El este de Ibiza queda muchas veces fuera de los recorridos más habituales por la isla. No tiene el circuito de atardeceres de la costa oeste, la monumentalidad de los acantilados del norte ni el Parque Natural de Ses Salines al sur, pero concentra en pocos kilómetros playas de perfiles completamente distintos, pequeños enclaves marineros y algunos de los rincones más reconocibles del interior de Santa Eulària des Riu.
La propuesta permite dedicar un día completo a cinco paradas situadas a menos de media hora unas de otras. El itinerario comienza por la mañana en Cala Llenya, continúa por Cala Nova y Pou des Lleó, reserva la tarde para Aigües Blanques y termina en Sant Carles de Peralta, frente a la iglesia, en el histórico Bar Anita.
En total, el recorrido suma aproximadamente entre 25 y 30 kilómetros, con menos de 45 minutos de conducción efectiva. El resto del tiempo se reparte entre baños, un paseo hasta una torre defensiva, comida marinera y una última parada en uno de los bares históricos del interior.
9.00 horas: Cala Llenya, primera parada entre arena y pinar
La jornada comienza en Cala Llenya, en el municipio de Santa Eulària des Riu, una playa de 190 metros de arena fina y clara orientada hacia el sureste.
Desde Sant Carles de Peralta se llega tomando la carretera situada detrás de la iglesia, recorriendo unos dos kilómetros hasta el desvío y otros 400 metros hasta el aparcamiento. El parking es de tierra, gratuito y dispone de zonas bajo los pinos.

La principal diferencia de Cala Llenya respecto de otras playas de la isla está precisamente en ese entorno. El pinar llega prácticamente hasta la primera línea y proporciona sombra natural, mientras que el fondo marino es arenoso y desciende de forma progresiva.
Estas condiciones hacen que sea una playa especialmente utilizada por familias. Los extremos rocosos ofrecen además zonas de snorkel con posidonia y fauna asociada a las rocas, lo que permite alternar el baño tranquilo con una actividad diferente sin desplazarse.
Cala Llenya cuenta con Bandera Azul en 2026. También tiene chiringuito, aunque su adjudicación municipal correspondiente al Lote 51 de 2025 establece que el establecimiento no puede transformarse en beach club, una condición que mantiene el perfil tradicional del arenal.
Los domingos se celebra además un mercadillo de segunda mano en el restaurante de la playa durante todo el año. Para este itinerario, lo recomendable es reservar entre una hora y media y dos horas y abandonar Cala Llenya alrededor de las 11.00.
11.30 horas: Cala Nova y Tagomago en el horizonte
Cinco minutos de carretera separan Cala Llenya de Cala Nova, la segunda parada de la mañana. La playa está dividida en dos sectores separados por una formación rocosa central y conectados mediante una pasarela. El sector norte es el más tranquilo, mientras que el sur recibe más movimiento cuando sopla viento de levante.
Con llevant moderado, Cala Nova es uno de los puntos de Ibiza donde aparecen condiciones regulares para bodyboard y paddle surf. El carácter de la playa cambia considerablemente según el viento: puede pasar de tener el agua tranquila a presentar oleaje en poco tiempo.

Pero el elemento que define la panorámica está mar adentro. El islote de Tagomago aparece en el horizonte, con su faro activo, proporcionando una de las imágenes características de la costa noreste.
El aparcamiento es gratuito y se encuentra junto a la carretera paralela a la playa, aunque durante agosto suele llenarse a partir de las 10.00.
La parada propuesta es breve, de unos 45 minutos, suficiente para un baño o algo de snorkel antes de continuar hacia el norte.
13.00 horas: Pou des Lleó, casetas de pescadores y arroces
La tercera parada cambia por completo el paisaje. Pou des Lleó no es una playa convencional, sino un pequeño enclave marinero organizado alrededor de Es Canal d’en Martí. La orilla es de grava y piedra y dos hileras de casetas de pescadores ocupan el borde del mar, con llaüts amarrados junto al pequeño muelle.
Desde Cala Nova se tarda aproximadamente diez minutos en coche por una carretera secundaria. Al llegar hay una explanada de tierra gratuita para estacionar, con algunas zonas de sombra.

