YASMINA DELGADO / EDUCADORA SOCIAL

Educación emocional: “Cuando hablamos de duelo con un niño hay que decir la palabra – muerto -”

En la tercera y última parte de esta entrevista, la educadora social aborda uno de los temas más difíciles para muchas familias: cómo acompañar a niños y adolescentes en el duelo. Tras hablar en las entregas anteriores sobre su trabajo, la familia, los límites, las pantallas o la obesidad infantil, ahora reflexiona sobre la pérdida, las emociones y el papel de los adultos al comunicar una muerte.

La muerte no solo ocurre en quien se va. También sucede, de otra forma, en quienes se quedan. Se instala en los silencios de la casa, en la silla que nadie ocupa, en los gestos cotidianos que de pronto pierden su destino.

Al principio es un vacío que pesa, una ausencia que se nota en cada rincón. Pero con el tiempo, ese dolor empieza a transformarse: la persona que ya no está deja de vivir en el presente para empezar a habitar la memoria. Y allí, entre recuerdos, canciones, fotografías y pequeñas historias que vuelven a contarse, los que quedan aprenden poco a poco a convivir con la ausencia sin dejar de sentir el amor que la hizo tan difícil.
Dicen, que uno realmente muere, cuando muere la última persona que te recordaba… la que te mencionaba.
La muerte es un tema que muchos adultos prefieren evitar cuando hay niños delante. Sin embargo, según explica la educadora social Yasmina Delgado, el silencio o las medias verdades pueden acabar complicando aún más el proceso emocional de los más pequeños.

-¿Cuáles son los errores más frecuentes que cometen los adultos al abordar el duelo con un niño o un adolescente?

-Bueno, los errores más comunes son cuando no tienen en cuenta al niño ya que directamente hay veces que no se les da la noticia. O que pasa el tiempo y se lo dicen tarde. O también casos que yo he vivido de «papá está de viaje”, cuando en realidad papá ya ha fallecido. Es miedo lo que tenemos de afrontar esta situación y no somos capaces… Yo no juzgo, entiendo que pueda llegar, pero no hay duda que nuestros hijos necesitan saber la noticia aunque duela. Tenemos que entender que el duelo es dolor. Hay muchos que intentan ponerlo muy bonito para que no sufran y no. Yo siempre digo, si ha fallecido un ser querido y tu hijo sigue igual, tenemos que mirarlo, porque eso no es lo normal, tiene que salir el sentimiento fuera.

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-Y cuando se lo dices a un niño, ¿Cuáles son las reacciones normales?
-Depende de la edad, imagino.-Sí, también depende de la edad pero muchas veces se quedan como bloqueados. Suelen tardar un poquito en reaccionar. A lo mejor los primeros días sigue igual, que quiere ir al cole, que sigue jugando, pero ahí tenemos que ir empujándolo para que vaya escuchándose, porque se han bloqueado, están en shock. Hay muchos niños que empiezan su duelo pasado dos o tres años del fallecimiento de un ser querido.

-¿Y brindarles mucho contacto físico?
-Depende de cada niño. Sí tenemos que estar presentes, ofrecerte y que ellos te vayan guiando. Igual que cuando dan la noticia, no tiene que ser muy extensa. Tú tienes que decirle la noticia con la frase correcta, que es: “tal persona ha muerto”, porque hay que decir la palabra muerto. Y de ahí ya te van haciendo preguntas y ellos llevan el ritmo. Tú no tienes que explicarle qué ha pasado, qué no ha pasado.

-¿Qué pasa con el cadáver cuando está siendo velando?, ¿Es recomendable que lo vean o que no?
-Yo soy partidaria de explicarles lo que va a pasar, los rituales que van a suceder. Es decir, mañana está la pompa fúnebre, que está el cuerpo y  luego vamos a la iglesia o lo entierran, etc… y directamente preguntarle: ¿tú quieres participar en algo de esto? Si ellos se sienten capaces de hacerlo, perfecto, yo te voy a acompañar. Para mí se complica un duelo cuando el niño se queda con ganas despedirse porque no le incluyeron, pero si dicen que quieren ir y les pareció muy fuerte está bien porque fue su decisión, y yo estuve allí acompañando.

