuando se me acabó el óleo, y puedes creer que, unos días después, viene mi amigo pintor Dominique Sansón y me regala un montón de pintura al óleo, pero tanta – tanta, que aun pintando y regalando, todavía me queda. Pero el mensaje fue claro, ¡no debía parar!
El arte nace del ritual con el propósito de conectar espiritualmente (la intención de explicar el mundo invisible), eso fue lo que me inspiró volver y en mis nuevas obras. Si el arte nace de un ritual… empiezo a preguntarme – ¿Cuál es mi responsabilidad o propósito como artista? Porque el arte crea cultura y esto es una gran responsabilidad, en mi opinión. Transitando este camino descubrí la geometría sagrada a través de un viaje psicodélico, y aunque me queda mucho por integrar… mira, ven, mira lo que pasó [me dice y me lleva al taller para enseñarme este cuadro]:

Comencé creando flores imaginarias, orgánicas y figurativas, cuyas semillas son las estrellas que brotan y florecen cuando entran en contacto con la Tierra. Estas flores se fusionan con el patrón de geometría sagrada dibujado previamente a lápiz que usé como plantilla de creación.
Posteriormente, pinté dendritas saliendo de los pétalos. Fue en ese momento cuando observé detenidamente el cuadro que estaba iniciando y comprendí aquello de que “todo es mente”, tal y como hablan los textos de Hermes Trismegisto, aquel sincretismo entre el dios Thot del antiguo Egipto y del griego Hermes. Al fin y al cabo -pensé- ¡todo se asemeja a la manera en que trabajan las neuronas en nuestro cerebro! Ahora se sabe que los árboles están conectados, que si a uno le falta nutrientes, el resto aporta (ojalá todos los humanos hiciéramos lo mismo). Si ves una foto de la Nasa del universo parece el cerebro humano, neuronas enviando señales… y han descubierto que el corazón también tiene neuronas capaces de procesar información de manera autónoma y conectarse con el cerebro…
-Sinapsis.
-Sí, y acto seguido el cuadro que acababa de empezar ya tenía título: Campo Neuronal.
Después de varias semanas pintando comencé a investigar con curiosidad sobre el significado de la expresión “campo neuronal”. El primer resultado que arrojó esta búsqueda me mostró la Teoría Sintérgica de Jacobo Grinberg-Zylberbaum. Ya conocía al autor, había leído uno anterior que se llama “Pachita”, que recomiendo, porque es la historia de una mujer que hacía milagros reales, y se convirtió en musa o mentora del autor. De allí él estudió a los chamanes de México y de cómo la realidad se pudiera manipular o cambiar a esos niveles, como hacía Paquita, de cicatrizar heridas con las manos por ejemplo.

-¿Cómo manipular la materia, dices?
-Sí, entonces acabó escribiendo el trabajo de su vida, el libro La Teoría Sintérgica, y casualmente luego de publicar desaparece. El investigador de su desaparición de repente lo despiden… Hay un documental en Filming que se llama Los Secretos del Dr. Grinberg habla sobre esto. La última vez que se lo vio fue en un aeropuerto de Colorado con unos “hombre de negro”. Si buscas en archivos desclasificados de la CIA puedes encontrar parte de su trabajo de experimentos que demuestran que la mente también está fuera del cuerpo.
[tiene la cara iluminada cuando habla de esto, cual niña suelta en juguetería].
-Y veo lo que se conoce como la flor de la vida, ¿por qué lo incorporas?
-Todas las flores están conectadas y esta Lattice geométrica representa el infinito, y el infinito es Dios o lo que alberga todo. Nosotros tenemos un cuerpo y mente (de momento al menos) limitados con la cual vemos una realidad relativa y, según Grinberg, nuestro campo neuronal distorsiona la Lattice o enrejado geométrico (la Realidad), al cual distorsionamos dependiendo de la coherencia que tengamos (a mayor vibración mayor coherencia y menor gravedad), o sea que podemos vivir un caos de realidad o ser coherentes y vivir una Realidad de Paz… Él dice que en las tribus guaraníes cuando cosían lo que hacían era enhebrar cada punto con un punto de encuentro, porque todo está conectado, como representación de la lattice o matrix.

-También veo mucho Mandala, que de nuevo, es geometría.
-Sí, correcto.

-¿Por qué llamas a tu arte “Surrealismo trascendental”?
-Surrealismo porque es una pintura automática, ya que intento solo pensar con el corazón y no con la razón, es espontánea y trascendental porque tiene la intención/propósito de transmitir el infinito en esta dimensión relativa limitada.
-Te brota, como las flores.
[sonríe]-Sí, eso mismo.
–Y eres escaladora, ¿la montaña te influye en la pintura?
-Sí, muchísimo. En la montaña es cuando estoy realmente en paz. Pintando también, pero cuando estoy allí estoy en meditación activa. Tienes que estar conectada viviendo el presente porque la escalada tiene riesgos. Y viviendo en el presente es rejuvenecedor. La conexión con el ahora, en el medio natural y con la roca que tiene algo…

-¿No es muy loco lo que nos enseñan y el hecho que la gente cree que las rocas son inertes, que no están vivas?
-No hablemos de eso mejor que… [risas]. Todo está vivo.
-Los días que escalas, escalas y ya, o al volver de la montaña vuelves inspirada para pintar?
-Sí, me pasa, pero luego me encierro una semana a solo pintar, pero la escalada es mi forma de descansar porque el pintar es sacar mucho de mis adentros, y eso cansa.
-O sea, que la montaña te mete para adentro y la pintura te saca para fuera, y ahí el balance…
[piensa, vuelve a sonreír]
-Sí, tienes razón.

Pero vuelvo al principio, ¿Qué voy a aportar como artista?
Yo quiero aportar valores como la unidad, el respeto y la coherencia… pero no quiero generar conciencia a este mundo lleno de miseria con más miseria, ¿no?, entonces es cambiar el paradigma desde otro ángulo, por eso mi necesidad con mi pintura es la de despertar conciencias a través de la geometría sagrada y su belleza. Y creo que al verla, en un plano inconsciente, se produce. Entonces le agrego encima figuras orgánicas que la esconden un poco, simulando la realidad donde todo está allí pero no a simple vista, como en la vida misma.
-¿Otro mate? [me dice]
-Sí, por favor [respondo].