El lugar conserva además dos referencias de cocina marinera: Restaurante Pou des Lleó y Restaurante Salvadó, ambos especializados en arroces y cocina tradicional ibicenca. Durante julio y agosto conviene reservar antes de desplazarse.
La comida no tiene por qué ser la única actividad. A unos 15 minutos caminando por el sendero costero se encuentra la Torre d’en Valls, una construcción defensiva del siglo XVIII declarada BIC.
Desde la torre se obtiene una vista directa hacia Tagomago y el horizonte noreste. En jornadas excepcionalmente claras de invierno puede distinguirse incluso Mallorca hacia el norte.
Entre la comida y la caminata hasta la torre, Pou des Lleó admite perfectamente una parada de dos horas y media o tres, convirtiéndose en el centro del itinerario.
16.00 horas: Aigües Blanques y una playa que parece de otra isla
Después de comer, el recorrido continúa diez minutos hacia el norte hasta Aigües Blanques, una de las playas más singulares del noreste. Su elemento más reconocible es la arena. Los tonos oscuros, entre gris y marrón, contrastan con el azul del Mediterráneo y generan una imagen diferente a la de los grandes arenales claros del sur y el oeste.
El acceso se realiza desde un aparcamiento situado en la parte superior del acantilado, desde donde hay que bajar por escaleras y sendero hasta la orilla. Aigües Blanques es desde hace décadas uno de los puntos de referencia del nudismo en el norte de Ibiza, aunque conviven sin problema bañistas con y sin bañador. No existe una separación rígida entre ambas opciones.

El acantilado determina también la mejor hora de visita. El sol desaparece detrás de la pared antes que en otras playas de Ibiza, por lo que conviene llegar antes de las 16.00 si se quiere aprovechar la luz directa. En agosto funcionan dos chiringuitos con sombra y el aforo oficial del arenal es de 1.157 personas.
Las condiciones del mar dependen especialmente del viento. Con llevant o gregal, el oleaje puede remover el agua y cambiar por completo la experiencia, mientras que en jornadas de calma la transparencia del mar constituye uno de sus principales atractivos.
La parada puede durar entre una hora y una hora y media, combinando baño y paseo por la zona del acantilado.
18.00 horas: regreso a Sant Carles y parada en Bar Anita
Cinco minutos en coche desde Aigües Blanques devuelven el recorrido a Sant Carles de Peralta, donde termina la jornada.
Frente a la iglesia se encuentra Bar Anita, también conocido como Ca n’Anneta, abierto desde comienzos del siglo XX y convertido con el paso de las décadas en uno de los establecimientos históricos del interior de Ibiza. El bar acumula miles de reseñas en Google Maps y su historia está estrechamente vinculada a la transformación cultural de Sant Carles durante el siglo XX.

Durante décadas fue uno de los puntos de reunión de la comunidad hippy de la zona y estuvo relacionado con los primeros años de Las Dalias. Por sus mesas pasaron personajes conocidos en distintos momentos, entre ellos Ursula Andress, Juan March, Errol Flynn o miembros de la familia Rockefeller.
Una de sus especialidades más asociadas al lugar son las Hierbas de Anita, elaboradas mediante la maceración de plantas ibicencas en anís.
La terraza frente a la plaza permite cerrar el itinerario sin horarios rígidos. Después de cuatro paradas frente al mar, el final del recorrido se traslada al interior de Sant Carles, con un vermut, unas hierbas o simplemente una pausa antes de regresar.
Cinco paradas y menos de una hora al volante
El itinerario está pensado para minimizar desplazamientos. Cala Llenya puede ocupar de 9.00 a 11.00; Cala Nova, unos 45 minutos desde las 11.30; Pou des Lleó concentra la comida y el paseo entre las 13.00 y las 16.00; Aigües Blanques reserva el último baño de la tarde y Bar Anita cierra la jornada desde las 18.00.
La conducción total no supera aproximadamente los 45 minutos durante toda la jornada, ya que los puntos están concentrados en una pequeña franja del municipio de Santa Eulària.
Eso permite dedicar el tiempo al paisaje en lugar de a los desplazamientos. La costa este se presta precisamente a esta clase de recorrido pausado, en el que una playa conduce a otra y los desvíos son mínimos.
Una costa sin necesidad de grandes reclamos
El este de Ibiza no necesita competir con los grandes iconos del resto de la isla. Su atractivo está en la sucesión de lugares pequeños y distintos entre sí.
Cala Llenya ofrece arena, pinar y un perfil familiar. Cala Nova añade Tagomago y condiciones de oleaje distintas. Pou des Lleó conserva el paisaje de los varaderos y la cocina marinera. Aigües Blanques introduce el acantilado y la arena oscura. Sant Carles devuelve el recorrido a la Ibiza del interior.
En menos de 30 kilómetros aparecen así una Bandera Azul, una playa abierta al levante, casetas de pescadores, una torre defensiva, una playa nudista y uno de los bares históricos más conocidos de Ibiza.
No es el recorrido habitual de quien llega buscando únicamente los atardeceres del oeste o las grandes playas del sur. Precisamente por eso, dedicar un día completo al este permite encontrar una Ibiza que muchas rutas dejan fuera.










