El Real Madrid desató toda su furia competitiva en el Roig Arena y firmó una de esas actuaciones que marcan territorio. En una semifinal de Copa del Rey con aroma a revancha, los blancos arrollaron a Unicaja por 100-70 y se citarán con el Valencia Basket en la pelea por la final. Fue una exhibición sin fisuras, una respuesta contundente a las dudas recientes y un golpe encima de la mesa ante el vigente campeón.
Como si hubiera estado aguardando este instante durante meses, el equipo de Sergio Scariolo activó el modo competitivo más implacable. Antes de viajar a Valencia, el técnico había advertido: «Se acerca lo que siempre me ha gustado». Y la Copa del Rey, ese territorio de máxima exigencia, parece el escenario perfecto para que el Real Madrid muestre su mejor versión.
Un inicio demoledor ante Unicaja
Desde el salto inicial, el partido tomó un rumbo claro. El Real Madrid salió con una intensidad desbordante, directo al mentón de un Unicaja que no supo reaccionar. El recuerdo del duelo reciente en el Martín Carpena —donde los malagueños llegaron a dominar por 18 puntos en la primera parte— parecía servir como combustible para los blancos.
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En esta ocasión, no hubo margen para la sorpresa. Al descanso, Unicaja estaba roto, frustrado y sin respuestas. Apenas 28 puntos en el marcador reflejaban el dominio absoluto de un rival que parecía multiplicarse en cada acción.
La fórmula de Ibon Navarro, que tanto éxito le dio en anteriores ediciones coperas, fue desactivada por completo. Sin rastro de Sulejmanovic ni de Cobbs, y con Duarte anulado por Abalde, el campeón se vio superado en todas las facetas del juego.
Tavares marca el territorio y el Madrid acelera
El dominio comenzó con la presencia intimidante de Tavares en la pintura. Su impacto condicionó el juego interior de Unicaja desde el primer minuto. A partir de ahí, llegó el veneno de Trey Lyles, efectivo y silencioso, castigando cada desajuste.
La aceleración de Theo Maledon terminó de romper el partido. Un parcial de 14-0 dejó tiritando al conjunto andaluz y el marcador empezó a adquirir proporciones alarmantes. El Real Madrid llegó a mandar por 50-26, una diferencia que evidenciaba la distancia competitiva en ese tramo del encuentro.
Unicaja intentó una tímida reacción al inicio del segundo acto, con triples de James Webb y Kalinoski, pero el Madrid defendía, reboteaba y corría con una solvencia inalcanzable. El equipo blanco se sentía cómodo, inabordable. Como aviones sobrevolando el Roig Arena.
Reinvención frustrada del campeón
El contexto tampoco ayudaba al conjunto malagueño. La reinvención tras la salida de piezas importantes como Kameron Taylor, Osetkowski, Tyson Carter o Yankuba Sima, unida a las lesiones de Tillie, Tyson Pérez y Kravish, ha complicado el presente de Unicaja.
En el Roig Arena, esa transición quedó expuesta. Ni siquiera la aparición de un Alberto Díaz lastrado físicamente, entrando en pista cuando nadie lo esperaba, logró cambiar la dinámica. Fue un gesto de orgullo, pero insuficiente ante la tormenta blanca.
El marcador seguía estirándose. Deck, Hezonja y Llull elevaron la distancia hasta un sonrojante 69-34 que dejaba el duelo prácticamente sentenciado antes del último cuarto.
Una segunda parte sin historia
La reanudación no alteró el guion. Unicaja se había esfumado. Sin acierto, pero también sin energía ni ánimo. Perdía balones ante un Real Madrid que no estaba dispuesto a soltar la presa.
La diferencia alcanzó cotas históricas, con un 94-57 que obligaba a desempolvar los libros de récords. El Roig Arena hacía la ola mientras ambos equipos intercambiaban canastas esperando el final. La máxima fue de 94-57 y el resultado definitivo, 100-70, certificó una de las mayores exhibiciones blancas en la Copa.
El dominio fue total: el rebote, el control del ritmo, el acierto exterior y la energía defensiva. Solo Kramer y Alex Len se quedaron sin anotar en el conjunto madrileño. En Unicaja, apenas James Webb y Balcerowski ofrecieron algo de resistencia.
Un aviso antes del duelo ante Valencia Basket
El triunfo ante Unicaja no solo tiene valor clasificatorio. Supone también una reivindicación tras semanas en las que se señalaba al Real Madrid por su inconsistencia defensiva. Se le criticaba por encajar 100 puntos con demasiada frecuencia y hasta el trabajo de su especialista defensivo, Luis Guil, fue puesto en cuestión en enero.
Sin embargo, la actuación en el Roig Arena muestra una evolución que deberá ser refrendada en el siguiente desafío: el enfrentamiento ante el Valencia Basket, un rival con más argumentos ofensivos que el Unicaja actual y con el respaldo de su afición.
La Copa del Rey es el territorio del olor a napalm, la primera gran hora de la verdad de la temporada. Y el Real Madrid ha demostrado que, cuando llega ese momento, sabe transformarse. El título está un paso más cerca, pero la prueba definitiva espera. Tras el aplastamiento de Unicaja, el mensaje es claro: el campeón quiere recuperar su trono.