-A mí de chico siempre me han inculcado ver el cuerpo y para mí es mucho mejor, porque el duelo es mucho más real, rápido, es más fácil.
-Sí. Es más claro y contundente. No te da oportunidad a fantasías o a esconderte… Pero cada niño necesita su manera de encararlo y hay que respetar lo que decida. Y otra cosa muy importante es saber que suele haber recaídas, porque el duelo es un mar de emociones. Es para arriba y para abajo. Hay que estar pendientes. Hay alarmas que tenemos que tener en cuenta, como por ejemplo si les cuesta dormir, si hay regresiones de pipí, que no quieran ir al colegio, que no tengan ganas de ir a la extraescolar, que normalmente le gustaba… Todo eso de forma puntual está bien y es normal dentro de un duelo, pero si se alarga en el tiempo tenemos que ir con cuidado y hay que consultar a ver qué pasa.

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-¿En cuánto tiempo aproximado recomiendas empezar a recordarle al niño la persona fallecida desde un lugar no de melancolía ni dolor, sino de recuerdo, que es la diferencia quizás para acabar de procesar el dolor.
-Depende mucho cómo afrontes el duelo desde el primer día. Hay niños que se ponen la coraza y no empieza el duelo pronto y hay niños que desde el primer día lloran, lo viven, entonces va todo más ágil. Cada uno lleva su ritmo. Por mucho que se esfuerce, no sirve de nada. Al final, tienes que ir tocando la puerta, irle enseñando fotos, recuerdos como “te acuerdas esta canción que tanto le gustaba a…”.  Pero de nuevo, a su ritmo. Esta también es una gran pregunta que me suelen hacer: ¿Cuánto tiempo dura un duelo? Todo lo que tú quieras. Lo que decíamos, si no lo trabajas, vas a estar ahí con la herida. Los niños una vez que les das esas herramientas son super valientes, porque yo trabajo con niños con progenitores fallecidos y hemos hecho aquí álbumes. Hay veces que yo le digo: «Vamos a hacer una meditación y nos imaginamos que está aquí tu madre sentada, ¿Qué le diríamos?, y se abren muchísimo emocionalmente. Los niños se adaptan y confían muchísimo en ti. El niño no tiene prejuicios.

-¿Qué le recomendarías a unos padres que no están muy metidos en el tema de inteligencia emocional y que tienen problemas con el niño?, ¿Cuál sería el primer paso?.
-Pedir ayuda profesional, por supuesto. Porque muchas veces nos guiamos por Instagram, por redes sociales, por esa información que yo soy la primera que doy, pero al final es una información que se da de forma genérica, no es para ti, sabiendo tu situación real. Entonces, el que una profesional valore tu situación y te pueda guiar es algo super necesario.

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-Hablando de contratación, ¿a ti te puede contratar una familia?
-Sí, y un colegio, un ayuntamiento… Quien quiera.

-¿Y haces talleres?
-Sí, hago talleres, hago charlas en institutos, en colegios, hago formación para profesorado… He dado charlas para ayuntamientos sobre duelo y de educación emocional. También he hecho cuentacuentos, porque los cuentos es como una herramienta que se utiliza mucho en casa, también uso los dibujos que son super útiles, de ahí sale mucho. Y los talleres están enfocados a enseñar a gestionar las emociones y a que empiecen a reconocer las alarmas que va dando el cuerpo. Yo tengo las reglas básicas, pero luego me adapto a las necesidades que tenga cada colegio o cada grupo.

-Mi última pregunta, luego de esta extensa entrevista en 3 partes es… ¿Cómo estás tú? [risas, piensa].Te lo pregunto porque generalmente las personas que están muy en ayudar al otro, al final nadie le pregunta cómo están ellas.
-¡Muchas gracias! Pues puedo decir que bien. Estoy como en una nube, porque hace un año y algo que abrí este despacho, antes lo compartía y ahora es solo para mi consultorio. Por suerte tengo muchísimo trabajo, así que intentando disfrutar mucho a pesar de tener lista de espera, aprendiendo el saber que habrá gente con problemas que no puedes llegar a ayudar… Estoy trabajando en ello, en poner límites porque yo soy muy de dar, pero también busco, o cada vez más busco mi tiempo para bajar pulsaciones, para escucharme y para respirar. Y sí, tengo fuera de aquí quienes me preguntan cómo estoy y quién me abrace.

Yasmina en la puerta de su consultorio en San Antonio.

La foto de portada es de la fotógrafa Cristina Dao.

 

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