La maquinaria del verano ibicenco ya está en marcha. Mientras las principales salas anuncian artistas, fechas y conceptos para captar la atención del público internacional, el lujo vuelve a ocupar un lugar protagonista en la conversación. Y este año, uno de los ejemplos más comentados llega desde Pacha Ibiza.
Con motivo de la esperada fiesta de &ME y Rampa, integrantes del colectivo Keinemusik, los precios de las mesas VIP han generado gran sorpresa.
Hasta 100.000 euros por una noche
La mesa VIP más económica parte de 1.200 euros por persona, mientras que las opciones más exclusivas alcanzaron los 5.500 euros (ya agotada) y 4.000 euros por asistente. Traducido al formato completo, una de las mesas más caras del club pueden llegar a costar más 100.000 euros.
Una cifra que impacta no solo por su volumen, sino por el contexto: no se trata de la compra de un bien material duradero, sino de una experiencia de una sola noche.

Un año bisagra
Esta temporada, la discusiones se direccionan a mantener con vida la pista y evitar que sea colonizada por los teléfonos y personas que ya no bailan, sino que graban un espectáculo.
El auge de las fiestas «No Phone Policy», estan cada vez más presentes, incluso Pacha Ibiza tiene programada una fiesta con Chris Stussy como headliner y esta misma política de fiesta.
Mientras grandes clubes de la isla apuestan por la conexión real con la música y la cultura clubbing, incitando a que los asistentes hagan uso de la fiesta como un verdadero espacio para bailar y liberarse; Pacha Ibiza parece querer ser el espacio para ambos públicos: Lujo y cultura clubbing.
Un modelo orientado al lujo internacional
El objetivo de este tipo de propuestas no es el público residente ni el clubber tradicional de la isla. La estrategia apunta claramente al turismo de ultra lujo, un perfil internacional que entiende Ibiza como destino premium y que busca exclusividad y servicio VIP por encima de todo.
En una temporada donde la competencia es feroz, lo que hace cada club diferente es clave para entender cual es público objetivo. Más allá del debate sobre precios, lo cierto es que la cifras de visitantes reflejan una realidad: Ibiza sigue siendo uno de los epicentros mundiales del ocio.
La pregunta ya no es si habrá demanda, sino cuánto tardarán en agotarse.













