POLÉMICA

“¿Somos jugadoras o animales en el zoo?”: Swiatek y Gauff rompen el silencio contra la vigilancia constante en el Open de Australia

Las principales figuras del tenis femenino denuncian la falta de espacios privados en Melbourne y cuestionan los límites entre espectáculo, exposición y respeto al jugador

Iga Swiatek es una de las varias jugadoras que se ha pronunciado sobre la falta de privacidad durante el Grand Open
Iga Swiatek es una de las varias jugadoras que se ha pronunciado sobre la falta de privacidad durante el Grand Open

La polémica por la falta de privacidad de las tenistas en el Australian Open ha salido de los vestuarios y encendido una conversación global esta semana entre algunas de las figuras más destacadas del circuito. El foco ha sido la presencia omnipresente de cámaras en zonas de paso y entrenamiento, un elemento que, según las propias protagonistas, traspasa los límites de lo que debería ser la vida privada de jugadoras profesionales.

La frase más impactante la pronunció la número dos del mundo, Iga Swiatek, quien llegó a decir: “¿Somos jugadoras de tenis o somos animales en el zoo donde nos observan incluso cuando defecamos?” Esta sensación de constante supervisión ha generado críticas dentro del circuito, con voces que piden un replanteamiento de cómo se graba y transmite la actividad detrás de las cámaras en uno de los Grand Slams más importantes del año.

Las palabras más directas: Swiatek y la comparación con animales

La jugadora polaca Iga Swiatek respaldó abiertamente las quejas de Coco Gauff sobre la falta de privacidad en Melbourne, en lo que parece ser un malestar cada vez más compartido dentro del tour. Swiatek afirmó con dureza: “La pregunta es, ¿somos jugadoras de tenis o somos animales en el zoo donde nos observan incluso cuando defecamos?” Una imagen fuerte, que no solo articula frustración, sino que pone en cuestión el equilibrio entre cobertura mediática y respeto a la vida íntima de las deportistas.

El comentario llama la atención sobre la percepción de vigilancia constante a la que se sienten sometidas. Swiatek añadió que, aunque la sentencia puede parecer “exagerada, obviamente”, sería positivo que las jugadoras tuvieran “un proceso propio y no ser siempre observadas”.

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Gauff, la chispa que encendió la mecha

La controversia estalló tras un incidente protagonizado por Coco Gauff después de perder en cuartos de final. La estadounidense, frustrada, rompió una raqueta en un pasillo cerca de la zona de jugadores. Gauff intentó encontrar un lugar apartado para descargar su frustración, pero se topó con que “estaba frente a una cámara después de todo”, según relató.

Aunque la escena fue capturada y difundida por las cadenas y en redes sociales, Gauff fue más allá en sus críticas: “Quizá se puedan tener algunas conversaciones, porque siento que, en este torneo, el único lugar privado que tenemos es el vestuario”. Sus palabras reflejan el sentir de muchas jugadoras: la idea de que no existen espacios realmente libres de cámaras fuera de los lugares estrictamente íntimos.

Otras voces que apoyan la queja

La crítica no quedó solo en Gauff y Swiatek. Otra tenista que se pronunció fue Amanda Anisimova, quien admitió que, tras su derrota, prefirió dirigirse directamente al vestuario porque “sabía que allí no sería filmada”. “Hay buenos momentos que la gente puede ver y eso es divertido”, explicó, “pero cuando pierdes, hay probablemente momentos no tan buenos. El hecho de que el vídeo de Coco se haya publicado, es duro, porque ella no tuvo voz en eso”.

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Estas declaraciones reflejan cómo muchas jugadoras empiezan a sentir que el constante flujo de imágenes no solo capta momentos relevantes de competición o declaraciones en rueda de prensa, sino también situaciones vulnerables o frustrantes que preferirían manejar en privado.

Una cuestión que divide al circuito

La protesta no ha sido unánime, pero sí relevante entre las voces más escuchadas del tenis profesional. Jessica Pegula, semifinalista y miembro del consejo de la WTA, declaró que la filmación “es una invasión de privacidad” y que debía “reducirse”. Según explicó, a veces se siente como si las jugadoras “estuvieran bajo un microscopio constantemente”, y criticó incluso la difusión de imágenes tomadas de los móviles de los propios jugadores.

“El único momento en el que no te están grabando es cuando vas a ducharte o al baño”, señalaba la norteamericana, destacando el nivel de exposición al que se sienten sometidas.

Respuesta oficial y defensa del torneo

Tennis Australia, la organización detrás del Australian Open, ha defendido el uso de estas cámaras asegurando que su objetivo es crear una “conexión más profunda” entre los fans y las jugadoras. En un comunicado difundido a través de medios, señalaron que buscan «equilibrar la exhibición de las personalidades y habilidades de las jugadoras, al tiempo que garantizar que su comodidad y privacidad sea una prioridad».

La entidad también aseguró que “valora” los comentarios de las jugadoras y quiere “trabajar de forma colaborativa” con ellas para encontrar soluciones que satisfagan a ambos lados.

Un fenómeno que viste cada rincón del torneo

La presencia de cámaras internas en el Australian Open no es nueva. Desde 2019, la organización ha captado imágenes dentro de zonas que incluyen el gimnasio, la zona de calentamiento y los pasillos que conectan con los vestuarios. Esto contrasta con otros Grand Slams, donde el acceso de cámaras es más restringido.

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Esta diferencia ha generado percepciones encontradas entre jugadores, organizadores y aficionados, especialmente cuando se trata de momentos que los protagonistas preferirían mantener fuera de la esfera pública.

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